Día de la Madre: Unidas por el amor a la actuación y la enseñanza del teatro
Irene Jorgensen y la menor de sus hijos, Rocío, eligieron el Profesorado de Juegos Dramáticos para emprender un desarrollo personal y compartir sus horas de aprendizaje. Conectadas por su elección, encontraron en la carrera otros aspectos que las vinculan y las unen
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Por Enrique Mendiberri
Entre las distintas formas de conexión de una madre con sus hijos se encuentran historias llamativas, donde la unión está formada por un gusto en común hacia distintos elementos u objetivos a largo plazo, como el que desde principios de año llevan adelante Irene Jorgensen y su hija Rocío como compañeras en el cursado del Profesorado de Juegos Dramáticos que se dicta en el CRESTA.
La carrera que implica la formación docente para dar clases de Teatro en escuelas de distinto nivel, comenzó a dictarse por primera vez en 2025 y, desde que estuvo en la pizarra de la oferta educativa terciaria de Tres Arroyos, las convocó con entusiasmo. “Fuimos a ver la oferta educativa buscando algo que nos convenza y, cuando vimos la de teatro, dijimos ‘es esta’. Teníamos una necesidad de compartir algo”, recuerda Irene acerca del día en que junto a Rocío decidieron cristalizar esa idea que surgió después de haber superado distintas barreras que surgieron cuando la menor de sus hijos (también lo tiene a Luciano -26-) terminó el secundario, “esto del teatro vino por ella (Rocío). Un día me dijo ‘quiero estudiar algo acá’ y yo le propuse que estudiemos esto juntas”, agregó la mamá danesa de 52 años que, en la actualidad, se desempeña como auxiliar en la Escuela Media.
Mientras que Irene no tuvo contacto con el teatro a pesar de que le encanta, Rocío tuvo sus primeras clases cuando cursaba el secundario en la Escuela Media.
Hoy, con 24 años, Rocío reconoce que nunca había vuelto a reencontrarse con actividades artísticas, a pesar de haber intentado hacer “algo que me guste cuando terminé el secundario”.
Así, probó con psicología en Mar del Plata, pero no la terminó ("enseguida me di cuenta que no me gustaba") y hoy lo vuelve a intentar junto a su madre en el Profesorado de Juegos Dramáticos.
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Contra la timidez
Haber tenido la posibilidad de inscribirse en esta carrera también es usado por madre e hija para combatir un aspecto de su personalidad que también las conecta: la timidez. Un estado emocional que cada una combate a su manera
Mientras Irene reconoce que, “no podría ser actriz. Me da timidez o miedo”, Rocío no sólo coincide en su vivencia, sino que además asegura serlo “mucho más que su madre”, “yo soy muchísimo más tímida, pero siento que esta carrera me va a ayudar a dejar de serlo. Me encantaría ser extrovertida. Ojalá que con el paso del tiempo eso se me vaya”, anhela con honestidad.
A su lado, Irene le transmite esperanza al referirse a su propia experiencia, “seguramente algo de eso lo vaya cambiando, porque esa cuestión de estar arriba del escenario delante de todo el mundo, es fuerte”, dice antes de hacer alusión a lo que ella llama “tabúes a vencer” en su personalidad a la hora de relacionarse con otra persona. Algo que estaría logrando con éxito.
“Siento que estudiando teatro te saca de tus prejuicios y cosas. Te subís al escenario y te cambia todo. Y eso que nosotros no tenemos tanta experiencia con respecto a alguno de nuestros compañeros. Igualmente no pienso ser actriz (risas)”, remarcó al final de la frase ante la eventual condescendencia que muestra con la actuación.
No obstante, es Irene la que reconoce los cambios más significativos en su forma de ser desde que estudia el Profesorado, “subía a un escenario y me cambiaban los colores del rostro. Por suerte, esto me ayudó mucho para empezar a hablar ante mucha gente que no conozco, a alzar la voz. Con esto de poder hablar y que todo el mundo te escuche hasta lo último, ya siento el cambio. Vivir escenas sin miedo al ridículo”, explicó.
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Vínculos
Eligieron la carrera para hacer algo juntas. Para disfrutar del vínculo que las une, sin embargo, paradójicamente, esa fue una de las razones que no les permitió trabajar de esa manera en la carrera, “el profesor primero nos marcó lo de la comodidad y nos separó. Según nos dijo, el vínculo nos dificulta hacerlo juntas. Se dice ‘te dejo para que brilles por otro lado’”.
Y un poco de razón le encuentran a la afirmación, “en el proceso de armar las escenas discutimos un montón. Porque es probar y probar”, reconoce Rocío, antes que Irene refuerce el concepto: “lo que pasa es que pensamos distinto y esto termina influyendo en ese tipo de trabajos”.
De todas maneras, ambas aseguran que se sintieron más unidas desde que comparten la carrera, “si, un montón. Sobre todo porque ahora sabemos que, al menos esos tres días que cursamos, vamos a estar juntas”.
Después de reconocer que la historia que motivó esta nota también le llamó la atención a otra compañera, Irene pide un espacio para referirse a una anécdota en ese sentido, “pasaban lista en el aula y, cuando nos mencionaban, decían ‘Irene es la mamá de Rocío’, y ‘Rocío, es la hija de Irene’. Todos los días así, porque a una chica también le llamó la atención que éramos madre e hija compartiendo esto”.
Ahora, al objetivo de terminar, lo acompaña el sueño de realizar algo juntas con lo logrado, “me encantaría hacer algo. Pero por ahora es un deseo”, dice Rocío, antes de dar lugar al sueño de Irene, “a mí me gustaría ser docente en escuelas, pero me gustaría mucho en talleres. De hecho ya nos ofrecen trabajo y me dan ganas. Pero pienso que, por lo menos, este año lo tendría que completar antes de hacer algo de esa manera”.
La tentación de aceptar la oferta laboral de algo elegido por gusto, es difícil de dejar pasar para Rocío, “prefiero enseñar. Me llama la atención la parte de psicología, pero lo que más atrae es la posibilidad de enseñar antes que actuar”, enfatizó.
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Cuando la entrevista va llegando a su fin, Irene escucha atenta cuando Rocío asevera que, “mi meta es recibirnos juntas” y acompaña, “para mí eso sería la frutilla del postre. Pero también quiero aprovechar lo que aprendo” y ya pensando en la jornada de hoy, adelanta con humor, “yo mañana (por hoy) no hago nada”, antes que Rocío cierre con humor: “Si, cocino yo”.

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