De Shopping con el padre Mingo
Muchos vecinos concurren para adquirir artículos de bazar, muebles, libros, ropa o equipamiento para el hogar. El 1° de febrero, Domingo Torquatti cumplirá 40 años en nuestra ciudad, sobre lo cual recuerda que “empecé juntando papeles y botellas”. Considera fundamental “atender bien a la gente, ser honesto” y agradece el legado emprendedor de su papá
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En el salón ubicado junto al templo de avenida Libertad y Colón se escucha música alegre, con ritmo. Es jueves por la mañana y el Shopping Luján, con una duración prevista de siete horas, abrió sus puertas hace 30 minutos; una extensa fila se formó en el sector de la caja y de empaque, donde se encuentra el padre Domingo Torquatti, y dos colaboradores. Es también numerosa la cantidad de vecinos que observan y eligen artículos de bazar, muebles, ropa, libros, entre una amplia diversidad de productos. Algunos han sido separados y saldrán a la venta, tal como indican los carteles, en el Shopping Nocturno que tendrá lugar el jueves 22 de 20 a 24 horas.
El movimiento que genera no sorprende a quienes concurren habitualmente, pero tiene una magnitud importante. Se puede incorporar así, por ejemplo, una prenda en buen estado, un juego de sillas, una lámpara o equipamiento para el hogar como una heladera, a valores accesibles. Detrás de esta propuesta, hay una historia que se inició hace cuarenta años.
“Cuidá los centavos...”
El padre Torquatti llama a una colaboradora que lo reemplaza en la caja y hace una pausa para conversar con La Voz del Pueblo. “El Shopping lo realizamos hace 15 años más o menos. Yo empecé hace 40 años juntando papeles y botellas”, indica.
El 1° de febrero se van a cumplir cuatro décadas de su llegada a Tres Arroyos. “A los pocos meses me compré una camioneta -recuerda-. Tengo locales alquilados con mi familia en Bahía Blanca, disponía de dinero. Comencé a juntar de todo un poco, nunca desprecié nada. Siempre me dediqué”.
En este contexto, relata que “la gente me empezó a donar algunos elementos, poco a poco los junté y un día dije voy a hacer un remate. Lo llamé a Don Eduardo, el padre de Eduardo Miqueleiz”.
Había juntado “cualquier cantidad de cosas”. Dice que “me dedicaba a la cirujeada propiamente, un anexo en mi tarea que tomó una dimensión significativa”.
La experiencia le permitió comprobar que “cuando se hacían los remates de los artículos, al final solían quedar sin vender un grupo de cosas pequeñas. Se hacían lotes, ya había poca gente y lo vendían a la barrida, a muy poco valor. Yo pensaba ¡qué desperdicio!”. Entonces buscó la manera de “ir ofreciendo algunos cachivachitos a precio, me fui animando a hacer la venta de los artículos yo, sabiendo más o menos acerca de los valores”.
El Shopping siempre se llevó a cabo en avenida Libertad y Colón, primero en instalaciones más reducidas y cuando fue avanzando la obra del templo, lo primero que se terminó fue el salón. Todo lo que se ofrece son donaciones: “una persona se muda o fallece, por lo general las familias ya poseen artículos de bazar, adornos, encuentran que es práctico donar. Yo lo recibo, lleva mucho tiempo y dedicación porque son cosas pequeñas. Lo grande es más simple, cuesta el traslado, pero después le ponés un precio y listo”.
Una frase le quedó grabada en la memoria. “Una vez una chica de Chascomús me llamó para donar y me dijo ‘acá no organizan estas actividades. Ustedes con esto lo que hacen es darle valor a las cosas’”.
Reitera el padre que “valoro todo lo que la gente da” y menciona el caso puntual de “las banditas elásticas. Cuando las veo, voy juntando. Nadie les da importancia, pero en el momento en que las precisas, hacen falta y son útiles. Es una actitud casi espiritual de tomar en cuenta desde lo pequeño. Como dicen, ‘cuidá los centavos, que los pesos vienen solos’”.
Le otorga relevancia a “ser creativo” y subraya que “hay que trabajar a partir de lo humano, no poner el dinero como eje. Si perdes de vista lo humano te vas cayendo vos, la gente también. Todo lo que se haga debe ser un acto honesto y agradecido”.
Muestra alegría porque “la gente hace ya varios años cuando voy a buscar las cosas me dice gracias. No es el dinero por el dinero”.
En este sentido, sostiene que “en la política, la economía, la religión, en todo orden, están siempre los mandamás. Pero quien es el verdadero mandamás, el Señor, se hizo uno de nosotros al servicio nuestro. Entonces cuando vas a emprender algo, primero fijate de atender bien a la gente, ser honesto y eso produce brillo, pule lo humano, saca lo mejor de vos. Lo otro es la mezquindad, el mango por el mango”.
Reflexiona que “a veces no sabemos cómo vivir, parece que jodiendo a los demás, desconfiando del otro. En cambio, en el servicio honesto de entrega todo se potencia y se transforma. Es la revelación cristiana”.
Es un emprendedor, actitud que relaciona con el perfil de su padre Antonio. “El tenía una rotisería en Bahía Blanca con mi tío, era muy activo, sacrificado. Saqué mucho del temple de papá”, subraya.
Domingo Torquatti, el padre Mingo, sonríe cuando afirma: “Hice de todo, en los ratos libres cura. Gran cantidad de bailes, desfiles. Iba a Buenos Aires a vender las botellas de sidra Real, a Ciudadela; me compré un camión que no tenía ni frenos, lo llevaba cargado por todos lados. Nunca antes había manejado un camión. Así fui y vine, apoyado en ese ánimo de que el Señor lleva adelante todo”.
Los huesos y el espíritu
Los artículos tienen precios que “están al alcance de todas las personas. Si llevan algo conveniente, estarán esperando cuando es la próxima actividad para volver. Por el contrario, si lo único que importa es sacar el mayor provecho posible, no sirve”. Insiste, al respecto, que es clave que todo nazca desde “una tarea de servicio”.
Considera que en muchas ocasiones “el criterio predominante del mundo te encierra, te estandariza. Cuando sos creativo y con generosidad, hay una recepción muy positiva”.
El jueves 22 se va a realizar el Shopping Nocturno, de 20 a 24 horas. “Por lo general, antes los remates se hacían los fines de semana. Yo decía, a mi dame cuando tengas, lunes, martes, no te hagas problema. La gente va a venir. Muchos descubrieron que conviene hacerlo en la semana, porque los fines de semana hay gente que se va al campo y en el verano a la playa”, analiza.
Es una labor que encabeza y cuando puede, se encarga personalmente de hacer. “Recibo los llamados y voy a buscar las donaciones, he ido en estos cuarenta años. Por ahí delego en algún chico por razones que estoy ocupado o no puedo ir en ese momento. Luego hay un muchacho más que colabora y en el salón ayudan tres señoras”, comenta al describir el equipo de trabajo.
Está convencido de que no es necesario disponer de una gran cantidad de personas. “Cuando hacía los bailes, yo tenía dos señoras de 70 años, eran mis patovicas. Dentro del salón no se fumaba y si alguno estaba bailando y tomando una cervecita, ellas controlaban bien todo”, menciona.
Establece un paralelo con los hogares, porque “en casa mandan papá y mamá, sirven a sus hijos. Si ellos aprenden serán señores el día de mañana porque la autoridad no es para ser prepotente, sino para mejor servir a los demás”.
Habla de la línea de trabajo que buscó mantener en el grupo desde los inicios, con “entrega, servicio generoso, sin chismerios. Porque eso corroe todo y no permite crecer, tarde o temprano cae. Humildemente son 40 años y la obra está ahí”.
El padre piensa finalizar en poco tiempo con el Shopping. “Me dará pena porque se vive cada encuentro con camaradería, pero es una etapa”, expresa. El 22 de mayo va a cumplir 80 años, el Día de Santa Rita, “patrona de lo imposible”, exclama y vuelve a sonreír.
Conserva el entusiasmo y el impulso intactos: “Los huesos tienen más tiempo, pero el espíritu si lo cuidas y lo pones en las manos de Dios, no se estropea”.
Se siente bien con el camino recorrido, los pasos que dio están alineados con su identidad. Concluye, por esta razón, que “todo lo que hice me gustó y lo volvería a hacer”.
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“Siempre encontramos un pero”
La Inteligencia Artificial formó parte de las reflexiones del padre Domingo Torquatti. “Se habla mucho de la IA, pero está la inteligencia natural que se encuentra lastimada por la mezquindad humana y la inteligencia espiritual, que te hace ser creativo, servicial”, manifiesta.
Además hace referencia a una de las visitas del papa Juan Pablo II a la Argentina, oportunidad en la cual “dijo levantate y camina ¿qué nos pasa? Siempre encontramos un pero ¡Qué lástima! El Señor nos reina acá, estamos de paso en el tiempo y espacio, la podemos pasar mejor si apuntamos a lo eterno que es lo más valioso de todo”.
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La universidad y la fe
Domingo Torquatti nació en Bahía Blanca, es contador público y estaba ampliando su formación universitaria, cuando su vida tuvo un cambio por la fe en Dios y eligió desarrollar la labor religiosa.
“Empecé a estudiar contador público en Bahía Blanca y luego continué en La Plata, hasta terminar. Además cursaba abogacía y con el título de contador, comencé a hacer un profesorado en Ciencias Económicas. Si me recibía de abogado, quería también prepararme como profesor en Ciencias Jurídicas y Sociales”, explica.
Sin embargo, se produjo una modificación profunda. “Conocí a Francisco de Asís, dije ‘¡qué me importan los papeles a mí, qué se arreglen los comerciantes y las cosas del mundo! El Señor me inspiró para comenzar la obra, ‘andá Torquatti, vamos juntando papeles y botellas’. Fue el inicio de lo que hago hace cuarenta años”, afirma.
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