Cuando la costa se desvanece
La defensa costera que se construye en Pehuén-Có se refleja en el espejo de un sector de playa de Dunamar, en Claromecó. Son las evidencias –a la vista- del avance del mar hacia el continente, del cambio climático, y de la necesidad de debatir localmente posibles métodos de recuperación de arena, con intervención del hombre
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Por Fernando Catalano
Por estos días en la costa de Pehuén-Có conviven las mareas que achican notablemente la playa con el ruido de palas cargadoras y camiones de gran porte.
Allí el municipio de Coronel Rosales –junto al gobierno bonaerense- pusieron en marcha una enorme obra de defensa costera y de un millonario presupuesto para intentar contener lo que ya no es una hipótesis de cambio climático, sino una realidad cotidiana que se evidencia con el avance innegable del mar sobre el continente. Estos trabajos, a pesar de su costo, son una prueba. No está garantizado su éxito.
En los últimos diez años las aguas en esta zona avanzaron mucho más de lo estimado por los especialistas.
El aspecto de la costa en Pehuén-Có -que supo tener médanos frontales, una calle estrecha para el tránsito y la playa- padeció los efectos de la erosión a partir de la combinación del desarrollo urbano, el desgaste del cordón medanoso frontal, los vientos costeros y el avance del mar.
Actualmente el frente costero en esa localidad sólo dispone de un espacio angosto entre las viviendas particulares y la línea de marea.
Frente a este escenario de emergencia, la respuesta municipal y de la Provincia fue integrar la obra al Plan Integral de Gestión Costera impulsado por el Ministerio de Infraestructura y Servicios Públicos bonaerense, mediante la Subsecretaría de Recursos Hídricos.
Desde octubre de 2025 comenzaron a colocar la defensa costera que consta de una barrera de rocas y tecnología textil a lo largo de más de 1.500 metros de playa, de los cuales ya se ejecutaron casi 900 metros. Durante la temporada de verano pasada hubo una pausa, para no afectar el movimiento turístico, pero luego se retomó.
La obra cuyo presupuesto en principio es de 4.000 millones de pesos, requiere de una compleja logística que involucra camiones de doble tracción adaptados para la arena.
Estos vehículos trasladan toneladas de piedras de dimensiones considerables transportadas desde Sierra de la Ventana, a 168 kilómetros de distancia, y desde Tandil, a unos 337 kilómetros.
El método de construcción consiste en excavar un metro y medio bajo el nivel de la playa para asentar un terraplén de rocas sobre una malla geotextil, que es una estructura que actúa como un forro para la arena, impidiendo que el agua lave el suelo y hunda la defensa.
Se supone que la porción de malla que eventualmente queda expuesta al sol y al aire posee la propiedad de autodegradarse sin contaminar el medio ambiente.
Sobre esa misma base, las máquinas apilan las rocas en forma de una pendiente ascendente que actúa como un escudo que tiende a debilitar la energía del mar y en consecuencia podría frenar el proceso de erosión.
Igualmente el margen de maniobra es limitado porque cuando la marea sube, el agua llega hasta el borde de las piedras y obliga a paralizar los trabajos.
Dunamar
Esta carrera contra el avance del mar comienza a reflejarse en un sector de las playas de Dunamar, en Claromecó. Una parte del área céntrica comenzó a sufrir las mismas consecuencias del avance del mar.
Por donde supo verse durante años el cuerpo de baños públicos, el médano frontal que lo soportaba quedó reducido a una barranca abrupta y cortada, de unos cuatro o cinco metros de altura.
Detrás de ese frágil paredón de arena solo quedan la calle y las viviendas, expuestas de forma directa al impacto de los temporales.
La preocupación sobre ésta importante porción de playa se potencia pensando en la próxima temporada de verano.
Tras las ciclogénesis del mes de mayo y las sudestadas recientes, la playa perdió espesor y la recuperación natural de la arena se volvió más lenta, a partir de los recurrentes sucesos meteorológicos y su impacto en las mareas.
En dirección al faro, hay playas con mucha piedra a la vista todavía, un paisaje que se extiende sobre los primeros saltos de pesca.
Mientras Pehuén-Có apuesta a una muy costosa e incierta barrera de piedra para proteger sus construcciones -y la playa que se puede disfrutar cuando baja la marea- en Claromecó sería necesario debatir planes de contingencia alternativos para la recuperación de arena, con herramientas.
Al sedimento necesario se lo podría extraer desde las zonas de acumulación, como en el margen izquierdo de la desembocadura del arroyo Claromecó (campos de Bellocq), desde el médano que rodea al faro o incluso hasta de la misma cantera municipal.
La recuperación cíclica de la arena perdió fuerza ante los fenómenos meteorológicos y el avance del mar. Podría ser éste un buen momento para plantear alternativas de recuperación y no sólo esperar a que el ambiente vuelva a arreglarse solo.
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