“Como tipo el Flaco también fue un campeón del mundo”
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A una semana del fallecimiento de César Luis Menotti, el tresarroyense Martín “Huevo” Alarcón repasa la gran relación que tuvo con el técnico cuando lo dirigió en Independiente en la temporada 1996/97. “Me siento un privilegiado por haberlo conocido, por más que no me haya puesto ni un minuto”
Por Juan Berretta
– Mirá Huevo, yo necesito que hagas ciertas cosas en la cancha que me doy cuenta no estás en condiciones de hacerlas porque te falta energía. ¿Vos con quién vivís?
– Solo, César.
– ¿Quién te hace de comer?
– Nadie, me arreglo yo.
– Yo le voy a pagar a una señora para que te vaya a cocinar a todos los días. Ahora andá a hablar con el doctor, que te haga una dieta y se la das a la señora cuando arranque.
Si hasta ese momento Martín “Huevo” Alarcón estaba embelesado con tener al Flaco Menotti de técnico, lo que vino después ya fue admiración y devoción. “Mirá cómo se fijó y cómo se ocupó de mí, que era suplente. Yo no lo podía creer”, recuerda hoy, a nada del fallecimiento del técnico campeón mundial, con la mirada húmeda.
Aquel diálogo, que asegura “fue así palabra por palabra”, es lo primero que quiere contar de su convivencia con Menotti en el plantel profesional de Independiente en la temporada 1996/97 porque “pinta lo que era el Flaco como persona. Como tipo también fue un campeón del mundo”.
Cayetano y Rogelio
Después de criarse en Tres Arroyos y haber jugado en El Nacional, Alarcón fue fichado por Banfield para completar las inferiores. Más adelante lo empezaron a convocar para entrenar con el plantel profesional y pudo firmar su primer contrato. Nunca se afirmó en el primer equipo, pero era la alternativa de cambio elegida entre los defensores cuando el partido lo pedía.
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Alarcón llegó a Independiente recomendado por colaboradores de Menotti que lo habían tenido en Banfield
Entre los cuerpos técnicos que lo dirigieron estuvo uno conformado por dos hombres de máxima confianza del Flaco Menotti: Cayetano Rodríguez y Rogelio Poncini. Ellos dirigieron a Banfield hasta los primeros meses de 1996, cuando les mostraron la salida por los malos resultados.
El Huevo siguió sus pasos porque el técnico que asumió le dijo que no lo iba a tener cuenta. Enterado Poncini que lo habían dado de baja, lo llamó y le consiguió una prueba en Platense, que era dirigido por Jorge Higuaín, el padre del Pipita. El tresarroyense después de remarla logró que le dieran la chance de jugar, pero antes tenía que firmar el contrato. Mientras estaba esperando el llamado del presidente de Platense para poner el gancho, otra vez lo llama Poncini.
“Agarramos en Independiente con el Flaco, y él te quiere en el plantel. No vayas más a Platense, mañana vení a Avellaneda”, cuenta Alarcón reproduciendo el llamado del ayudante de campo de Menotti. Entonces, la angustia porque el presidente de Platense no lo contactaba se transformó en euforia.
Previo encuentro con Higuaín para disculparse, el Huevo firmo contrato con el Rojo y se fue a la cancha para su primer entrenamiento.
Nuestro “pollo”
Ya cambiado y a la espera de la orden para salir a entrenar, al Huevo le hace señas Poncini. “Voy y me dice que me iban a presentar al Flaco. Entonces me llevan hasta el vestuario del cuerpo técnico, cuando entré y lo vi a Menotti fue un momento tremendo, se me cayeron las medias, son esas cosas que no te las olvidás más”, dice.
“Acá está el ‘pollo’ del que te hablamos con Cayetano”, se acuerda que le dijo Poncini al Flaco. “El me miró y me empezó a hablar, de entrada me trató como a un chico, como a un hijo, yo lo sentí así”, explica el Huevo.
“Vamos a hacer lo imposible para que te sientas cómodo, para que aprendas, para que te puedas desarrollar. Este es un club hermoso para jugar al fútbol”, le comentó Menotti apoyando la mano en su hombro. “De entrada tuvo un trato más paternal, más de maestro con todos mis técnicos anteriores”, aclara el tresarroyense.
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El Flaco Menotti junto al Huevo en plena práctica de Independiente
Y esa química tan especial, después se trasladaba a la cancha durante las prácticas. “Siempre me hablaba, me corregía para que saliera jugando del fondo bien, de no tener la pelota en los pies mucho tiempo, de acostumbrarme a jugar con la cabeza levantada. Cuando hacíamos fútbol la Reserva contra la Primera el tipo siempre estaba ordenándome y hablándome”, recuerda con precisión quirúrgica el defensor.
Entonces el relato vuelve al asunto de la dieta y la cocina. “Más allá de lo futbolístico, él siempre te daba consejos para la vida. Cuando me dijo lo de la comida, me explicó: ‘tenés que vivir ordenado para poder desordenarte. Es decir, si seguís una línea y un día comes mal, no pasa nada, al otro día te volvés a ordenar. Pero si todos los días estás desordenado es imposible. Eso hay que aplicarlo a todos los órdenes de la vida’”.
“Vos no viajás”
Más allá de la buena onda del Flaco y todo el cuerpo técnico, el semestre del Huevo fue malo. “El cambio a un club grande fue muy importante y no me adapté. Fue muy difícil. Más que había muchos jugadores y sabía que era medio imposible que jugara. El titular de mi puesto era Pablo Rotchen, en ese momento el 2 de la selección que dirigía Daniel Passarella”.
Pero la enorme distancia que separaba a Martín de saltar a la cancha, no alteraba la relación que tenía con el técnico, que nunca dejó de preocuparse por el lado humano. Y siempre le fue de frente.
“Arrancamos la pretemporada, teníamos que viajar dos semanas a Mar del Plata, y viene el Flaco y me dice: ‘No te voy a llevar. Quiero que te quedes entrenando acá y te pongas bien’. Yo me quería morir”.
La calentura y la angustia le duraron un par de días. “Me di cuenta que tenía razón, a mí me convenía entrenar solo y prepararme con todo. Y eso hice”.
El destino le pagó el esfuerzo: Independiente volvió de Mar del Plata y el primer entrenamiento de fútbol no pudo estar Rotchen porque se había ido con la selección. “Entonces Menotti me puso para los titulares y anduve muy bien en la práctica, y fui ganando confianza. En la segunda parte del año fui otro y me llevó siempre al banco, era la primera opción de cambio en la defensa”.
Sampdoria
Al Huevo también le quedaron grabadas las charlas técnicas que Menotti daba antes de cada partido. “No creo que haya nada parecido, te hacía sentir como un ‘Maradona’ o un ‘Messi’, y te daban ganas de comerte la cancha. El Flaco era 100% motivación”.
La relación técnico – jugador terminó en forma abrupta. A Menotti le llegó una oferta para irse a dirigir a la Sampdoria de Italia y se tomó el avión. Fue durante el receso que se hizo porque se jugaba la Copa América, y coincidió con la finalización de su contrato, que decidió no renovar. El Flaco dejó a Independiente segundo, a un punto de River y Newell’s a falta de cuatro partidos.
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Menotti junto al Huevo y una amiga cuando vino a Bahía Blanca a jugar contra Olimpo dirigiendo a Rosario Central en 2002
El equipo lo agarró Ricardo Gareca, que ganó un solo partido y no hubo vuelta olímpica. Tampoco hubo futuro en Avellaneda para el Huevo. “Me dijo que no iba a tener lugar. A mí se me vencía también el contrato el 30 de junio y quedé libre”, cuenta.
Cuando terminó su relación con Independiente lo llamó a Menotti a Italia y el Flaco no quiso dejarlo en banda: “Me recomendó a Los Andes y estuve entrenando ahí un tiempo, pero entendí que ya no había mucho que hacer en el fútbol”.
La excursión del técnico por Italia duró poco y antes de fin de año estaba de vuelta en Argentina. “Entonces fui a saludarlo a la casa y tuvimos una charla muy linda. Lo único que quería era agradecerle lo bien que siempre se había portado conmigo, yo hacía seis años que estaba solo en Buenos Aires, sin mis padres, y que había sentido que me había tratado como un familiar”, recuerda el Huevo.
Bahía Blanca
A cinco años de aquella charla de despedida, el Flaco viajó a Bahía Blanca a enfrentar a Olimpo como técnico de su querido Rosario Central. Martín no dudó en desandar los 200 kilómetros para volver a verlo. “La verdad dudaba si se iba a acordar de mí. Cuando llegué al hotel estaba atendiendo a la prensa y al verme se río y me hizo señas que pasara a la parte del comedor. Yo estaba con una amiga -que hoy es mi pareja- y nos sentamos con él, Poncini y el resto del cuerpo técnico. Nos quedamos hablando un par de horas. Nos invitó a quedarnos a dormir y a ir a la cancha al otro día. Pero no quisimos molestarlos, y nos volvimos”, cuenta el Huevo otra vez con la mirada húmeda.
“‘¿Entonces para qué viniste?’ Me preguntó el Flaco. ‘Para agradecerles todo lo que habían hecho por mí’, le volví a decir. ‘Si no hicimos nada, ni siguiera te hicimos debutar en Primera’, me contestó. Y es verdad, futbolísticamente no me fue bien con él, pero yo tengo los mejores de los recuerdos como entrenador y como persona. Tenerlo de técnico fue lo mejor que me pasó en el fútbol”.
El fallecimiento de Menotti el domingo pasado conmovió al mundo futbolero y para el Huevo fue un pequeño terremoto emocional. “Lo primero que pensé es que soy de los pocos que tuve la suerte que me dirigiera un técnico campeón del mundo y de su calidad humana. Yo me siento un privilegiado por haberlo conocido, por más que no me haya puesto ni un minuto”.
