Break Financiero: El valor de aprender a aprender y el arte de emprender "a los bifes"
En la última edición del Break Financiero fue entrevistado Renato Piermarini, un joven emprendedor multifacético y autodidacta. Cómo salir adelante por voluntad propia, con coraje y sacrificio
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En el ecosistema emprendedor actual, los manuales académicos suelen quedar obsoletos antes de salir de la imprenta. El verdadero capital de los negocios modernos no se mide solo en el saldo bancario inicial, sino en la velocidad de adaptación y en una condición que no se compra en ninguna universidad: la mentalidad autodidacta.
Renato Piermarini, un joven de 27 años con fuertes lazos en nuestra región, encarna a la perfección este nuevo prototipo de empresario digital. Pasó de lavar copas en el exterior y regresar a la pieza de su adolescencia en Tandil durante la pandemia, a desarrollar sistemas de inteligencia artificial aplicados al comercio de vehículos y liderar su propia estructura empresarial.
Para Break Financiero, su historia no es solo el reflejo de un éxito individual; es una hoja de ruta práctica sobre cómo la gestión del conocimiento propio y la audacia pueden convertirse en los activos más rentables de la nueva economía.
A diferencia de lo que dictan los gurúes de las redes sociales, que exigen abandonar todo por una idea desde el primer día, Renato defiende el valor del proceso y la seguridad económica como plataforma de lanzamiento. "Todos te dicen que vayas 'all in' en tus proyectos, pero yo hice todo lo contrario", dispara con honestidad. "Laburé para otra gente siempre, desde mozo hasta cadetería, hasta lo que se te ocurra. Mi plan B se hizo realidad trabajando para otros, recién renuncié en diciembre del año pasado. Fue un salto seguro".
Esa resistencia a los caminos tradicionales fue una constante en su vida, incluso frente a los mandatos familiares y académicos. "Siempre fui el pibe que fue en contra de las normas de la facultad. Siempre me dijeron que no iba a poder, que por qué no estudiaba cada vez que tenía una idea. Y se puede", afirma. Su escuela fue la necesidad y la computadora: tras perderlo todo en Mallorca por el cierre de fronteras en 2020, se volcó de lleno a la programación.
"Compré un curso recontra barato de dos mangos en una plataforma, hice un curso básico de programación y después me puse a hacer webs, a aprender cagándola (sic). A los cuatro meses tuve una entrevista en una empresa de Vietnam. La prueba técnica me la hizo mi primo, que es programador, porque yo no sabía nada. Entré y aprendí el laburo ahí, a los bifes".
Nuevo mercado
Cuando su pasión por los autos lo llevó a cruzarse de sector, Renato aplicó la misma lógica disruptiva: buscar el canal menos saturado y jugar con las cartas de la honestidad en un rubro históricamente bajo sospecha. Mientras todos buscaban clientes en Instagram pagando fortunas en publicidad, él apostó por Twitter.
"Elegí Twitter porque Instagram estaba saturado. Me puse a hablar de autos ahí y explotó. Lo bueno de Twitter es que no hay lugar para los garcas; cualquiera se hace una cuenta anónima y te dice 'este me cagó'. Si sos transparente y hacés las cosas bien, es un gran lugar para crecer", explica Piermarini. Su modelo de negocio inicial se basó en comercializar el stock de un concesionario amigo de Viedma, pero aportando un valor diferencial: la radiografía exacta del vehículo. "Estamos acostumbrados a una industria donde te ocultan mucho, te bajan los kilómetros o te maquillan los autos. Yo me gasto 150.000 pesos por auto para que mi mecánico lo revise de punta a punta. Viene un interesado y le voy de frente: le digo si está repintado, si hay que cambiarle los frenos y cuánto vale. Si sos razonable con el estado y con el precio, la venta está prácticamente asegurada. La gente compra confianza".
Finanzas en "All-In"
La filosofía financiera de Renato no se rige por la lógica del consumo inmediato ni el confort. Para él, en la etapa de crecimiento, el capital no se toca: se reinvierte en su totalidad para acelerar el motor del negocio. "Hace un año y medio le dije a mi socio: 'Largo todo, toda mi guita y tu guita va al negocio'. Hoy tengo cero plata a mi nombre, está todo invertido ahí", confiesa.
Para Piermarini, el verdadero rendimiento está en la rotación de los activos propios antes que en los instrumentos tradicionales de la city. "En una operación de tres semanas yo saco un 5% de rentabilidad mínima, y a veces un 30% en un mes con un auto. No tiene sentido tener la guita en otro lado".
Detrás de este movimiento vertiginoso hay una fuerte convicción de esfuerzo y postergación que choca con las corrientes modernas del bienestar inmediato. "Mi mentalidad es: sacrifico mis 20 y vivo mis 30. Yo hoy sacrifico absolutamente todo, tengo un par de zapatillas y dos pares de medias, pero no me quejo porque estoy convencido del futuro. Hay una corriente nueva de que 'nos merecemos esto' o 'hay que descansar los fines de semana'. Yo digo: rompite el lomo, no hay otra receta. Pero vivilo bien, porque estar amargado es al pedo".
Los 12 agentes de IA
El último gran salto de Piermarini combina sus dos mundos: los fierros y las líneas de código. Ante el desgaste de una rutina que le exigía manejar seis horas diarias por Buenos Aires y comer mal, decidió delegar la carga administrativa y operativa en la tecnología, desarrollando un sistema de automatización inédito para el sector.
"Para mí, la Inteligencia Artificial son todos beneficios. Nos da superpoderes y nos hace más productivos. En mi negocio implementé 12 agentes de IA; cada uno tiene una tarea específica: uno stock, uno finanzas, otro pide informes de multas o carga un auto en la base de datos leyendo la tarjeta verde", detalla Renato sobre la cocina de su empresa. "Todo se maneja por un chat de WhatsApp. Armamos una organización virtual donde hay un agente que es el CEO de la compañía y tiene 11 agentes abajo a los que les asigna las tareas repetitivas. Eso nos libera el tiempo para enfocarnos en lo verdaderamente importante".
La experiencia de Renato Piermarini deja una conclusión contundente para los jóvenes de Tres Arroyos y la región: el futuro no se espera, se ejecuta. Sin necesidad de grandes estructuras iniciales ni validaciones académicas, la combinación de una conducta autodidacta, transparencia y el uso estratégico de la tecnología demuestra que las reglas del juego financiero cambiaron definitivamente.

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