Aymonino se despidió jugando
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El referente y capitán de Club de Pelota dejó el básquet a los 41 años, y el viernes por la noche tuvo su partido de despedida
La historia y carrera basquetbolística de Pablo Aymonino se tiñó de celeste hace muchos años, cuando decidió pasar de Argentino a Club de Pelota, y producto de su juego, pero principalmente de su personalidad, amabilidad y siempre correcto actual, quedó marcado como un histórico del club de calle Sarmiento. El viernes por la noche, como su trayectoria lo ameritaba, fue su partido despedida, rodeado de familiares, amigos, compañeros, ex compañeros y simpatizante, y la emoción se apoderó del gimnasio Juan Carlos Pardo.
Organizado para disfrutar y dejar una huella imborrable en su memoria, la dirigencia de Club de Pelota le regaló una noche única a su jugador de mil batallas y que tuvo la última oficial en las semifinales del playoffs ante Huracán donde se fue aplaudido por el público y reconocido por compañeros y rivales.
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Como buen protagonista de la noche, ingresó por última vez al Juan Carlos Pardo en un pasillo lleno de aplausos. También recibió un cuadro con fotos y recuerdos, y estuvo el partido de despedida en sí, el que reunió a jugadores actuales, ex compañeros, entrenadores, jugadoras del plantel femenino (fueron campeonas el jueves con Aymonino de DT) y su hija, teniendo el gusto de compartir ese momento único. Y si faltaba algo, terminado el juego llegó el momento del pase de la capitanía que Aymonino se la cedió a Ivo Farizano.
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Días atrás en sus redes sociales había expresado: “Agradecer a todos los entrenadores que he tenido, de todos me llevo algo y a todos le he intentado dar el 100 por ciento. Agradecer a mis eternos compañeros de mil batallas, a mi equipo por este año lleno de emociones, a todas mis jugadoras por el apoyo incondicional, a los que trabajaron y trabajan para que el club siga funcionando, a todos mis rivales que siempre respete y que me hicieron mejorar cada día, a mi familia por bancarme miles de horas de ausencia, Lore, Clari y Pili que ayer lloraba desconsoladamente quizá sin poder entender mi tranquilidad y mi paz y por último a mis viejos donde sea que se encuentren, personalmente elijo creer que están en mí, ellos nunca lo sabrán… pero son una causa más que importante para que haya podido seguir adelante en tantos momentos complicados”.

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