Alejandro Vassolo: “Si no hubiera tenido el casco puesto, hoy no estaría acá”
A 17 años del accidente que cambió su realidad
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El vecino tresarroyense ofreció una lección de vida a 17 años del accidente que cambió su realidad. El ciclista que sobrevivió para contar su propia historia, analizó el riesgo de circular sin protección en un transporte que parece inofensivo, pero sin responsabilidad está lejos de serlo
El 28 de febrero de 2009 no fue un día más en el calendario de Alejandro Vassolo. Era una jornada dedicada al deporte, a esa pasión que compartía con un equipo de amigos con los que practicaba triatlón. Luego de trotar por el circuito de la Fiesta del Trigo durante un entrenamiento, llegó el momento de la transferencia: subirse a la bicicleta. Irónicamente, el vehículo con el que más familiarizado estaba sería el escenario de un giro dramático.
“Me choqué un acoplado que estaba estacionado y sufrí una lesión medular alta, en la zona de las vértebras torácicas”, recuerda Alejandro en diálogo con LA VOZ DEL PUEBLO. Aquel impacto derivó en una odisea médica: el traslado urgente al Hospital Italiano de Buenos Aires y luego una internación de 71 días en el Fleni Escobar. En total, pasaron 140 días antes de que pudiera volver al suelo tresarroyense, donde las cosas no volverìan a ser como antes.
Sin embargo, en medio del dolor y la incertidumbre, el tresarroyense reconoce que hubo un factor que determinó que hoy pueda contar su historia: las medidas de seguridad. “Iba con todas las medidas. Gracias a Dios, por las medidas de seguridad que hay que tomar —y siempre lo digo— es que estoy vivo”, enfatiza. Aquel día llevaba puesto un casco que le había prestado un amigo. El golpe fue tan violento que perdió gran parte de la visión de un ojo, pero el cráneo resistió. “Si no hubiera tenido el casco, no hubiera estado acá”, sentencia con una claridad que estremece.
Un sobreviviente con memoria
La historia de Vassolo con la seguridad vial parece escrita por el destino para ser contada como advertencia. No fue solo la bicicleta; antes, otros elementos de protección ya habían intercedido por él. Así, recordó un choque frontal en su camioneta donde el cinturón de seguridad le quemó la piel mientras le salvaba la vida, a pesar de fracturarle el maxilar inferior contra la tuerca del volante. También un accidente en moto en 1994, en un camino de tierra, del que salió ileso gracias a un casco de calidad.
Esa acumulación de experiencias lo llevó a observar con preocupación la realidad actual de Tres Arroyos, donde durante el último año cinco de las nueve víctimas fatales en accidentes eran ciclistas.
Ahora, para él, la negligencia no es una opción. “Las medidas de seguridad son fundamentales. Y no hay que ponerse las cosas porque te lo exigen, tenés que hacerlo porque las tenés que usar. No ponerte el cinturón porque sino suena la alarma del auto. Ponértelo porque te hace bien. Y, si tenés que andar en moto, usá casco y uno bueno. Igual si andás en bicicleta. Son medidas elementales para vivir”, reflexiona.
Del golpe al deporte
La vuelta a la actividad no fue sencilla. Alejandro confiesa que su verdadera recuperación comenzó, paradójicamente, con otra caída. "Un día se me dio vuelta la silla en casa y me corté la cabeza. Me tuvieron que llevar en ambulancia para suturarme el cuero cabelludo", relata. Fue allí donde apareció una figura clave: el doctor Nicolás Merich.
“Me curó la cabeza y me dijo: ‘Bueno Alejandro, ¿cuándo vamos a empezar a hacer deporte?’. Nos hicimos amigos, venía a casa a charlar y un día me dijo: ‘Yo te voy a llevar’”. En aquel entonces, Alejandro tenía una silla con una rueda pequeña adelante que servía para andar por el pasto. El desafío comenzó en un tramo de la avenida Almafuerte: el médico corriendo a la par y Vassolo impulsando su silla.
Ese espíritu inquieto lo llevó a IRTA para nadar. "Merich, que había estudiado en Cuba, me hacía terapias holísticas. Me veía nadar con los 'flota-flota' y me decía: 'meté la cabeza abajo y contá hasta 5, ahora hasta 10'. Me motivaba para nadar solo".
El ingenio local también hizo lo suyo. Junto a Marcelo Rolón desarrollaron su primera handbike (bicicleta de mano), copiando un modelo de la vecina localidad de Gonzales Chaves. “Me hicieron una de caño y la usaba a 10 kilómetros por hora, a velocidad de trote. Después, con el tiempo, la pude cambiar”, explicó sobre el vehículo que hoy le permite seguir sintiendo el viento en la cara.
El valor de la convivencia
Hoy, casado hace 36 años con Verónica Vidal y padre orgulloso de dos hijas que describe como "muy autónomas", Alejandro entiende que nadie se salva solo. "Los seres humanos estamos preparados para vivir en convivencia. Yo necesito más ayuda que otra persona, pero ninguna puede estar sola".
Su conclusión sobre la preocupante estadística de accidentes en el distrito es profunda. No se queda solo en el reproche, sino que invita a mirar la vida de frente. "Si bien hoy estamos ante un saldo trágico a raíz del uso de la bicicleta, fijate el buen estado físico que te da hacer deporte. Lo que me pasó no es lindo, es mejor que no ocurra, pero hay que buscarle la vuelta a lo que sea".
Para Vassolo, la clave está en ser "un vehículo de cosas buenas", que su experiencia le sirva a alguien más. No es casual que su libro se titule "Seguir andando", una idea que surgió precisamente cuando sus piernas dejaron de caminar, pero su mente y su espíritu decidieron acelerar.
Su relato va llegando a su fin con una mención a su "gotita mística": la oración. "La practico desde antes de los accidentes y te ayuda a que todo salga bien". En un Tres Arroyos que hoy es testigo de un saldo trágico protagonizado por sus ciclistas, la voz de Alejandro Vassolo se levanta no como un reclamo, sino como un consejo vital de quien conoce el valor de cada segundo: "Cuidate. Cuidá todo. Cuidá a tu familia, porque si no la tenés, se te va todo".

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