A pura adrenalina resistió el miedo a la tempestad
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Stella Maris Maldonado fue sorprendida por el fuerte viento del sábado a la noche mientras estaba sola en su casa. Las fuertes ráfagas que arreciaron a lo largo y ancho de la ciudad partieron y se llevaron varias chapas de fibrocemento de su techo.
Inmediatamente el agua de la lluvia comenzó a filtrarse en cantidad por el cielorraso de madera desde donde comenzó a dispersarse sobre el interior de la vivienda, mientras el vendaval sacó a la persiana de la cocina -desde las mismas guías de la ventana- y la empujaba hacia adentro, deformándola.
“Me voló las chapas de fibrocemento y me embolsaba la persiana como un globo”, recordó Stella Maris mientras le relató a La Voz del Pueblo, acompañada de su hijo, los momentos de tensión y miedo que debió atravesar.
En ese mismo momento resolvió contener con sus brazos la persiana, empujando la mesa hacia la ventana.
Contó la mujer, que hace un mes perdió a su esposo, que recibió ayuda de vecinos quienes le prestaron silo bolsa y una lona para tapar la zona afectada del techo. También recibió ayuda del municipio que le llevó chapas, tirantes y mercadería. “Encima me rebalsó el pozo”, describió.
Ahora Stella Maris esperaba que la aseguradora de la casa pase a peritar el siniestro para acceder a los recursos que la ayuden a reparar el techo, que además de las piezas de fibrocemento voladas quedó con otras tantas afectadas.
“Quedaron todas levantadas, tengo que cambiar todo el techo completo, el arreglo voy a tratar de ver si me lo cubre el seguro, vienen la semana que viene”, comentó.
También mencionó que –días después del fenómeno climático- aun no puede explicarse cómo el viento sacó de las vías de la ventana a la persiana, y especialmente de la fuerza que tuvo que hacer para que la cortina no se volara y provocara más daño en el interior de la casa.
Esa descarga de adrenalina le permitió sobreponerse ante el ataque de la naturaleza, y evitar así mayores pérdidas en su propiedad.

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