Del miedo a la sirena a jefe de bomberos
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Es el caso de Marcelo Costa, hoy a cargo del cuerpo activo después de cuarenta y un años de que pisó el cuartel por primera vez. En su persona, el resumen de la vocación que llega por elección y amor al prójimo
Sin duda la actividad del bombero voluntario tiene un gran marco de solidaridad con la población y hay vecinos que prácticamente dedican su vida al servicio de la comunidad dentro de la entidad.
En Gonzales Chaves es el caso de Marcelo Costa, quien actualmente es el bombero de mayor antigüedad en el cuerpo activo y su historia merece ser conocida por todos, contada personalmente y con el orgullo lógico de quien eligió ser uno de quienes sienten esa sana vocación, que lo llevó a ser el jefe actual del cuerpo.
“El 10 febrero de 1979 vine con quince años a anotarme en el cuerpo activo, ya que tenía algunos amigos que habían ingresado como cadetes, y fue así que el 1° de marzo tuve el ingreso formal y en esa época era muy distinto a esta, con poca edad ya salíamos a los incendios de pastizales, y hasta en una oportunidad que hacía tres meses que había ingresado el jefe Juan Gabino Atairo me llevó a un accidente, si bien tomaba todos los recaudos para cuidarme”, aclara Marcelo.
Y hay una expresión que describe al bombero, a su persona, al vecino, al abnegado servidor. “Uno comenzó y fue todo muy lindo y todavía no ha terminado, llevó cuarenta y un años aquí en el cuerpo activo”.
Siempre hay un motivo, o varios, por los cuales se da el primer paso en algo, y sobre su ingreso a los bomberos Marcelo lo recuerda de una manera muy particular. “Te digo que cuando era chico le tenía terror a la sirena, después con el paso de los años se me pasó y un poco comenzó todo porque con los amigos del barrio nos íbamos a bañar a la pileta de un vecino y siempre que tocaba la sirena me daban ganas de concurrir a ver el incendio. Luego vino que ingresaron mis amigos como cadetes y así fue que comencé después en el cuerpo activo, cuando por ese entonces éramos 18 bomberos”, señala.
Pero la vida del bombero tiene varias aristas, no solo es esperar que suene la sirena para concurrir donde es requerido. Marcelo dice que “estar en el cuartel me gusta mucho, hacer arreglos de los vehículos, ir a apagar incendios, todo, es lo que uno lleva adentro y no es por morbo, sino por la satisfacción de cuando se culmina bien una actividad y ve la gratitud el pueblo”.
Vivencias
En su larga trayectoria hay más de un hecho para contar o recordar, y admite que “son muchos, pero lo que más me marcó como accidente fue cuando se cayó una avioneta en un campo en cercanías a la ciudad, fue muy bravo, si bien llega un momento que uno actúa con naturalidad, un incendio común se lo olvida, los accidentes te dejan marcado, con el tiempo pagás los platos rotos de esta actividad, como les pasa a los enfermeros o médicos, como la policía también, especialmente cuando te encontrás con víctimas fatales, hemos tenido accidentes muy grandes en la ruta”.
En cuanto a incendios de grandes proporciones, recuerda que “tuvimos uno cuando tenía 18 años, que se había incendiado la estancia El Espinillo, de muchas horas y contábamos con una sola autobomba. Y también en casas de familia, que ahí te afecta en lo emocional, y porque en esa época no se tenían todos los elementos que contamos hoy, además en la actualidad se cuida mucho al bombero, se cuenta con equipo de autónomo, guantes, dos tipos de cascos, ropa adecuada para distintos incendios, como también el calzado, hay muchos cursos sobre el particular, que incluso se siguen haciendo, ahora vía web. Otra experiencia muy importante ha sido concurrir a incendios en Sierra de la Ventana, al vivero de Claromecó…”, y así puede seguir la lista.
También hay anécdotas, momentos buenos que merecen ser recordados, y otros que se guardan en el baúl de las tristezas, todo propio de la vida del bombero, que a través de los años “hay casos en las que nos hemos reído por lo que nos ha pasado y otros que son trágicos, como hace algunos años un accidente en la ruta donde fallecieron varias personas, yo estaba de guardia”, y retrocediendo en el tiempo Marcelo rememora el accidente del avión “en el momento que tuvimos que juntar las partes de los cuerpos con Eduardo Fernández, Hugo Herrera, Juan Gabino Atairo, fue muy tremendo y difícil de olvidar”.
También trae a sus recuerdos “un incendio en Sierra de la Ventana, que en momentos de estar combatiendo el fuego se comenzaron a despegar las suelas del calzado por la alta temperatura, por lo tanto me tuve que poner zapatillas, pero el jefe no me dejaba entrar en el incendio, hasta que llegaron los militares y me facilitaron calzado para poder seguir, y como esta hay un sinfín de anécdotas”.
Marcelo observa que en esos casos un factor que “complica mucho es el viento, fundamentalmente cuando se ataca el fuego desde un sector y el viento cambia de dirección”.
No deja de despedirse sin un agradecimiento “a todo el cuerpo de bomberos, porque uno solo no hace nada, lo hace el grupo que tiene gran vocación y si no fuera por ellos el cuerpo activo no funcionaría. Hoy estamos en un plan de cuidarnos por el Covid-19 y se trabaja de una manera donde el cincuenta por ciento descansa y el otro está a pleno, y luego se rota por quince días”.

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