Varado en una isla de Tanzania
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Por Fernando Catalano
Hace poco más de un mes que el tresarroyense Agustín Carzoglio (31) se encuentra varado en la isla de Zanzibar, perteneciente a Tanzania, un país de Africa Oriental conocido por sus generosas zonas habitadas por una profusa fauna salvaje.
Aprovechando su juventud y una licencia concedida en su trabajo como ingeniero civil en una empresa local, decidió realizar un viaje que lo llevó durante meses a recorrer países europeos, otros del sudeste asiático y también del continente africano.
Fue mientras disfrutaba de un zafari, que el mundo entró en pandemia por el coronavirus. El tresarroyense “sin señal” pasó cuatro días concretando un anhelo junto a otros jóvenes que conoció durante sus viajes, experimentando ver tan cerca como sea posible a los animales que -de no ser por ese hábitat majestuoso- sólo se observaría en documentales o películas.
Impresionantes postales que Agustín fue tomando con su celular durante su viaje
Tenía fecha de regreso el 28 de marzo, pero como él dijo, “en mitad del viaje de Tanzania las cosas cambiaron”. Cuando se declaró la pandemia mundial el 11 de marzo disfrutaba del zafari en el Parque Nacional Serengueti.
“No había señal, no había nada. Cuando vuelvo el 15 me encuentro con un montón de novedades de Argentina y el mundo. El 16 me avisan que mis vuelos se estaban cancelando. Me comunico con la embajada Argentina para ver qué hacer y me recomiendan comprar un pasaje de inmediato. Por internet veo que todas las líneas estaban con restricciones, consigo un pasaje vía Dubai para el 24 de marzo, pero cancelaron mi vuelo también, las compañías entregaron bauchers -no dinero- y quedé varado en una isla en Tanzania”, describió Agustín a La Voz del Pueblo.
“No había señal, no había nada. Cuando vuelvo el 15 me encuentro con un montón de novedades de Argentina y el mundo. El 16 me avisan que mis vuelos se estaban cancelando. Me comunico con la embajada Argentina para ver qué hacer y me recomiendan comprar un pasaje de inmediato. Por internet veo que todas las líneas estaban con restricciones, consigo un pasaje vía Dubai para el 24 de marzo, pero cancelaron mi vuelo también, las compañías entregaron bauchers -no dinero- y quedé varado en una isla en Tanzania”, describió Agustín a La Voz del Pueblo.
Regresar al país
Sereno y amable en todo momento, contó que para poder regresar al país deben ocurrir varias cosas. Instalado en un país sin embajada de bandera celeste y blanca, debe esperar que las fronteras Argentina y de Tanzania -ésta última que se cerró hace una semana- vuelvan a abrirse.
Pero además necesitará que una línea comercial de vuelos comience a operar, y sobre todo que “las escalas que tenga que hacer admita pasajeros en tránsito”.

En la isla de Zanzibar. En pleno viaje de aventuras y diversión, un tresarroyense entre españoles y rusos
En ese caso será el único argentino en subirse al avión que repatrie a los argentinos en Africa. El resto serán 25 que permanecen en Kenia, y unos 30 en Etiopía.
Mientras tanto Agustín es monitoreado por empleados argentinos de la embajada que nuestra nación tiene en Kenia, muy próximo a Tanzania. “No me pueden ayudar en nada, básicamente. ‘Es una ayuda psicológica lo que te estamos brindando porque no podemos ayudarte en nada’”, dijo Agustín parafraseando un mensaje recibido desde la representación diplomática argentina.
De todos modos se consuela considerando que “hay alguien de Argentina un poco más cerca y que si llega a pasar algo más grave van a estar ahí”.
Inquilino
Sabiendo rápidamente que lo esperaban largos días de espera, y sin hoteles abiertos, Agustín buscó por medio de una aplicación una casa para alquilar.
Fue así como halló una cuya propietaria es de origen alemán, y su encargado resultó ser el nexo que por estos días tienen con las necesidades que los excedan, tanto a él como a Berta, una amiga española con quien atraviesa esta inusual -e histórica- experiencia. “Tanzania tiene una infraestructura bastante deficiente, no hay terapia intensiva. Siendo medianamente joven uno tiene menos riesgo de contagiarse, solo salimos a hacer las compras”, contó el tresarroyense.

Agustín y Berta alquilaron una hermosa casa por un mes y medio, y con posibilidades de ampliar el contrato si deben continuar en Zanzibar
Junto a la joven ibérica decidieron no sostener el servicio de limpieza en la vivienda que tienen alquilada por un mes y medio, para evitar el ingreso de extraños.
En Tanzania además, las órdenes de las autoridades nacionales son de no parar las actividades. Sólo frenaron las clases y a los clubes.
Salvo en la zona donde tienen la casa alquilada, que es por donde compran a diario la materia prima para preparar sus alimentos, se sienten “intimidados”. “Te gritan ‘¡Corona!’. Piensan que por ser extranjero uno trae el virus”, contó el ingeniero civil.
Salvo en la zona donde tienen la casa alquilada, que es por donde compran a diario la materia prima para preparar sus alimentos, se sienten “intimidados”. “Te gritan ‘¡Corona!’. Piensan que por ser extranjero uno trae el virus”, contó el ingeniero civil.
Rutina de cuarentena
Agustín definió a la rutina en Zanzibar como “bastante monótona”. “Uno se levanta a las 9, se toma un tiempo largo para desayunar, un té o un mate. Traje un paquete de medio kilo -y un poco más de yerba- y a mitad de camino cuando vi que esto se iba a volver extenso empecé con una práctica de secar yerba aunque sea para tomar un mate por día, que es un fiel amigo de todo el viaje. Tengo un mezcla de yerba reciclada y yerba nueva que se seca al sol todos los días. Cada vez va teniendo menos gusto pero uno se da el gustito de preparar el mate, la rutina diaria al menos la cumple”, describió en un tono muy tranquilo, sabiendo que ese rito criollo lo mantiene cercano a los suyos.
El desayuno dura hora/hora y pico; luego lee noticias. “Acá no hay cuarentena, uno es libre pero no abusamos de eso. Lo que hacemos es ir a la playa. Está a unos 15 minutos de acá caminando, no hay gente con lo cual mantenemos el distanciamiento social, y en la playa no hay ni una sola persona. Hacemos una hora y media -o dos- de playa y emprendemos la vuelta para almorzar”, apuntó el joven ingeniero.
De regreso a la “hermosa” casa que comparte con Berta en un barrio habitado por “gente de afuera”, recorren pequeñas tiendas donde le compran a los propios productores, harina, leche, cebollas y papas, por ejemplo.
En general las verduras las compran por pieza porque no hay balanzas para pesarlas, y tampoco gran cantidad de especies para comprar.
Se alimentan en base a lo que pueden comprar entre los vendedores vecinos, y también a pescadores. “Si uno se arrima a los barquitos puede comprar un atún chiquito -pez bonito- calamares y pulpos”, contó.
Se alimentan en base a lo que pueden comprar entre los vendedores vecinos, y también a pescadores. “Si uno se arrima a los barquitos puede comprar un atún chiquito -pez bonito- calamares y pulpos”, contó.
Para Agustín y Berta es importante que los vendedores de los pequeños puestos los vayan conociendo para entrar en confianza, y de ese modo evitar que piensen sobre ellos de manera negativa, como transmisores de la enfermedad.
Eso ocurre cuando deben caminar unos dos kilómetros en busca de un cajero de donde extraen el dinero para las compras y el pago del alquiler de la casa. De hecho el recorrido para hacer las extracciones de efectivo -como deben hacerlo a menudo- se convierte en una experiencia “para nada agradable, piensan que uno es el rico de la ciudad”.
Eso ocurre cuando deben caminar unos dos kilómetros en busca de un cajero de donde extraen el dinero para las compras y el pago del alquiler de la casa. De hecho el recorrido para hacer las extracciones de efectivo -como deben hacerlo a menudo- se convierte en una experiencia “para nada agradable, piensan que uno es el rico de la ciudad”.
Con delay
Los últimos días comenzaron a preocupar un tanto los ánimos del tresarroyense y su amiga española. Es que con un efecto “delay” el virus finalmente está impactando en Africa, y en especial en Tanzania a razón de 50 ó 70 casos diarios, y en un contexto sin cuarentena en el que las autoridades sólo suspendieron las clases, actividades en los clubes, y únicamente recomiendan cómo comportarse en sitios con aglomeración de personas, como por ejemplo en las misas.
Agustín y Berta alquilaron una hermosa casa por un mes y medio, y con posibilidades de ampliar el contrato si deben continuar en Zanzibar
“Es imposible que paren”, dijo Agustín considerando las condiciones humildes en las que viven, y especialmente por cómo sobreviven desde el punto de vista económico.
“Un dato curioso es que han encontrado gente muerta en sus casas en la última semana, y se lo atribuyen al coronavirus. Es preocupante porque los habitantes ni avisan de una enfermedad, por lo que sospechamos que la cantidad de casos es mayor. Pero la gente no le da mucha importancia y pasan estas cosas”, contó con sorpresa.
Socialmente la población de la isla está compuesta -según dijo- en un 99 por ciento por musulmanes y el restante uno por ciento por la comunidad Masai, “una tribu local que tiene unas costumbres bastante raras”, acotó.
“Las mujeres andan tapadas, a uno lo miran raro y a mi compañera de España más raro todavía. O no la saludan si anda con un short, o algo así. Hay de todo. Son muy cerrados los musulmanes, aunque los hombres son más saludadores”, expresó.
“Las mujeres andan tapadas, a uno lo miran raro y a mi compañera de España más raro todavía. O no la saludan si anda con un short, o algo así. Hay de todo. Son muy cerrados los musulmanes, aunque los hombres son más saludadores”, expresó.
Pasando el día
Para pasar el tiempo, Agustín y Berta, una vez que vuelven de la playa y hacen las compras, cocinan y también miran series como por ejemplo Los Simuladores, que él le propuso ver.
“En la cocina básicamente hacemos milanesas. La carne te la traen, la tenés que cortar, también tenés que cocinar el pan para poder rayarlo. Hacemos varias comidas argentinas, como empanadas”, explicó.
“En la cocina básicamente hacemos milanesas. La carne te la traen, la tenés que cortar, también tenés que cocinar el pan para poder rayarlo. Hacemos varias comidas argentinas, como empanadas”, explicó.
La isla, al menos en la zona que habitan, no tiene oferta de productos alimenticios elaborados, tampoco delivery y los restaurantes están cerrados.
Así que además de desarrollar aptitudes gastronómicas, también hacen actividad física, como correr por la playa y rutinas de ejercicios que encuentran por internet.
Así que además de desarrollar aptitudes gastronómicas, también hacen actividad física, como correr por la playa y rutinas de ejercicios que encuentran por internet.
La experiencia que recoge a diario Agustín le hizo descubrir inesperadamente, en un gran destino turístico, una sorprendente oferta de hoteles all inclusive a orillas del mar.
Pero también la dura vida real de los habitantes de Zanzibar con los que aprende a convivir a diario, en una experiencia que seguramente lo acompañará por el resto de su vida.

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