Atrapado en libertad
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Lejos de las grandes urbes la falta de seguridad también tiene efectos muy duros. En Tres Arroyos, la trágica muerte de Hugo López, trajo a la memoria 17 años después el horror del caso Quintela.
Así como en 2008, este diario tituló una nota “Preso en mi ciudad”, para mostrar también por esos años cómo hubo vecinos que abarrotaban los frentes de sus casas para disminuir las chances de ser víctimas del delito – o de no volver a serlo- las actuales circunstancias lamentablemente dan para continuar en una línea similar, con una metáfora de la misma canción de Los Redondos, “atrapado en libertad”.
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Hostigados
Silvana y Carlos viven en un barrio atravesando la ruta nacional Nº3. Desde que ocupan su vivienda en ese sector de la ciudad, no dejaron de padecer el asedio de personas del vecindario que hasta llegaron a robarle recientemente.
Han tenido que utilizar un crédito que tomaron con la idea de comprar un auto, en cubrir el frente y el patio de la vivienda que ocupan, con un corralón. Y además el único aguinaldo que entra en la casa fue utilizado para colocar un portón de rejas. “Nos volvían locos”, dijo Silvana a La Voz del Pueblo.
En principio al no tener cerrados los espacios posteriores de la casa, debían soportar hasta que se les metieran en su patio a usarle nada menos que la pileta. No sólo esa invasión tenía que ser “soportada” –vale reiterar- para no empeorar las cosas, sino que a diario recibían todo de tipo de provocaciones.
De todas maneras, el derecho a ocupar su propio techo, les hizo aguantar el maltrato sin posibilidad de revertir la situación. Pero un reciente robo sufrido provocó que finalmente tomaran las medidas necesarias para intentar alejar los problemas en la medida que eso se los posibilite, además de haber distribuido en vacaciones a sus hijos lejos del barrio, para evitar mayores hostigamientos.
Sorpresa y sugestión
Mecha tiene 78 años de edad y también decidió proteger su casa, por falta de seguridad. “Estaba arreglando el placard, cerca de la noche a las 20 y cuando me quise acordar se me abrió la puerta ventana y se me metió una persona adentro”, contó a este diario. Está convencida que el delincuente entró porque le habrá parecido que en la casa no había nadie, pero asegura que cuando la vio “volvió a salir para afuera”.
Llamó a la policía pero igual tuvo que hacer la reja que por su estado y sobre todo su edad, le fue colocada rápidamente. Además de sugestionada, confió que hay cosas que ya cambiaron para siempre en su caso. Si bien tiene a su hija en la casa de al lado, decidió cerrar siempre con llave la puerta en su vivienda que se encuentra por avenida Libertad camino al Parque Cabañas.
Enrejada
En su caso Elsa ya tiene 82 años. Sin embargo a los malvivientes no les importa la edad de sus víctimas y mucho menos su estado de salud, ni emocional.
Tan sólo meses después de haber enviudado, la abuela que vive en el Barrio Quilmes, también decidió enrejarse. Cuando todavía no vivía sola, se habían logrado meter al garaje para robar algún elemento menor de ese ambiente. Pero ahora, sobre fechas de las fiestas de fin de año, el ingreso a su casa volvió a ser vulnerado.
Aprovechando que Elsa venía dejando abierta la puerta del garaje que da al patio, para hacer entrar a la gata y darle de comer, los delincuentes volvieron a ingresar. En ésta oportunidad dañaron su vehículo, y extrañamente no se llevaron valores del lugar.
“Disparé hacia adentro, llamé a la familia y ellos a la policía, no hice la denuncia porque soy una persona con más de 80 años y otra vez iba a tener que ir muchas veces, y no quise”, contó la abuela que entiende que los delincuentes habrían ingresado por los techos, hasta su patio.
Si bien su casa tiene alarma, este recurso no alcanzaba ahora para sentirse un poco más segura y decidió que para ello necesitaba más rejas de las que ya tiene.
Estas historias tienen su correlato en el mismo testimonio de un herrero. Es el caso de Claudio Ferrín, de Herrería Los Tres Hermanos, en calle Matheu 571.
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El término de un año y el comienzo de uno nuevo lo sorprendió con mucho trabajo, sobre todo potenciado por los pedidos urgentes para confeccionar y colocar rejas.
“En los últimos meses del año han implementado mucho la colocación de rejas. Pero todos los años pasa lo mismo porque hay quienes se van de vacaciones, y se quieren ir tranquilos”, dijo al comienzo de su conversación con este diario.
Afirma que “desde octubre se empezó a mover cada vez más y creo que estamos todos iguales los herreros”. Y agregó que este tipo de trabajos que llega de imprevisto -y sobre todo por urgencias- a veces termina retrasando otros de mantenimiento que debe hacer con sus clientes. Pero asegura que estos lo entienden.
Entre los pedidos que recibe de parte de víctimas de robo, pero también de otros que encargan un trabajo para evitar ser un número más de la estadística, están los encargos especiales.
Piden por ejemplo que al colocar las rejas se tenga en cuenta posibles robos con el uso de criques y hasta de cadenas tiradas por vehículos. Su trabajo lo llevó a toparse con este tipo de casos, y contó que ha debido cambiar por completo cerramientos de rejas, al quedar totalmente afectadas por la fuerza que se les aplica para quitarlas y poder entrar a robar.
En este contexto, Claudio debió incluso darle respuestas a personas que no se iban de vacaciones, si antes no tenían colocada la reja en su casa. Su trabajo y las consecuencias del delito incluso se cruzaron cuando hasta una mujer que trabaja en una fuerza de seguridad acudió a sus servicios para “enrejar la casa en cuatro días” después que le robaran “todo”.

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