Astronauta
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“Dentro de poco tiempo se va a licitar un sistema de vuelos espaciales mediante el cual desde una plataforma, que quizá se instale en Córdoba, esas naves van a salir de la atmósfera, se van a remontar a la estratósfera, y desde ahí elegirán el lugar donde quieran ir, de tal forma que en una hora y media podremos estar en Japón, Corea o en cualquier parte del mundo“
Discurso del Ex presidente Carlos Saúl Menem en el inicio del ciclo lectivo en una Escuela de Salta
-Yo tenía 12 años en ese momento, estaba en séptimo grado y cuando el presidente terminó de hablar, tenía mi camino marcado, ser astronauta. Mis compañeros me decían que era peligroso, que siga en el almacén de mi abuelo, pero yo no podía, desde ese día mi lugar estaba en el cielo y no en la tierra.
Diego es Salteño, tiene 35 años y es piloto de una nave espacial virtual que viaja por todo el país -arriba de un camión por supuesto-, la misma es una copia del Apolo 11, y curiosamente esta ploteada con la bandera norteamericana y la Argentina.
-Yo empecé a estudiar astronauta a los 13, conseguía todo tipo de libros y revistas que hablaran de los viajes espaciales y me los leía, todavía sigo leyendo y aun hoy tengo entrenamiento espacial, todos los días entreno, hasta me aprendí el lenguaje. ¿quiere dar una vueltita?
La pregunta de Marcos me dejó perplejo, estábamos en una casilla del tipo viajera, decorada con fotos del alunizaje, retratos de Neil Armstrong y Carlos Menem. Yo solo traía mi cámara conmigo y le dije que sí, pero tenía que dejarme tomarle fotos.
-Si compañero, como no, usted tome todas las fotos que quiera, yo ya estoy acostumbrado. Ahora entonces espéreme afuera de la nave, yo lo voy a hacer pasar primero para que pueda sacar fotos. Me cambio y voy.
Al salir de la casilla se veía la nave entre globos y nenes a caballito, no era un juego más, se nota que estaba mucho más cuidado, brillaba por donde se lo mirara. Podría decir que era la atracción del lugar. Esperé como me dijo afuera del Cohete y de a poco se acercaron chicos con algodones de azúcar, pochoclos y peluches. Tanto color me emociono, les digo que por un momento me sentí en la infancia y recordé un montón de cosas…hasta que escuché un grito que venía desde la multitud:
-“…Es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad…”
era una mezcla de discurso con grito sapucai, cuando me di vueltas y entre la multitud, que también parecía sorprendida, venia Diego dando pequeños saltos como emulando la falta de gravedad. Cuando se acercó, y debo decir que fue lo que más me impacto, tenía puesto su atuendo blanco de astronauta, cuando estuvo más cerca pude ver que en realidad era un traje de apicultor. Se detuvo de un salto frente a mí, mientras todos observaban la situación y me dijo:
-¿usted sabe que el día del amigo se festeja por la llegada del hombre a la luna?
-sí sabia
-todo viaje que se hace con alguien sirve para conocer al otro, hoy me va a conocer
-será un placer
-ahora tengo que llamar al resto de los pasajeros.
En ese momento comenzó a decir el discurso de Carlos Menem sobre los viajes espaciales y al finalizar lo remataba con la frase “…SIGANME, NO LOS VOY A DEFRAUDAR…”.
Ya dentro de la nave éramos 20 pasajeros, comenzó el juego y se podía ver en la pantalla un video en tres dimensiones de un viaje por el espacio, mientras el video era acompañado por los movimientos de la nave y un sonido envolvente. La experiencia duro 8 minutos exactamente. Los pasajeros al terminar el juego aplaudieron y fueron bajando mientras marcos en la puerta del cohete los saludaba con el casco de tela en la mano. Aprovechando la situación, me acerque para ya despedirme.
-Le gustó
– sí por supuesto
-Bueno, como le dije, el que viaja conmigo se convierte en mi amigo, ese es mi único puerto real. La sonrisa de los niños, el asombro de la gente cuando estoy llegando a la nave, la atención que todos me ponen cuando recito el discurso, la imitación de los chicos de mi caminar al bajar del cohete. Fíjese mire…
al mirar por la puerta del cohete vi efectivamente, que los niños caminaban a los saltos como Diego.
-Sabe Diego, realmente me llevo una historia hermosa hoy, voy a escribir cada detalle de lo que vi esta tarde.
-Me alegro, escriba, pero amigo, no se olvide de los más importante. Yo hace 23 años que vengo esperando los cohetes que me prometieron ese día en la escuela, desde entonces sueño caminar en la luna y viajar por el espacio, tengo las esperanzas de un trabajo digno como el primer día de clases de aquel 1996, y eso se convirtió en un juego, como muchas de las promesas que nos hacen día a día, juegan con la esperanza de un pueblo, de miles de niños. Y nos van dejando un futuro virtual, tan virtual como esta nave. Yo todavía espero, y me veo en el tercer lugar de la fila de la escuela, escuchando al presidente decir que íbamos a hacer viajes espaciales. Desde entonces no dejo de esperar algo que le confieso no va a suceder.
Se me hizo un nudo en la garganta al ver los ojos brillantes de Diego cuando ya no pudo sostener la mirada por la emoción Ads
-gracias por todo -le dije- creo que conocerlo fue el mejor de los viajes que tuve, a veces no hace falta moverse para volar.
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Comencé a caminar y no pude evitar darme vuelta y ver a lo lejos a Diego en la puerta del cohete, diciendo el discurso a viva voz nuevamente, entre algodones de azúcar y niños que lo miraban desde abajo, como el lo observaría en su escuelita de Salta. Seguí caminando y recordé cada una de las imágenes que tome con mi cámara y me quede con una solo una, que creo equivale a mas de mil palabras.
NOTA DE AUTOR Y FOTOGRAFIA: EMILIANO VIDELA
