“Me da miedo lo que pueda pasar”
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Desde el último miércoles Verónica vive con mucho miedo. Mandó a su hija de 15 años al kiosco del barrio para que le haga una carga virtual en su teléfono y casi no la ve más.
En el trayecto entre su casa y el comercio, comprendido por la calle Pedro N. Carrera, fue interceptada por un monstruo que todavía está suelto en las calles de nuestra ciudad.
Un sujeto que salió de prisión no hace mucho tras cumplir una condena por un delito contra la propiedad y la violación de una víctima en Mar del Plata, quien luego de distraerla con preguntas, la tomó del pelo, la amenazó con matarla si se movía, y la llevó debajo de un puente cercano a los silos subterráneos para abusar sexualmente de ella.
El violador tresarroyense está identificado por los investigadores, sin embargo, la publicación de sus datos hasta el momento se torna imposible por razones legales, y hace una semana estaba a punto de cobrarse una nueva víctima. Ya le había arrancado la ropa a su objetivo adolescente y se aprestaba a seguir, cuando un ruido lo distrajo. La chica supo que ésa era su última oportunidad y escapó.
“Hoy es mi hija y tuvo suerte. Porque gracias a Dios alguien hizo un ruido, (el violador) se descuidó y mi hija logró escapar en ropa interior, porque la ropa ya se la había arrancado y se la había sacado. Así y todo está suelto, y anda en la calle”, dijo la mujer a LA VOZ DEL PUEBLO, luego de vivir la continuación de su pesadilla al leer la tapa del diario de ayer, donde se informaban los antecedentes del agresor y la peor noticia: “sigue libre”.
“A nosotros nos citaron a las 10 y media de la mañana en la Fiscalía. Mi hija llegó y nos dejaron esperando. La mujer de él (por el abusador) se quedó afuera. Él sabía que iba a ser reconocido. Entró con abogados”, recordó refiriéndose a la situación vivida en el edificio del Ministerio Público ubicado en Lavalle y Moreno, donde prácticamente se cruzó con el sospechoso cara a cara y de forma previa al reconocimiento.
“Mi hija me dice con claridad que era el número 3. Obviamente mi hija lo reconoce, porque dice que lo vio dos veces en la calle antes que la agarre y la lleve hacia las vías”, dijo en referencia a la realización del procedimiento y en relación directa con una versión que indicaba que no lo había reconocido.
En ese sentido, Verónica asegura que, entre su hijo de 19 años y su hija, reconocieron todos los elementos incautados en el allanamiento posterior, “la bicicleta era de él y la ropa que tenía puesta la reconoce mi hijo”.
“Sabe quiénes somos”
Paradójicamente, después de haber confiado en la Justicia, Verónica reconoce que tiene más miedo que antes.
“Este tipo aparece por el colegio de mi hija. Sabe quiénes somos nosotros. Por eso, yo pido protección, porque ayer ella (por su hija) tenía miedo”, comentó, antes de subrayar que todavía no recibió ninguna medida cautelar, “nos dejaron cómo estábamos al principio. Porque al juez no le parece suficiente que la ropa de mi hija esté tirada al lado de su bicicleta”, agregó.
“Este tipo aparece por el colegio de mi hija. Sabe quiénes somos nosotros. Por eso, yo pido protección, porque ayer ella (por su hija) tenía miedo”, comentó, antes de subrayar que todavía no recibió ninguna medida cautelar, “nos dejaron cómo estábamos al principio. Porque al juez no le parece suficiente que la ropa de mi hija esté tirada al lado de su bicicleta”, agregó.
Después de agradecer el trabajo de la titular de la Comisaría de la Mujer, subcomisario Alejandra De Francesco (“es un ejemplo porque ella enseguida lo reconoce (al abusador), lo buscamos a la vuelta y sabíamos que era él”, dijo), Verónica no dudo en afirmar que a su hija “la tenía marcada” porque viven a apenas cuatro o cinco cuadras de la casa del abusador, “lamentablemente, este desgraciado la tenía fichada. Esperó el momento en que ella salga a la calle”.
El ataque
Tal como recordó la mujer, y de acuerdo a lo que recuerda su hija, “(la chica) iba caminando por una vereda de Pedro N. Carrera y él le pregunta a ella si le pasa algo. Ella le dice que no, que no la moleste y el tipo se va. Dio una vuelta y la agarra de los pelos obligándola a subir a la bicicleta y diciéndole que se quede callada porque la va a matar. La toma de los pelos y la carga en la silla para bebés que tenía la bicicleta para llevarla hasta un puente. Ahí es donde escapó”.
Ella estaba saliendo a hacer un mandado, fue a cargar una tarjeta de carga virtual para el teléfono de su madre, de 39 años, y ésa es la plata que el delincuente le sacó, además de unos anillos que no fueron hallados. Después, el dinero apareció tirado.
“Nunca fue a un boliche. Ella se la pasa encerrada en mi casa. Va de mi casa a la esquina y de la esquina a mi casa. No tiene esas salidas de hacer lo que quiere”, remarcó con la intención de reflejar su conducta diaria.
Hoy, tras la pesadilla de la experiencia y lo vivido en la sede judicial, Verónica asegura que la nueva vida es difícil desde todo punto de vista, “a mi nena la tengo que hacer llevar. Pagar un remís o, en algunos casos, que la lleve mi hermano o mi hijo. Lamentablemente ahora me da miedo lo que le pueda pasar”, señaló la mujer que trabaja como empleada doméstica y vive con su hermano y sus hijos.
“Hoy me siento amenazada ¿Para qué nos hacen venir si no lo van a meter preso?”, se preguntó acerca de la situación legal del sospechoso, “y ya la nena se puso mal porque sabía que no lo iban a meter preso, por más que lo reconozca”.
“No quiero hablar del colegio al que va porque no quiero que la tengan fichada. Porque no es este tipo solamente, son también los otros malandras que tiene de amigos”, agregó.
Sobre el final, una reflexión invita a pensar, “¿y si ahora pasa lo que pasó en Bahía Blanca? Donde un desgraciado con prontuario de violación también estaba suelto (haciendo referencia al caso de Micaela Ortega y Jonathan Luna). Esto parece el cuento de nunca acabar. Me quedo quieta en casa, mañana matan a otra y yo cargo con las culpas porque este hijo de p.. está en la calle. Yo tuve la suerte de que a mi hija no me la violó o no me la mató. Tuve suerte, pero no creo que haya más suerte. Porque tiene la intención de hacer más daño. Para eso va a los colegios, retira a sus hijos y ve a las nenas”, finalizó.
Un peligro en la calle
El reconocimiento del hombre sindicado por su víctima y, al menos un testigo, como el autor de un hecho de abuso, no bastó para que el Juzgado de Garantías acepte el segundo pedido de detención realizado por el fiscal Carlos Lemble en el marco de una causa caratulada, en principio, “robo y privación ilegal de la libertad”.
Es que, según confiaron fuentes del caso a LA VOZ DEL PUEBLO, la gravedad de estas imputaciones es mayor que la de “abuso sexual en grado de tentativa”, tal vez la acusación que correspondería al caso sufrido por la adolescente de 15 años el pasado miércoles, ya que el hecho, a pesar de sus aberrantes detalles, no se llegó a consumar.
Al mismo tiempo, la Defensoría Oficial presentó una “eximición de prisión” para el sospechoso y, de acuerdo al criterio que mantiene el juez Rafael Oleaga, quien lo rechazó sin tratar el simultáneo pedido de “detención” efectuado por la Fiscalía hasta que no quede firme la definición del primero.
Una resolución que debe tomar la Cámara de Apelación bahiense y que puede llevar un tiempo prolongado.
Mientras tanto, la Fiscalía tiene previsto para los próximos días la realización de medidas tendientes a formalizar la imputación del abuso, para lo que se requiere, entre otras cosas, la realización de una Cámara Gesell a la víctima menor de edad, se indicó.
Mientras tanto, la Fiscalía tiene previsto para los próximos días la realización de medidas tendientes a formalizar la imputación del abuso, para lo que se requiere, entre otras cosas, la realización de una Cámara Gesell a la víctima menor de edad, se indicó.
