Aguafuertes tresarroyenses de ayer y de hoy
:format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/fotos/2018/01/18/lvp.amanecer.jpeg)

El amanecer
Todas las mañanas sale brillante sobre el horizonte el sol con sus rayos que iluminan todo, pintando el cielo de colores que conocemos desde el día en que nacemos. Todos alguna vez lo ven. Los que madrugan lo ven como algo común, habitual, mientras que los que se acuestan tarde por salir de noche, el único momento en que lo ven es cuando están llegando a sus casas, cansados y sin apreciar lo que tienen en frente. Sólo los que se animan a despertarse o quedarse despiertos por voluntad, son los que de verdad perciben la belleza que tienen delante.

Entrando al campo
La entrada es un largo camino de tierra, con árboles en ambos lados, y también con lotes de cultivos. Al llegar al casco, hay un amplio lugar con pasto y dos casas en el centro; lleno de plantas, árboles, arbustos, canteros, mesas y sillas externas de madera, hamacas y demás cosas. Estar en este lugar me da paz, relajación, y me trae buenos recuerdos, ya que es el lugar donde me crié y pasé los mejores momentos en familia y con amigos.
Al llegar, se siente el sonido de los pájaros y lo más lindo es que no hay timbre, ni ruidos de autos, ambulancias, bomberos, policías, gente que pasa hablando y gritando como en la calle. En fin… es conectarse con la naturaleza.
Una mujer chavense
En Adolfo Gonzales Chaves, una mujer se levanta a la mañana, temprano, para acomodar su casa. Se levanta, prepara el mate, su compañero en las mañanas frías de julio. Luego empezará acomodando las cosas que dejó su hija al desayunar antes de irse al colegio, preparará todo para planchar y guardar la ropa de su marido e hijos.
Horas más tarde, su hijo más chico se levantará, la mujer le preparará el desayuno, lo llevará hacia otro lugar y le pondrá dibujitos para poder seguir; terminará de planchar y ahí es donde comienza a barrer toda su casa, incluida su vereda y la de su vecino.
Cerca de las diez de la mañana, irá a despertar a su hija del medio, quien se sentará en el sillón y esperará que su madre le lleve el desayuno.
A las doce cocinará el almuerzo y comenzará a apurarse para que sus dos hijos se cambien y se preparen para ir al colegio. Es así como la vida de esta mujer se basa en su familia y en cómo mantenerla limpia y ordenada.
La Plaza San Martín
Las plazas son un lugar de encuentro, sea en la ciudad que sea, y según la época del año se pueden observar distintas cosas. En Tres Arroyos, las mañanas en la Plaza San Martín son tranquilas, solitarias, la gente solo pasa por allí para llegar a otro destino, es la tarde la que logra que los caminitos, los bancos, el monumento a San Martín y la fuente se llenen.
En primavera-verano, al haber temperaturas más altas, se puede ver a los señores mayores junto con sus señoras, o con amigos, con sus reposeras apoyadas sobre el césped recién cortado, mirando a quien pasa, charlando y disfrutando del sol. Los niños pequeños, con sus bicicletas, andando a toda velocidad y con sus padres persiguiéndolos, tratando de que no se caigan y no choquen a nadie. También están los niños de tres o cuatro años, inocentes y sin vergüenza, que van por ahí hablándoles a todos los que se cruzan en su camino en un idioma que a veces solo ellos entienden, pero que a los adultos les parece adorable.
Por otro lado, están los adolescentes, reunidos en el monumento y en la fuente, o simplemente dando vueltas sin un destino específico. En grupos de tres o cuatro, sacándose fotos, riendo, sentados en el pasto, jugando a la pelota o simplemente divirtiéndose.
En invierno todo esto cambia. Se ve menos gente, y las personas que se ven tienen tantas capas de ropa que es difícil distinguir quienes son. Los niños con gorritos, guantes, campera, bufanda y botas para la lluvia. Las madres preocupadas porque sus hijos no se enfermen. No se ven muchos niños jugando, ni personas mayores.
Las mañanas de invierno son solitarias, solo los árboles, el pasto con una leve capa de rocío, a veces escarcha, los caminos vacíos, así como también los bancos, el monumento y la fuente.
Un día en el Parque Cabañas
Los niños juegan a la pelota en el verdoso y natural pasto tresarroyense, los adultos toman mate, los adolescentes tienen charlas reflexivas mientras pescan en los arroyos, arroyos que riegan el ambiente con su brisa calma, los ancianos disfrutan del clima mientras parlan sobre los partidos de fútbol, la economía, la sociedad, etc. Madres e hijas juntan piñas para vaya uno a saber qué, piñas que seguro quedarán guardadas en un remoto lugar de la casa. Además de jugar a la pelota los niños disfrutan de un plácido día en los juegos típicos como lo son el tobogán, las hamacas, los “sube y baja”, entre otros.
Las familias se reúnen sobre un simple mantel, en el extenso y abundante pasto verde, para degustar una comida al aire libre en la paz que solo puede brindar un lugar como el Parque Cabañas en Tres Arroyos.
Paula Marconato (Profesora de Literatura)
Sandra Galiano (Bibliotecaria)
Cintia Guerrero (Jefa del Departamento de Lengua)
Alumnos participantes
Milagros Abrego; Agustín Aja; Amira Ana; Clara Andreasen; Magalí Arias; Faustino Aldalur; Valentina Atela; Guido Bassini; Ana Bonini; Valentina Dalmonego; Matías D´Annunzio; Avelina Degiorgi; Agustín Divincenzo; Lautaro Echegoyen; Pedro Frey; Gerónimo Furze; Lucas Hollender; Belén Lamberta; Simón Lay; Santiago Lazcano; Francisco Liébana; Valentín Ubaldini; Elián Michiels; Laura Morteyrú; Josefina Mosches Coll; Sol Pellicciotta; Rosario Perasso; Candela Pessina; Santiago Rivadeneira; Sebastián Rivero; Dolores Schena; Martín Soldavini; Agustín Brunelli; Simón Vaccani; Martín Vázquez; Vera Valle y Jeremías Yebra.
