El mejor amigo del caballo
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“¿Qué significa el caballo para mí? Para mí es un símbolo, es como la moto para el motoquero. Si me falta el caballo me falta todo”, le dijo a LA VOZ DEL PUEBLO en su última nota Antonio Santa Cruz.
Nacido y criado en Ramón Santamarina, partido de Necochea, Pelusa vivió hasta los 15 años en la misma chacrita donde fue parido. De muy chico empezó a dar una mano en el tambito familiar, en el ordeñe y en el reparto con el sulky de las botellas de leche. En 1969 dejó sus pagos para empezar a trabajar como puestero en la estancia Huinca Loo, en Orense.
Luego se desempeñó en Villa Carucha, un establecimiento ubicado entre Claromecó y Lin Calel. Dos años después se mudó a Quequén Sur y en 1981 compró la quinta en Cascallares y se estableció allí.
“Siempre anduve a caballo. A los 13 años ya andaba corriendo unos petisos en Santamarina. En 1977, cuando se pararon las carreras, decidí empezar con las domas”, contó en aquel momento. Fue estando en Villa Carucha que decidió fundar su tropilla.
El inicio de Los Tigres
Con un solo caballo, pero muchas ganas, nació Los Tigres de los Médanos. El nombre se lo puso su suegro y tenía que ver con que la caballada estaba en la zona de médanos del campo.
“La primera doma la hice en San Francisco de Bellocq. Fui pidiendo caballos y hasta que pude tener los míos. Pancho Aramberri me ayudó mucho prestándome varios”, dijo aquella vez.
“El caballo no se puede preparar para la doma, tiene que nacer para eso. Tiene que ser malo. Es una cuestión genética. Uno se da cuenta apenas lo ve si el animal sirve o no para las jineteadas”, agregó.
Pelusa dejó de participar como jinete en 1984, aunque siempre aclaraba que “a uno las ganas le vienen siempre. Pero cuando te retirás, ya no podés volver. Porque te queda la experiencia, pero te faltan las ideas. Yo tengo versos de hace 30 años hechos por el Chango González, que dicen ‘cuando me tocó caer mi estampa cayó parada’, porque era muy ágil para caer parado. Tuve mucha habilidad en eso”, aseguró el tropillero.
Y con orgullo relató la vez que montó al célebre Zorro. “Tuve el privilegio de decir que al Zorro yo lo monté, pero por montarlo. Por amor propio, no por plata”, explicó.
Antonio Santa Cruz
