Aguas servidas directo al arroyo y a la zanja del olvido
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Vecinos afirman que viven desde hace tiempo sin cloacas, pastizales y aguas servidas.
Los vecinos de la avenida Leandro N. Alem al 50 hablaron nuevamente con LA VOZ DEL PUEBLO. En esta oportunidad, al testimonio de Ignacio Omar Carrizo se sumó el de su vecino de apellido Pereyra que hace 40 años vive en el mismo lugar.
Ambos se sorprendieron cuando supieron de las declaraciones en la edición digital de este diario del subsecretario de Obras Públicas, Roberto Aranegui y de Miguel San Román, director de Obras Sanitarias, quien dijo que los vecinos del lugar “nunca” se habían comunicado.
Cuando escucharon esto, se sonrieron, incluso otros familiares presentes en el lugar aventuraron la frase: “Eso es mentira”.
Carrizo explicó que fue a ver a “(Ricardo) D’Annunzio a la oficina de la calle Pedro N. Carrera, hablé con él porque es el que siempre está diciendo que hay que cuidar el Medio Ambiente. También fui a Obras Públicas, en calle Castelli y ahí siempre me dijeron que al día siguiente iban a ir a ver la zanja y a solucionar el problema”.
En este sentido afirmó que “el caño que va al arroyo está desde siempre, no lo van a sacar porque tiene esa intención”.
Pereyra se preguntó con ironía “¿cuánto hace que nos venimos quejando? y después te dicen: ‘Ahora voy, ahora voy…’. Nos quejamos desde que estaba el camino de tierra”. En cuanto a las personas con las que hablaron, ambos vecinos contaron que en varias oportunidades conversaron con Roberto Aranegui, incluso cuando se inundaban. El vecino del lugar incluso recordó que “una vez llegó con unos colchones hace unos años y le dijimos que no queríamos eso, sino la solución para que el agua no llegue a nuestras casas”.
“Hasta hablé con Sánchez en la Municipalidad -señaló Pereyra- hasta ha venido a mirar, pero al otro día llegaban y nos tiraban peor cantidad de porquerías. Acá lo más peligroso es para los chicos, aunque los que andamos mal de salud te podés contagiar de cualquier cosa y enfermar, tenemos que andar luchando con esto y no se puede”, expresó con desanimó.
En cuanto a lo mínimo que esperan de parte del municipio, Pereyra pidió “una pasadita, un puentecito como hicimos allá (señaló un improvisado paso hecho con dos puertas viejas de chapa que apenas alcanzan a cubrir el ancho de la zanja), y que limpien un poquito. ¡Mirá cómo estamos viviendo!”, exclamó.
La zanja del olvido
“Destapan la zanja pero queda más alto en los puentes y se amontona el agua ahí”, reiteraron los vecinos del Barrio Escuela 18. Acompañados por este diario mostraron cómo la profundidad que tiene actualmente la zanja es mayor que los dos pasos hacia el camino de cintura, los que unen las veredas y la avenida. Debajo de los mismos el terreno es más alto y el agua no circula cuando llega hasta ahí.
“He visto a nenes chiquitos y a más grandes -si está anocheciendo- caerse en la zanja porque no rinde para nada el puente. Si no hubiéramos hecho esos puentes tenemos que irnos cerca de la Escuela 18, hasta Chacabuco para cruzar”, explicaron.
En relación a la limpieza que hace unos meses realizaron los empleados municipales contaron que “antes tiraban la tierra en la orilla de la calle, pero como ya no queda lugar para el estacionamiento, o por si un vehículo tiene que bajar no puede hacerlo. Cuando sacan la tierra de la zanja la tiran hacia el lado de las viviendas”, apuntó.
Y además consideró que es un lugar muy inseguro sobre el cual “hay que caminar por la orilla de la avenida, si alguien pasa y te choca, y lo hace con algún auto, ¿de quién va a ser la culpa?”, se preguntó .
Agua servida
En relación a la estación de bombeo de cloacas, Carrizo señaló que “en el verano es inaguantable el olor de la esquina (indicando el cruce de Moreno y Alem) y ¡eso que no arrancó el calor!”
Tanto Carrizo como Pereyra cuestionaron que cuando se hizo la obra de cloacas (de avenida Moreno o de Monteagudo porque ellos no cuentan con ese servicio) “ya pusieron el caño para el arroyo, lo hicieron con esa intención. Cuando hicieron la zanja rompieron los caños y ahí quedó”.
El vecino de Alem 50 describió el trayecto del caño que se observa a simple vista y por el que corre el agua servida que no bombea. o que rebalsa de la estación. “Va por la orilla de los palos de la luz, hay unas tapas que se pusieron por si se tapaba, y ahí hay una cañería hasta el arroyo”.
En consecuencia, Pereyra, sentenció que se “hicieron todo mal, llovía dos gotas y tenían que hacer todo de nuevo, hicieron dos alcantarillas, una que quedó enterrada y otra en el puente. Por ahí nos vamos a inundar igual, pero si meten un caño por el medio y le hacen con más caída, por ahí dejamos de inundarnos”, propuso.
Esperan respuestas
El hombre volvió a recordar todas las veces que fueron a reclamar por una obra que no los dejara tan indefensos frente a enfermedades, infecciones y alimañas.
“Pedimos algo que es un beneficio para todos. Venís a la tardecita acá y vas a ver los mosquitos que hay, antes de hacer un puente tienen que venir a estudiar un poco, meterle un caño y taparlo de tierra. Cuando cae el sol es la hora en la que andan los chicos y en un ratito se llena de mosquitos y es todo infección, además el agua podrida que queda en la zanja, ¿quién la saca?”, reclamó en tono de pregunta.
También hablaron de otros peligros del lugar, “incluso en la rotonda sabés los tumbos que se han pegado los autos, vuelta a vuelta quedan metidos en la zanja”.
Señalando sus viviendas los vecinos subrayaron que “tenemos todos los terrenos limpitos y mirá cómo está todo acá”, con el dedo índice levantado hacia la esquina de Moreno y Alem tapada por enormes yuyos y pastizales.
Vivir mejor
Carrizo habita en el barrio desde hace 30 años, y Pereyra hace 40. No es la primera vez que reclaman, esperan que sus familias puedan vivir mejor que ellos, como tantos vecinos que para tener agua corriente comparten las mangueras entre varios.
No tiene cloacas y vaciar los pozos, -que se observan rebalsados- cuesta más de 700 pesos cada vez que necesitan hacerlo, el olor nauseabundo del agua servida que cae hacia el arroyo directamente, sin ningún proceso previo los amenaza aún con mayor intensidad durante el verano.
Aseguran haber reclamado muchas veces, pero hasta ahora no recibieron respuestas. Siguen esperando, y creyendo que algo se puede hacer.
