La hora de colgar las estimaciones
:format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/fotos/2017/11/16/lvp.lvp.jpg)
La decisión del consejo directivo de la desaparecida Cooperativa Agropecuaria de ubicarlo en la sección cereales. Su propia iniciativa de, a partir de esa medida, realizar el curso de perito tipificador en granos para estar más capacitado para hacer su trabajo. La recomendación del profesor que dictaba la tecnicatura para que ingresara en la desaparecida Junta Nacional de Granos. Finalmente, su compromiso y responsabilidad en la tarea diaria para construir una trayectoria de más de cuatro décadas en la hoy llamada delegación Tres Arroyos del Ministerio de Agroindustria de la Nación.
Carlos Menna es el protagonista de la particular historia. Y el viernes escribirá un capítulo trascendente: será su último día de trabajo. Luego de 46 años y tres meses, el hombre se jubilará. “Sí, va a ser raro, es cierto, pero no creo que vaya a extrañar, lo tomo como una etapa cumplida”, explica en una de las oficinas de la desvencijada sede del Ministerio de la esquina de Sargento Cabral y Derqui.
Laboratorios
Menna acepta hacer un vuelo rápido por su vida laboral. Tiene 49 años trabajados, de los cuales 33 meses fueron en la Cooperativa Agropecuaria y el resto para el Estado nacional bajo las denominaciones de Junta Nacional de Granos; Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos; Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca; y desde 2015, Ministerio de Agroindustria.
“Yo entré a la Junta el 30 de marzo de 1971, en ese entonces la oficina quedaba en Lucio V. López 186, y era una oficina técnica. Entré por la gestión del ingeniero que me dio el curso de perito, que era el segundo jefe de la Junta en el distrito”, recuerda.
Menna ingresó para supervisar la tarea que se realizaba en los laboratorios de análisis de granos que tenía la oficina. En esos tiempos, los acopiadores y las cooperativas tenían la obligación de enviar a analizar las muestras de los productores. “En un laboratorio se realizaba el análisis comercial y en otro el porcentaje de materia grasa en el caso de los oleaginosos”, cuenta.
Casi al mismo tiempo que Carlos obtuvo el nombramiento, la Nación comenzó la construcción de la actual sede. La mudanza se consumó el 16 de octubre de 1972, y allí se trasladaron las 13 personas que se desempeñaban en la Junta Nacional de Granos.
“Hace 44 años y medio que estoy acá. Porque soy uno de los que inauguré el edifico”, dice con una sonrisa Carlos, y haciendo un gesto como que se esfuerza por creer que haya pasado tanto tiempo. “Parece mentira todo el tiempo que transcurrió. Al final, este edificio lo empecé a sentir un poco mío”, indica mientras conduce un mini recorrido por la sede.
De esa excursión surgen dos sorpresas, por un lado el deterioro del edificio que por falta de presupuesto presenta un profundo abandono; por otro, los frascos con distintas muestras de trigo que fueron analizadas a fines de los 80 y que todavía están en una de las mesadas.
Estimaciones
El área de influencia de la oficina desde siempre incluyó siete partidos: Tres Arroyos, Gonzales Chaves, San Cayetano, Coronel Pringles, Coronel Dorrego, Necochea y Laprida. Es decir, recibían muestras y documentación de esos distritos. Con lo cual, el abultado volumen de trabajo estaba asegurado. En 1979, Menna sumó otra tarea a su quehacer: la realización de las estimaciones de siembra, cosecha y producción de los distintos cultivos.
El 31 de octubre de 1991, el presidente Carlos Menem firmó el decreto 2284 y disolvió la Junta Nacional de Granos. Eso fue un cimbronazo en la oficina local, que si bien ya había achicado su personal, motivó la llegada de retiros voluntarios. “Ahí surgió la posibilidad de que la Secretaría de Agricultura, que hasta ese entonces no tenía delegaciones en el interior del país, abriera oficinas en distintas localidades. Eso pasó acá, y quedamos tres personas como empleados de la secretaría”, explica Menna.
Si bien siguió cumpliendo distintas tareas administrativas referidas a los registros de la comercialización granaria -los laboratorios ya nunca volverían a funcionar-, la principal función por la que fue creada la oficina era la elaboración de las estimaciones agrícolas. “Ese fue y sigue siendo el trabajo fuerte. Y es lo que yo vengo haciendo desde hace 38 años”, indica.
Carlos revisa planillas con datos de siembra y producción de distintas campañas. Se pueden observar de los inicios de los años 80, cuando todavía se sembraba lino y no había ninguna hectárea de soja, por ejemplo, hasta las de hace un par de campañas donde el girasol casi no figuraba. En esos carpetones Menna tiene los datos de los marcados cambios que sufrió la producción agrícola en las últimas cuatro décadas.
“Las cifras se obtienen de hacer llamados a distintos referentes del sector de los distintos distritos, el contacto con productores, y desde hace poco más de una década se realizan salidas a campo”, cuenta.
Solito y solo
Otra de las particularidad que tuvo la vida laboral de Menna es que durante cuatro años y medio quedó solo en la delegación. El debía realizar todas las tareas, pero además, no podía tomarse vacaciones porque la oficina debía estar abierta. “Durante años he venido a trabajar algunas horas los fines de semana, o he hecho horas extras en la semana para completar el trabajo”, cuenta. Pero no lo hace como una queja, sino para demostrar su grado de compromiso con la tarea que le habían encomendado.
“Yo me pasé toda una vida acá. Tuve la posibilidad de irme un par de veces, tuve ofrecimientos, pero preferí quedarme. Siempre estuve cómodo y me gustaba lo que hacía”, dice. “El balance es muy positivo, me voy contento”, asegura.
“El que me va a extrañar es Pedro”, agrega con una sonrisa. Pedro es el ingeniero Pedro Catoggio, quien está al frente de la delegación desde 2005. La llegada del agrónomo fue un alivio para Carlos, que de entrada entabló una muy buena relación con su jefe.
Menna dice que no sabe qué va a hacer de su vida a partir del viernes. En principio, ponerse al día con las visitas a sus hijos. “Tengo tres. Romina que está estudiando en La Plata y los mellizos Carlos y Bruno que están con un proyecto en el norte de Brasil”, detalla.
En la despedida cuenta que en realidad se tendría que haber jubilado hace dos años, pero se atrasó con el papelerío y todo se dilató. Algo que sonó más a una intención inconsciente de seguir que tuvo en ese momento. Hoy en cambio la situación es otra, está convencido de que cumplió un ciclo.
A Carlos, a los 67 años, le llegó el momento de colgar las estimaciones.
