Estamos a tiempo
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En forma reciente fue presentado en Claromecó el trabajo denominado Evaluación Ambiental Costera del Partido de Tres Arroyos. Las autoras del escrito son la doctora Paula Andrea Taraborelli, tresarroyense doctorada en biología, investigadora adjunta del Conicet, junto a Analía Belaus, licenciada en aprovechamiento de recursos naturales renovables. Ambas investigadoras residen desde este año en Claromecó.
El informe cuenta con la colaboración de claromequenses como la licenciada en biología María Belén Villa, el ingeniero agrónomo Rodolfo Fangauf, el guardafauna honorario municipal Juan Gasverde, Carolina Herrera, María Inés Dutto y Carlos Milani.
Sostiene el trabajo que Buenos Aires cuenta con los fragmentos más extensos y en mejor estado de conservación del paisaje natural, siendo el mayor exponente de los ecosistemas costeros pampeanos de Argentina y la franja costera existente entre Miramar y Punta Alta. Pero a su vez advierte que en los mencionados 500 kilómetros de costa no existe la suficiente cantidad de espacios incluidos en el Sistema de Áreas Naturales Protegidas de la Provincia.
Citando un informe de la Fundación de Historia Natural Félix de Azara, indica que hay un “creciente proceso de fragmentación, modificación y pérdida de hábitats naturales, debido a una falta de ordenamiento territorial y ausencia de planes de manejo, tanto a nivel regional como local. El avance de de la urbanización, forestaciones con especies exóticas, obras y actividades humanas de alto impacto ambiental, han desencadenado o intensificado graves procesos de erosión”. Cita también como consecuencias la pérdida de playas, el retroceso en la línea de costa, la eliminación de áreas medanosas, y la consecuente pérdida de especies exóticas.
Alteraciones
Las autoras del informe expresaron a LA VOZ DEL PUEBLO que el trabajo fue entregado al intendente Carlos Sánchez, al secretario de Obras Públicas Eduardo Groenenberg, y al secretario de Gestión Ambiental Ricardo DAnnunzio.
Analía Belaus sostuvo que “hace seis años que conozco esta zona, que tiene características particulares que no existen en el resto de la costa atlántica. La urbanización o modificación de los espacios naturales, alteran desarrollos de flora y fauna, pero aquí todavía encontramos lugares prístinos que hay que proteger”.
Por su parte, Paula Taraborelli destacó que “a partir de este monitoreo que hicimos desde Orense hasta Reta, hemos visto la importancia de las dunas relacionado con la diversidad de aves y mamíferos, pero también en reservorios de agua dulce, y todo lo que está involucrado en la circulación de arena, que hace que estas playas sean anchas. Prestando atención, se ve que donde hay menos dunas, las playas son más cortas, eso es muy visible, y se produce el descubrimiento de piedras”.
En relación a este último punto, la licenciada Belaus agregó que “esto también cambia, según las mareas y los vientos va cambiando. Pero cuando estas piedras empiezan a estar al descubierto más tiempo de lo que estaban antes, ahí empezamos a notar estas alteraciones. Hay gente que cuenta cómo era esta situación hace 30 o 40 años, y lo ven ahora y se alarman por la cantidad de piedras que hay. Hay procesos naturales, puede ser que esto fuera a suceder tarde o temprano, pero lo que estamos haciendo como seres humanos es provocar que esos cambios se produzcan anticipadamente”.
Al analizar esta situación en profundidad advirtieron “la falta de almejas, cangrejos y fauna del lugar que son alimento de otros animales. Y esas alteraciones suelen ser menos visibles. Se desprende por ejemplo que aquí hay especies que habitualmente no se ven en otros sitios, y algunas de ellas están en peligro de extinción”.
Un detalle
El informe presenta un minucioso estudio de la flora y la fauna del lugar. Menciona las aves como biguá, chimango, chorlito, churrinche, cigüeña americana, cotorra, gallareta, distintos tipos de gaviotas, garzas, halcones, mirasol, paloma, patos en diversas variedades, tero, tijereta, tordos y varias más. Señaló Taraborelli que “varias especies están en estado vulnerable. Y en cuanto a la vegetación apreciamos especies autóctonas con un valor medicinal importante, que hace a la necesidad de la conservación”.
En relación a las especies mencionadas, Belaus agregó que “también hay que ver cómo están, hay algunas que hemos podido ver, en otros casos hemos corroborado rastros, y también hay testimonios que nos acercaron sobre animales de la zona que nosotras no hemos podido observar, como el ciervo por ejemplo. En general, la ocupación de los espacios naturales y la modificación del paisaje, es lo que afecta a las especies, hay distintos impactos”.
Paula Taraborelli, al ser tresarroyense es conocedora de Claromecó de toda la vida, por ende tiene la posibilidad de comparar la realidad de la fauna local en las últimas décadas. Haciendo referencia a esto, mencionó que “una señora nos acercó una foto de la lagartija de las dunas, que antes se veía siempre, y ahora casi nunca, está en peligro de extinción. Lo mismo pasa con el tuco, llamado popularmente tucu tucu, que tampoco se ve tanto como antes. Estas especies están relacionadas directamente con el sistema de dunas, y es lo primero que se pierde cuando se construye”.
Otro factor que afecta al tucu tucu por ejemplo, es la forestación artificial, ya que no permite que el animal se desarrolle bajo tierra, o lo aisla de su entorno. Belaus agregó que “yo trabajo en la Secretaría de Agricultura Familiar, dependiente del Ministerio de Agroindustria. Cuando hablamos de desarrollo, también tenemos que tener en cuenta la conservación del ambiente, y ser cautelosos. Hay sitios que parecen improductivos, que es la palabra que se utiliza habitualmente, pero desconocemos lo que nos aportan. Eso de poder ver lagartijas o tucos, y que ahora no se ven tanto, nos está indicando que hay otras especies que tampoco las vamos a seguir viendo y por contraposición tal vez aparezcan otras. Un ejemplo, los mosquitos, hay preocupación porque suele haber invasión de estos insectos, y en las cadenas tróficas, las largartijas y reptiles en general se alimentan de insectos, es decir, regulan. Debemos saber convivir con espacios naturales sin modificar o con la mínima intervención posible”.
En tal sentido, la doctora Taraborelli indicó que “es clave conocer lo que uno tiene, si la gente no sabe lo que hay en el lugar, difícilmente pueda pensar en conservar”.
Agregó Belaus que “por una necesidad de utilizar recursos naturales en nuestro beneficio, no hemos tenido el aprendizaje en la forma de usarlos. No hablamos de dejar de usarlos, hay muy buenas experiencias del buen uso, planificar, a eso apuntamos”.
Valor agregado
La buena noticia para esta zona, es que aún conserva muchos espacios prístinos, por lo que el informe apunta a una imperiosa necesidad de conservarlos. Sostuvieron que “actualmente se pone mucho valor en lo natural, en el entorno, se puede explotar turísticamente todo esto, y es un valor agregado, porque en otras zonas de la costa ya no hay este tipo de espacios. Siempre y cuando sigan existiendo estos lugares naturales conservados, y planificar mejor donde hacer desarrollos urbanos”.
El informe también hace una exhaustiva evaluación de insectos presentes en el lugar, en relación a la importancia que tiene por ejemplo la polinización. Finalmente, Tarborelli explicó que “no está la fauna marina, es una evaluación que hay que continuar. Un ejemplo, la aparición de pingüinos varados en la costa, que se da en los últimos años. Almejas prácticamente no hay, aguas vivas hay muchas menos que antes, por eso tenemos que sumar investigadores para tratar de dilucidar qué es lo que está pasando. Tampoco hay más corvinas negras, que es una característica que hizo famosas a estas playas. Cuando hablamos de investigar, no sólo hacemos referencia a lo académico, sino también al conocimiento del habitante del lugar, que es un testimonio muy importante”.
