Gestos de nobleza y una historia con vaivenes
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El Hospital Anita Eliçagaray, que el próximo domingo llega a sus 78 años de vida institucional, es una emblemática entidad sanitaria de nuestra ciudad, es el centro asistencial de salud por excelencia.
El hospital se ha constituido desde su creación en una de las entidades más representativa de una comunidad que lo reconoce y siente orgullo por la misma.
Vale recordar algo de historia que indica que por el año 1926, estando a cargo de la comuna Domingo Carricart, se puso en marcha la iniciativa de crear un hospital. Con esta idea se convoca a los vecinos y surgió así una comisión que se encargaría del trámite.
La misma estuvo integrada por Domingo Carricart como presidente; vicepresidente, Federico Dori; secretario, Simón Adot; prosecretario, Guillermo Moronell; tesorero, Juan Bautista Monetti, entre otros vecinos que conformaban esta comisión, que en su trabajo tuvo dificultades por la crisis económica de la década del 30.
La señora Ana Paysás de Eliçagaray, enterada del proyecto y los inconvenientes que afrontaba, ofreció hacerse cargo de los gastos que demandara la construcción, donando el futuro hospital al municipio, en un gran acto de nobleza.
El 25 de mayo de 1929 se colocó la piedra fundamental con la presencia del ministro de Relaciones Exteriores, doctor José María Cantilo y del obispo diocesano, monseñor Francisco Alberti. La primera piedra de la construcción fue colocada por el arquitecto Eduardo Gómez, iniciándose de esa manera la obra en homenaje a Ana Paisás de Eliçagaray y de su hija Anita, quién falleció a los quince años de edad.
La bendición del edificio, ya terminado, tuvo lugar el 11 de diciembre de 1930, actuando como padrinos el comisionado municipal Emilio Ciancaglini y su esposa, María Nogueira, y Domingo Carricart y su esposa Celeste.
De todas formas, entre este acto y la habilitación del hospital al servicio público transcurrieron aproximadamente nueve años y la postergación se debió al criterio sustentado por autoridades municipales, que al decir de crónicas de la época, ponían obstáculos de diversa índole, exigiendo que se entregara el hospital sin ninguna condición.
Esto surgido de la voluntad de los donantes, que ponían como condición que no se aplicaran métodos inspirados en la situación política, ni discriminaciones, ateniéndose solo al objetivo principal, es decir la atención de los pacientes de menores recursos. Ante esta situación se decidió la donación del nosocomio a la Nación y pudo hacerse la inauguración oficial un 4 de junio de 1939.
