Los Pucci no le escapan al trabajo
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“En esta foto falta papá”, se lamenta Pablo (35), y su hermano Diego (32) le da la razón con la mirada. Y es verdad. La imagen no llega a ser completa. Porque Miguel Pucci fue el fundador de Todo Escapes y quien les inculcó a sus dos hijos la pasión por la mecánica y les enseñó todo sobre el oficio. “Está en Buenos Aires con un problema de salud”, aclara el mayor.
Los dos hermanos se criaron entre caños de escape y autos que llegaban para ser reparados. Porque si bien los comienzos laborales de Miguel fueron como mozo en el Munich, un día se inicio en el mundo de los escapes. Primero en Escapes Molina, un taller ubicado en la primera cuadra de Balcarce, y a partir de 1990 en su propio lugar, en 9 de Julio al 1300.
A una década de haberse independizado un accidente hizo que Miguel perdiera un ojo y obligó a Pablo, de apenas 18 años, a tomar las riendas del taller. Dos años después el que se sumó fue Diego, que sumaba sólo 17. Para los hermanos no fue una experiencia traumática, el taller formó parte de sus vidas siempre. “Hasta ese momento le dábamos una mano. Yo aprendí a soldar a los 10 años”, cuenta Pablo. “Nos criamos acá adentro”, completa Diego.
Los dos hermanos fueron a la escuela técnica, aunque ninguno logró el título. “El estudio no es lo nuestro”, coinciden. Y desde que trabajan en dupla poco tiempo les deja libre el taller. “La verdad es que trabajamos mucho. Estamos acá 12 horas por día, seguro. No le sacamos el cuerpo al laburo”, asegura Pablo. “Hacemos un promedio de entre ocho y 10 autos por día”, cuenta Diego.
Los Pucci construyeron el taller en tres etapas. Primero la parte de atrás, donde trabajaba Miguel. Después sumaron la parte central, con una media fosa. Y hace seis años agrandaron la fosa, anexaron el sector frontal e hicieron una oficina. Todo en base a sacrificio. “Siempre trabajamos los dos solos, es complicado meter a alguien más”, explica el mayor. “Nos llevamos bien, tenemos discusiones de hermanos, pero peleas no. Hay que saber ocupar el lugar que uno tiene y listo”, indica el menor, que acepta sin problemas que las riendas del taller las lleva su hermano. “Eso sí, laburamos los dos a la par”, agrega Pablo.
Los Pucci trabajan con dos marcas de escapes y después de varios intentos, hace algunos meses lograron la representación de SilenPro, la marca líder de escapes deportivos. “Lo que más trabajo nos genera es la colocación de escapes originales, una salida de motor, un silenciador… Sería reemplazar lo que se rompió, poniendo piezas originales. Y también ponemos escapes deportivos, por lo general eso lo piden los más chicos”, explican los hermanos, que son fanáticos de Boca. Donde no comparten escudo es en el automovilismo: el más grande es de Ford, el más chico de Chevrolet. Una clara muestra de quién manda en el taller es que hay dos banderas del óvalo…
Después de pasar muchos altibajos, a los Pucci desde hace seis años les toca vivir una curva ascendente en el volumen de trabajo. “Se nos ha incrementado mucho el laburo. Y a nosotros este verano nos fue muy bien, mejor que el verano pasado, que no había sido malo”, dice Pablo.
Atienden autos, camionetas, camiones, motos y cuatriciclos. “Lo que venga”, resume Diego. Y como complemento de la mecánica se dedican a la colocación y fabricación de accesorios. “El fuerte son los enganches. Pero tenemos una dobladora de caño para hacer jaulas de areneros o para jeeps”, comenta Pablo.
En la despedida, los hermanos Pucci saludan a los clientes, a los dos talleres colegas que se dedican también a escapes -“con los que tenemos una muy buena relación”- y a los proveedores. Y aclaran que una vez que Miguel mejore “volveremos a hacer la peña”, la otra actividad que disfrutan en el taller.
