“Trabajando siempre se puede llegar”
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El oficio de carpintero forma parte de la identidad de Carlos Abraham. “Soy una personas que tuve la suerte de hacer lo que ya me gustaba desde chico”, subrayó en un diálogo con La Voz del Pueblo.
El paso del tiempo no cambió en nada esta mirada.
Con convicción, sostuvo que “es el día de hoy que me gusta muchísimo. Lo que más satisfacción me da, a esta altura de mi vida, es hacer trabajos para personas que aprecio, los amigos o clientes con los que tengo cierta amistad, para mis hijos que van haciendo sus casas”.
Recibió a este diario en Maderas Tres Arroyos, empresa que el 1º de Mayo va a cumplir 28 años. “Lo inició mi esposa Cristina Greco, yo por entonces estaba en mi carpintería”, recordó.
En las instalaciones de Saénz Peña 970, “preparamos algo para los clientes o los asesoramos -explicó-. Muchas personas arman su placard, profesionales o trabajadores, lo hacen por hobby, porque les gusta y también de esa manera se ahorran unos cuantos pesos”.
Dijo que la carpintería cambió muchísimo en los últimos años. “Se usan placas, melaninas, fenólico. Se cortan a medida y luego se arma el mueble en base a tornillitos, es bastante simple el trabajo. Ello lleva a que muchas veces la gente arme su mueble”, explicó.
A modo de ejemplo, comentó que “el aglomerado enchapado, el laminado plástico, viene ya forrado en madera, antes lo tenía que hacer el carpintero”.
Habló de inolvidables colegas, a quienes definió como “artesanos excepcionales. Tuve la suerte de conocer algunos carpinteros que eran una maravilla. Hacían muebles, aberturas, trabajaban muy pero muy bien”.
Puntualmente, hizo referencia a un amigo a quien “le decía siempre que era una pena que no transmitiera tanto que sabía. Hablo de Rafael Dambrosio, gran carpintero al igual que su hermano Domingo Dambrosio, ambos ya fallecidos”.
Puntualmente, hizo referencia a un amigo a quien “le decía siempre que era una pena que no transmitiera tanto que sabía. Hablo de Rafael Dambrosio, gran carpintero al igual que su hermano Domingo Dambrosio, ambos ya fallecidos”.
Agregó que “más allá en el tiempo, estuvo Pedersen en muebles, Guglielmello. Quedan algunos colegas amigos de mi época que son muy buenos carpinteros, los hermanos Over por nombrar a alguien. Observo las obras de ellos y les digo que me gusta mucho lo que hacen”.
En el análisis de las modificaciones, expresó que “muchas cosas que se usan hoy como novedad se utilizaron antes y después se dejaron de tener en cuenta. La combinación del aluminio con la madera, algún tipo de bisagra que está vigente ahora. En ese momento tenía algunos problemas, no resultaba, pienso que hoy las han mejorado mucho”.
Valoró que el oficio “se modernizó con muchas cosas interesantes y muy lindas”.
Valoró que el oficio “se modernizó con muchas cosas interesantes y muy lindas”.
Las máquinas pesadas clásicas “poco a poco se van perdiendo porque ese trabajo ya viene hecho. Excepto en las carpinterías de obras, en donde sí siguen vigentes”.
Con esfuerzo
Cursó los estudios secundarios en la Escuela Técnica, sobre lo cual destacó que “tuve profesores excelentes como Viscaino, Emilio García, Chachero”.
En los inicios fue empleado “en una carpintería de muebles, luego en una carpintería de aberturas y con unos muchachos que hacían laminados plásticos que se usaban por entonces. Era como la melanina, pero mucho más fuerte, hay mesas de 30, 40 o hasta 50 años que están como el primer día. Su usaba cuando arranqué yo, a fines de los ’60 y en los años ‘70”.
Realizó el servicio militar en Azul, donde “también estuve encargado de todo lo que era carpintería. Me ofrecieron quedarme a desempeñar esa función como suboficial y luego oficial, el sargento ayudante que estaba encargado de nosotros se retiraba. Pero siempre mi idea, mi sueño, fue ser carpintero”.
Trabajó pocos años como empleado. Finalizó el Secundario en 1968 y en 1973 dio sus primeros pasos en forma independiente. “Cuando volví del servicio militar me vinieron a buscar García y Chachero para ser maestro en el Colegio Industrial. Con un poco de dolor lo rechacé, le tengo afecto a la escuela, pero quería tener mi carpintería”, rememoró.
Durante “un montón de años” trabajó en sociedad con Eduardo Stemphelet, juntos hicieron muchas obras en nuestra ciudad y distritos de una amplia región.
Cuando su esposa abrió Maderas Tres Arroyos, Carlos Abraham continuó con la carpintería. “La ayudaba con mis empleados y a su vez, teníamos dos en la nueva empresa. Crecimos poco a poco, porque los comienzos fueron duros. Adquirimos el local, algunos empleados de la carpintería se independizaron y otros se jubilaron, entonces vine para la maderera. Mi esposa había hecho un esfuerzo muy grande, se dedicó a partir de ese momento a la casa”, indicó.
Reiteró que “ella tuvo una enorme dedicación. Los sábados a la tarde estábamos mano a mano, tomaba los pedidos, yo los preparaba y los repartía ¡Cuántas noches hemos estado a las once trabajando!”.
Actualmente el hijo menor Facundo Abraham, quien es músico y profesor, se encuentra a cargo de Maderas Tres Arroyos. “Yo acompañó, lo ayudo”, señaló Carlos.
“Siempre está”
La construcción se encuentra en un período de alta demanda. Al respecto, argumentó que “la persona que posee un ahorro lo invierte. Y si tiene dólares, con poca cantidad puede hacer bastante”.
Al describir el nivel de actividad, dijo que “aunque trabajamos bien, nos ha salido una gran competencia. El metal en los techos y los perfiles C se usan mucho, las aberturas de PVC, aluminio. Pero la madera siempre está”.
Consideró que “la obra de primera calidad tiene los materiales clásicos, ladrillos, yeso y madera. Y un buen techo”.
Dejó en claro que “no es que lo otro no tenga calidad. Es construcción rápida, en seco que le llaman”.
Dejó en claro que “no es que lo otro no tenga calidad. Es construcción rápida, en seco que le llaman”.
En este contexto, opinó que “hay cosas que son para otros países que renuevan constantemente, no tienen problemas, acá una casa se hace para siempre. Se construye y es un logro”.
En esta línea de pensamiento, concluyó que “para el argentino la casa es una lucha importante económicamente y todo cuesta un montón, lo mismo un negocio. Sin embargo, trabajando siempre se puede llegar. Yo estoy inscripto en el IVA desde que lo trajo Gelbard en la década del ’70, con Perón. He pasado por todo tipo de situaciones económicas del país, nos hemos ido adaptando a las circunstancias y viendo la manera de seguir avanzando”.
Saludo y agradecimiento
“Quiero saludar a todos los colegas y amigos, tengo unos cuantos, nunca he tenido problemas con ninguno, hay una excelente relación. Que tengan un feliz Día del Carpintero”, sostuvo Carlos Abraham a modo de agradecimiento.
Asimismo, expresó que es una jornada para “saludar a cada cliente y proveedor. Gracias a ellos durante todos estos años, ya sea en la carpintería o en la maderera, hemos ido creciendo paso a paso”.

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