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      Dos temas

      9 de enero de 2022 | 05:51
      Dos temas
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      La Voz del Pueblo Digital · "Dos temas" Editorial Diego M. Jiménez – Domingo 9-01

      Primero. Puede convertirse en una gran película o simplemente pasar como una más. Con el viento a favor de tener un elenco actoral plagado de estrellas, quizá tenga una vida más larga. Pero tampoco es lo central de este film tragicómico. Lo cierto es que “Don´t look up” (No miren para arriba), protagonizada por Leonardo Di Caprio y Jennifer Lawrence, generó polémicas. 

       No se trata de contar su trama como tampoco realizar una crítica cinematográfica, pero en ella se abordan temas que forman parte del tejido tenso que existe y une al poder y a los medios de comunicación. Fake news; construir un show con las noticias y hacerlo durar mientras sea rentable sin que importe centralmente la veracidad de lo que se habla o la reputación de los involucrados, para luego pasar a otro tema sin solución de continuidad; vulgarización del drama ajeno; efectismo y ausencia de profundidad; poderes centrados más en lo políticamente correcto o en lo que solo pague dividendos en votos o en imagen; construcción de divisiones para operar en ellas y un largo etcétera que se puede observar de manera poco convencional en una película que cuenta los peligros de basar la discusión pública en la superficie de las cosas descartando lo problemático o lo que exige un esfuerzo del entendimiento. Casi una fotografía grotesca de lo que se ve y se discute mayoritariamente en la televisión, en las redes, podcast y radios. 
      Segundo. Un legislador sortea su salario parlamentario arguyendo que es el mejor y más justo modo de hacerlo para no generar ningún tipo de ventaja o privilegio en quién obtenga el premio. Es una manera de cuestionar a la que denomina casta política y sus beneficios, explica. Este tipo de espectáculos merecen cierta precisión. Los sueldos del funcionariado público electivo en una república democrática tienen su razón de ser: permiten que quienes no poseen fortuna personal o no formen parte de determinado sector privilegiado, puedan participar políticamente y poder subsistir. Si esa disposición no existiese, solo podría ejercer la política un sector minoritario, dejando afuera de la vida pública a las mayorías. Este argumento está en la base de la evolución del sistema democrático a lo largo y a lo ancho del planeta. Nosotros censuramos a la clase política por sus excesos, sus beneficios no democráticos, su eterna reelección, su escasa austeridad y la poca efectividad para solucionar los dramas que atraviesa el país. Pero no caemos en el peligroso filo antidemocrático que mezcla temas confundiendo intencionalmente o a causa de una profunda ignorancia. Por esa razón, ese tipo de frivolizaciones nos parece que adolecen de escasa envergadura institucional. Criticamos ferozmente a la política cuando se convierte en casta o clase, pero no hacemos lo mismo con las herramientas que la democratizan. En todo caso, en relación a estas últimas, solicitamos controles, límites y austeridad. 
      Ambos temas se vinculan, porque muestran de modo dispar, la gravedad de convertir lo público en espectáculo, dañando los fundamentos de las comunidades políticas que se fueron conformando a lo largo de la historia para proteger los derechos inalienables de todos los seres humanos: el derecho a la vida y el derecho a la libertad. La espectacularización de la política y de los medios es el nuevo frente de batalla con el que debe lidiar la ciudadanía democrática con las armas de las ideas, los argumentos y la reflexión razonada. Para no dar lugar a un populismo superficial y efectista que ha colonizado gran parte de los medios y de la política nacional. 
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