Darle voz a los que menos tienen
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Por Santiago Rivadeneira (*)
“Los cínicos no sirven para este oficio”, palabras del periodista polaco Ryszard Kapuściński, sobre su profesión. Las mismas hacen referencia a la empatía e implicancia en la sociedad que debe tener un comunicador, al estar alerta de los sucesos que se dan en la esquina, en el café o en el barrio para poder transmitirlo ante la sociedad. También la curiosidad, debe estar siempre presente en el periodista, que como niños observan los sucesos con ojos cargados de preguntas pero con poca inocencia.
Una exigencia que le recae siempre al periodista, adjudicada por la opinión pública, es el ser vocero de la verdad. Pero en el presente que transitamos, se vuelve una tarea difícil. Ante la “pluralidad de verdades” el periodismo es el responsable de exponer la realidad y dejar de lado estas “verdades” porque lo único certero es lo que ocurre.
En lo particular, esta profesión me cautivó en distintas experiencias que logré tener, coberturas de marchas pre-Covid-19 y el ejercicio de la profesión de manera ad honórem. El contacto con la gente y tener la potestad de poder hacer llegar el reclamo de un manifestante a los oídos del resto de la sociedad es una sensación totalmente inexplicable para alguien que no haya tenido esa responsabilidad.
Por otra parte encontré cierta comodidad en comunicarme en medios escritos y multimedia, además de involucrarme en la producción de ciertos productos audiovisuales. No puedo obviar que la libertad creativa que me ha brindado la formación es amplia y también facilita el roce con periodistas profesionales que comparten sus experiencias.
Lo más enriquecedor de la formación, además del perfeccionamiento de técnicas de escritura y las practicas tanto en radio y televisión, son las charlas de “café” que tuve y tengo con algunos profesores con los que intercambio pensamientos sobre la actualidad del país y los medios de comunicación.
Tuve el gusto de leer escritos de Rodolfo Walsh y Ryszard Kapuściński, el primero considerado el padre del género no ficción en Latinoamérica con el libro “Operación Masacre”, mientras el otro es un periodista de guerra, que recorrió África de punta a punta durante la guerra fría. Walsh relató en su escrito el accionar de las fuerzas militares en la llamada “Revolución Libertadora” de 1955, con una valentía destacable, que lo llevó hasta su desaparición y muerte tras la publicación de la carta abierta a la junta militar.
En cuanto a Kapuściński, para la producción de sus obras tuvo que estar in situ en países en vías de desarrollo de África como Ghana, Tanzania, Uganda, Nigeria, Mauritania, Etiopía, Ruanda, Sudán del Sur, Somalía, Senegal, Liberia, Camerún, Mali, entre otros. En su obra “Ébano” resume en 29 relatos su pasar por aquel continente y en el libro “Los cínicos no sirven para este oficio”, que está basado en entrevistas y conversaciones del periodista polaco sobre su obrar en la profesión, dejó en claro que la razón de ser del periodismo está en darle voz a los que menos tienen y peor la pasan en el mundo.
Para expresar en pocas palabras lo que estos autores representan para mí, si un niño cuando juega a la pelota quiere ser como Messi o Cristiano Ronaldo, yo cuando ejerzo el periodismo quiero ser como Walsh o Kapuściński.
(*) El autor es tresarroyense. Estudia periodismo en Deportea Mar del Plata

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