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El rincón de Andrés Errea

Los trágicos “400 Km de Tres Arroyos”

27|09|20 09:20 hs.

Hay hechos que por tan lejos en el tiempo, para nosotros, van adquiriendo un tinte de leyenda; por ello es fundamental recurrir al testimonio de personas (si todavía vivieran) y a la prensa gráfica y el material fotográfico que los ilustró en ese momento. 


La competencia a la que haré referencia hoy es a la de “los 400 Km de Tres Arroyos”. La cita era para el 13 de noviembre de 1938. 


Domingo Ochoteco


Según los diarios, que en esa época hacían la cobertura, la ciudad se aprestaba a vivir el evento con mucho entusiasmo ya que éste estaba jerarquizado por la presencia de los pilotos más conocidos del momento. 



 En la víspera se llevaron a cabo las pruebas de clasificación sobre una vuelta del circuito que constaba de dos rectas largas, más dos cortas, unidas por curvas de escaso radio. La pista era de tierra y admitía un cupo máximo de 20 coches. Como resultado de estas pruebas quedaron 1º el santafesino Domingo J. Ochoteco, con un Alfa Romeo; 2 Luis E. Brossutti, con Mercedes Benz; 3º Fermín Martín, con Mercedes Benz; 4º Alfredo Olivari, con Mercedes Benz; 5º el tandilense José A. Canziani con Chrysler Imperial; 6º Ernesto H. Blanco, con Jumbo; 7º Hugo Abramor, con el “Insignia de oro”; 8º Félix P. Aranz, con Ford V8; 9º Plácido Ruiz con Reo; 10º Humberto Soggetti con Fiat; y 11º un piloto hasta entonces desconocido, un tal Juan Manuel Fangio, con Ford V8. 


Soggetti embistió a Hugo Ambramor a gran velocidad


Esta carrera, organizada por el Automóvil Club de Tres Arroyos, otorgaba valiosos puntos para el campeonato de la categoría; de ello se desprende la expectativa que despertaba, no sólo en los corredores sino también en aquellos amantes del automovilismo. 


Luis E. Brossutti


 A las 13.30 se puso en marcha la primera de las que serían las tres series. Arrancó el poderoso Alfa Romeo de Ochoteco a alta velocidad para aquella época, seguido por otros participantes ávidos de alcanzar la punta del circuito; 16 minutos más tarde se desataba lo que se consideró, por muchos años, la catástrofe más grande del automovilismo argentino. Como la pista carecía de pavimiento y no había viento, el polvo en suspensión fue el mejor aliado de la tragedia. Estaba por concluir la primera vuelta, cuando el piloto Abramor aminoró la marcha para cambiar un neumático, pero la escasa visibilidad impedía encontrar la entrada oculta, además, por el público. Podría decirse que esto fue el detonante de la tragedia, pues Soggetti, a gran velocidad embistió a Abramor por la parte posterior y casi simultáneamente, Canziani que iba por detrás de aquél, hacía lo propio y provocaba que el conductor fuera despedido y cayera en medio de la pista. 


Todo preparado para la largada


El público empezó a ayudar a los pilotos, tratando de detener la marcha de Plácido Ruiz, el que en medio del desconcierto general bajó la velocidad y se desvió hacia la derecha en el precio momento en que se acercaba Martín a más de 170 kilómetros por hora; el incendio de éste dio de lleno en el de Ruiz provocando el incendio del mismo, aumentando así la catástrofe, ya que dos hermanos aficionados, los Tripaldi, intentaron socorrerlo pero este gesto les costó la vida a uno de ellos. 


Alfredo Olivari, con el automóvil número 4


 Aunque los pilotos Plácido Ruiz, Fermín Martín y su acompañante Miguel Zatuszek fueron asistidos en el Hospital Pirovano, fallecieron a las pocas horas. 


Hugo Abramor durante la carrera


El eco de esta tragedia llegó a todos los rincones del país. El Sr. Victor A. Pennini, testigo presencial, aportó espontáneamente su material fotográfico al diario El Pregón, que en su editorial agradeció la colaboración de Casa Torvic, por ceder gentilmente esos documentos gráficos invalorables.     


Abramor, tras el accidente





El Mercedes Benz de Fermín Martín, totalmente destruido



Una vista del circuito, en el sector donde ocurrió la tragedia. Fallecieron Julio Tripaldi, espectador; los pilotos Plácido Ruiz, Fermín Martín y su acompañante Miguel Zatuszek



El santafesino Domingo Ochoteco



Otra imagen de Ochoteco y su Alfa Romeo



Una rueda del automóvil de Fermín Martín



El eco de esta tragedia llegó a todos los rincones del país