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Carlos Cabrera cumplió 22 años como sobador de cuero

Le siguen sacando el cuero

30|08|20 20:05 hs.

El 7 de agosto de 1998 Carlo Cabrera compró en el frigorífico El Rodeo sus primeros cueros. Así está anotado es en un cuaderno, en el que están detalladas todas las compras que hizo hasta hoy. Si a los cueros que adquirió para trabajar él se le suman los que le enviaron algunos de los sogueros más prestigiosos del país, el tresarroyense ronda las 3000 piezas. 


“He cumplido 22 años como sobador, la actividad que elegí para vivir y con orgullo puedo decir que he logrado un producto de gran calidad porque así me lo hacen saber los grandes sogueros del país”, cuenta con satisfacción “pero sin creérmela” Carlos, mate en mano en su taller. 

“Pablo Lozano me dijo que este cuaderno es una reliquia, y eso para mí es otro motivo de orgullo”, cuenta. A los ojos de Carlos, Lozano “es la excelencia en soguería”. Y en muchas oportunidades le ha comprado cuero para confeccionar sus pilchas. “Eso quiere decir que los cueros que hago son de muy buena calidad. Es un honor tenerlo de cliente”, comenta este artesano del cuero que hasta los 30 años anduvo arriba de un tractor y desde hace 22 se dedica a preparar la materia prima del oficio emblema del tradicionalismo.



Cuna de cuero 
El primer contacto con el oficio lo tuvo no bien empezó a gatear. En la casa de Carlos Cabrera el cuero daba el pan de cada día, y la primera imagen que el soguero tiene de sus padres es justamente, con sogas en la mano. Y ese mismo olor a cuero que se respiraba en la casa de campo de la familia, se distingue hoy en las ex barracas López, devenidas en el búnker de Carlos. Aunque por más que haya sido amor a primera vista, la relación entre el cuero y Cabrera tardó 30 años en formalizarse. “Hasta los 15 años vivía en el campo, y si bien le daba una mano a mi viejo con el trabajo, recién en 1998 decidí dedicarme a esto a pleno”, explica. 

Sus comienzos como soguero tuvieron la obvia influencia paterna: trabajos con cuero salado, las primeras costuras, los botones. Hasta que en la vida de Cabrera se cruzó Julio Biocca, hombre amante de la tradición y amplio conocedor del paño. “El fue el primero que me dijo que hiciera cuero natural en lugar de salado, que es lo que más se hace acá. Y se lo voy a agradecer toda la vida. Es mucho más difícil sobarlo, pero una vez que lo sobás da gusto trabajarlo. Mi técnica, por ahí te lleva 30 horas contra las dos que te demanda la tradicional, pero el producto final es de otra delicadeza. El trabajo que le dedicás al cuero redunda en calidad. Y la calidad es lo que hace que te reconozcan por el nivel de tus cueros”, explica. 



Aunque en realidad, si bien es cierto que la preparación de cueros es su medio de vida, Cabrera también es soguero. Pese a que aclara que “intento ser soguero” y que no aprendió a hacer todos los artículos que integran el manual de la soguería. Más allá de su visión, sus pilchas merecieron reconocimientos en las muestras tradicionalistas más importantes del país. El último suceso lo tuvo en La Rural de Palermo de 2017, donde obtuvo el primer premio con una cincha de lujo luego de exponerla en el cuarto de sogas. 

Entre sus trabajos más curiosos, el primer escalón del podio lo ocupan los 724 metros de cuero cortados en una sola tira que le tuvo que preparar a un empresario suizo que quería entrar en el libro de récord Guinness. Para Carlos ese encargue fue un reconocimiento a su labor: “El suizo buscaba alguien que trabajara el cuero crudo, algo que hacía el gaucho. Y así se contactó con un talabartero de Santa Rosa, y finalmente llegó a hablar conmigo”, cuenta.

También está en el podio un pedido que le hizo el cantante italiano Andrea Bocelli. “Le hice una cabezada y riendas. El encargue me llegó mediante un amigo que está viviendo en Uruguay que conoce a un muchacho que amansa caballos en Italia”, relata. 



“El cantante, al ser ciego, tiene mucha sensibilidad en las manos y allá las riendas son ásperas. Una de las condiciones que tiene mi cuero es que es muy suave. Y el trabajo quedó muy bien” agrega.

Cuando mira para atrás y observa el camino recorrido, Carlos asegura estar satisfecho con lo hecho. “He tenido una gran evolución. Mi trabajo, mis cueros, son reconocidos por el que sabe, en eso estoy más que conforme”, dice. 

Este oficio, el que aprendió de su padre ya fallecido, y también de su mamá Elvira, a quien todavía tiene a su lado, es su pasión. 




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La preparación del cuero 

El trabajo de Carlos Cabrera comienza cuando recibe el dato de que en El Rodeo se mató una vaca con un cuero aprovechable. A partir de ahí, comienza el proceso: “Yo compro el cuero recién faenado. Lo traigo y lo primero que hago es lavarlo a fondo con agua. Utilizo una hidrolavadora. El segundo paso es descarnarlo, es decir, sacarle los restos de carne que pudiera tener. Y luego lo estaqueo”, explica el soguero. Podría decirse que esa es la primera etapa del proceso. Luego llega el momento de esperar que el cuero se seque. Eso puede demandar entre dos semanas y un mes, según el clima. “Obviamente que en el invierno tarda mucho más que en verano. A diferencia de muchos, yo el cuero lo seco a la sombra. Es mejor que no le dé el sol porque estar expuesto a los rayos solares hace que el cuero se ponga vidrioso”, comenta. 

Y agrega un detalle clave: “Una vez que está seco lo pelo. Esa es una de las diferencias de mi cuero, que lo pelo a ceniza. No es fácil hacerlo, pero es fundamental. Le espolvoreo ceniza de leña y con una caña le arranco el pelo de raíz. Una vez que está bien pelado, le paso la sobadora, que es una máquina que lo deja blandito, dócil para trabajar. Y cuando se termina el sobado ya se puede hacer cualquier cosa”, explica, mate en mano, como buen amante de la tradición gaucha. 

Confeccionar un buen cuero a Cabrera le demanda alrededor de tres días.