Raúl Pinza, ingresando al mar en la Stella Maris junto a su hija

Claro, Reta y Orense

La experiencia de la pesca artesanal

Caer arriba del pescado

26|08|20 09:27 hs.

Así como es habitual zafar en la gran mayoría de los días en que un pescador artesanal ingresa al mar para hacer su trabajo, también es cierto que hay jornadas en las que la actividad está protegida, bendecida. 


El lunes, Raúl Pinza quien tramita su jubilación como pescador artesanal, entró a la tarde a relevar sus paños (redes) de pesca y recibihttps://youtu.be/yFzp5huJzMIó el plus necesario para llenar cajones con productos de mar, pero también para colmar a su espíritu de confianza. 



Acompañado por su hija más chica, Catalina, trabajó fuerte con sus manos, los dorsales de su espalda y sus piernas, para cargar en la Stella Maris redes de 50 metros de largo por dos de alto con una gran cantidad de gatuzos y hasta alguna que otra pescadilla. 


El Pinza, Catalina y la Stella Maris “cayeron arriba del pescado”


“Vamos Pinza”, lo alentaba orgullosa Catalina mientras filmaba con su celular la cosecha que su padre efectuaba en ese momento, mientras las gaviotas revoloteaban cerca de la nave, agitadas por el inconfundible olor a pescado fresco. 


El Pinza para poder entrar solo -sin marineros- debe salir con media marea; subiendo o bajando. De ese modo la Stella Maris puede permanecer a flote el tiempo necesario para dejar el tractor a una distancia prudencial, y luego saltar a la lancha para meterse en el mar


De ese modo la adolescente descubrió también lo sacrificado del oficio, que no sólo requiere de las herramientas necesarias para hacerlo, del clima que lo condiciona y del conocimiento para saber cómo y cuándo entrar al mar; sino también de la voluntad y las ganas para que el mar no doblegue la voluntad del pescador cuando las jornadas de redes casi vacías son las que más se repiten. 



Pero la del lunes se recordará con entusiasmo. El Pinza, Catalina y la Stella Maris “cayeron arriba del pescado” como se dice en la jerga marinera. Los cajones que salieron de esa entrada al mar, fueron el fruto de un buen día trabajo y de alimento fresco al que en casa se le agrega valor con la limpieza para el posterior abastecimiento del mercado interno.