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Maxi Banegas

“Me trae el destino o los traspiés del camino”

09|08|20 20:14 hs.

Maxi Banegas es otro de los artistas que ha quedado “varado” por la situación de esta pandemia. 


Si bien su vínculo con nuestra ciudad es a través de su madre, quien desde hace pocos años ha vuelto a vivir en Tres Arroyos, estaba sólo de visita cuando esto lo sorprendió. 

Es nacido en Bahía Blanca pero como cuenta “tengo raíces acá. Mi viejo era de Copetonas, mi abuelo -Raúl Banegas- fue árbitro de fútbol en la liga local”. 

Desde hace once años reside en Cosquín, Córdoba, llevado por el canto. Pero a nuestra ciudad viene “cada tanto a ver al pariente y a mi madre”. 

En 2019 vino a la ciudad de visita y se le rompió su auto, más precisamente el motor, pero como llegaba la temporada de Córdoba retornó a la provincia a trabajar, “el fuerte del músico”. 

Volvió a buscarlo en este mes de marzo y fue cuando lo agarró la pandemia. Recuerda que el año pasado, cuando se le averió el vehículo se quedó en nuestra ciudad unos seis meses, era el invierno. Este año regresó a buscarlo y “por destino o lo que sea desde marzo estoy acá. Me trae el destino o los traspiés del camino” cuenta entre risas. 


Junto a Rebeca Ferretti, contando su vida


Camino a Cosquín 
Su llegada a Córdoba se da por el sueño de conocer y ver cómo es Cosquín que, junto a unos amigos, y después de hacerse “de unos pesos”, su afición por el folclore y su vocación por el canto lo llevó allá. Ese amor a primera vista lo enloqueció, la Plaza Próspero Molina que “tiene algo” para los cantores y amantes del cancionero popular. Esto fue en 2001, “tenía 18 años” cuenta emocionado Maxi. 

Una de las sorpresas fue encontrarse, en la primera noche que fue a la Plaza Próspero Molina, cantando a Abel Pintos. “Yo con él me había cruzado en alguna fiesta en Bahía y en White porque por Cultura andaba en las fiestas nacionales. Cuando lo encuentro en Cosquín pensé, ‘no lo puedo creer’, él estaba en el escenario cantando y yo detrás del alambrado mirando a pesar de ser del mismo lugar”. 

A Cosquín fue por quince días, a pasear, y se quedó once años porque la actividad cultural es todo el año. 

“Si me quedé tanto tiempo allá fue porque Cosquín me recibió bien. Logré en el 2014 cantar en la Plaza que era uno de mis sueños, desde ahí conocí gente que me llevó a conocer la Argentina con el canto. Con managers que me hicieron sentir un cantor, por allá en Cerri o en Bahía para organizar un viaje con la banda había que hacer de todo. En Cosquín, cuando subís al escenario, ya tenés la categoría de cantor. Yo llegué al Atahualpa Yupanqui por haber sido seleccionado en el Cosquín de Peñas que durante el año va convocando a participar”. 

De ahí anduvo unos dos años cantando en Rosario pero del mes unos diez días volvía a Cosquín porque estaban viviendo sus padres. Este mismo productor le propuso a un comerciante rosarino abrir una peña en Cosquín que durante cuatro años estuvo con el nombre de la Peña del Pueblo de Maxi Banegas. 


(Fotos y video: Horacio Arbasetti)


¿Nuevo destino?
Pero la vida le dio una nueva vuelta de tuerca y por la pandemia, ahora acompañado por un hermano suyo se tuvo que quedar en Tres Arroyos. Fue algo difícil porque de estar viviendo entre Cosquín y Carlos Paz a quedar en nuestra ciudad el cambio fue grande. Pasó de estar cantando en hoteles o para contingentes turísticos, hablando con gente de distintos lugares a quedar varado acá. “Fue fatal, dice reflexionando. Hoy le decía a Rebeca que me siento como un pájaro enjaulado por no poder cantar. Además el tener que molestar a otro porque te toca la parte económica es bravo. Córdoba me dio la posibilidad de vivir tranquilo de lo que me gusta imaginando que esto no iba a pasar nunca. Uno a veces tiene que hacer otras cosas pero el andar tanto tiempo con la música es como que se te olvida cómo se agarra una pala. Recién ahora estoy entendiendo que esto es una realidad”. 

La fe es algo que siempre acompaña a Maxi y no deja de soñar “por algo las cosas se dieron, que dos veces que vine acá por circunstancias de la vida siempre me quedo. Yo creo que es una señal, algo tiene que pasar en este lugar porque si yo me quedaba en Cosquín a atravesar esta pandemia iba a ser más difícil que en Tres Arroyos, por algo Dios hace las cosas. Acá tengo la contención de la familia, si mañana tengo que molestarla para poder vivir ellos van a estar. En Córdoba estaría muy solo. Creo que Dios me acomodó acá; a Cosquín fui por quince días y me quedé once años ahora vine por una semana y llevo cinco meses. Algo lindo va a pasar acá, desde el punto de vista artístico también”.

El reencuentro con nuestra ciudad le ha permitido vincularse a otros músicos, un piano, otra guitarra, su hermano Kevin que hace percusión. Se están armando cosas porque “esto tiene que pasar”.       


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El folclore, la familia y Ramón Ferretti


Ramón y su acordeón, un personaje entrañable de las peñas


Su vínculo con el folclore es de cuna, porque vivió desde chico en General Cerri -a escasos diez kilómetros de Bahía Blanca-. Un “pueblito de campo, de gente criolla que trabaja en él. Mis viejos eran propietarios de una casa muy antigua, asentada en barro, pisos de madera, y él después de un accidente y por consejo de un amigo puso un boliche -había hijos por criar-. Así que mi vieja era cantinera y él, el hombre de la casa, yo con unos cuatro años”. 

A ese lugar comenzó a venir gente de campo, cantores de paso o simplemente peones que agarraban la guitarra para aguar las penas. Maxi arrancó siendo “el chico de los mandados y eso me relacionó con la música. Pero esto fue a través de una guitarra que ví en la mudanza de un vecino. Pero en el boliche, los cantores hicieron el resto sumado a mi familia porque mi viejo era apasionado del folclore. El debut se da subido a una lata de 20 litros cantándole una canción a mi mamá y de ahí no paré más”. Así vinieron los primeros “tarros” para zapatear, después una guitarra -Antigua Casa Núñez-, pilchas, “regalos” dice Maxi. 

Así fue creciendo pero esto no lo conformaba, en Bahía Blanca y con su canto trabajó por Cultura municipal en espectáculos oficiales o escolares. “Hasta canté en las cárceles, cuenta, pero sentía algo más porque esto te atrapa, tenía un sueldito que a vos te conviene y ya te quedás ahí. Podía pasar eso, pero el viaje a Cosquín me cambió la cabeza”. 

Recuerda siempre que “el escenario también me cansó un poco, no logras establecerte, hacer una familia... Hay una canción que dice ‘andar y siempre andar diciendo siempre adiós parece que ese fuera mi destino’ y por ahí no parás nunca. He perdido cumpleaños de familia, a mi vieja no la vi por cinco o seis años, a mis hermanos, que se fueron de Córdoba de chicos poco los vi. La noche y el escenario tienen su precio. Cuando vengo acá disfruto de otra cosa. Hay cosas lindas para contar en los once años en Córdoba pero también hay de las otras, gravísimas, el negocio es la trampa del arte”. 

Unidos por el padre 
El vínculo establecido con Rebeca Ferretti ha sido por la música y sus padres. Maxi la ha animado a que trabaje en esto porque siente que cuando se relaciona con ella o algún músico tiene algo como incorporado “Por ahí viene de su papá -Ramón Ferretti- o de su tío que fueron músicos, nos llama eso, nos juntamos. El músico se conecta con su par. Rebeca me contaba de cuando andaba con su papá en las peñas, que cuando te falta eso extrañás. Yo le he comentado de mi carrera y esto ha generado la amistad, los contactos con la televisión ayer, hoy el diario. Para el artista es fundamental”. 

Rebeca Ferretti sostiene que a los dos “nos juntó la falta de nuestros padres. Eso es como que ha fortalecido una amistad entre nosotros. Yo desde el punto de vista de entenderlo a él como músico, porque hoy mi papá no sé cómo hubiese estado. La desesperación de querer cantar, de subir al escenario, yo le organizaba las peñas a papá, iba con él a todos los medios. Al verlo a Maxi que se tuvo que quedar acá, sumado a lo que hacía por y con mi papá es como que se fue dando. Además de que él muchas de las cosas que dice me lo recuerda, hace un rato hablábamos y me dice ‘la música sana el alma’. Esto lo dijo mi papá cuando estaba internado, me acuerdo que el doctor Matta puso en la sala que en un momento de la visita había que tocar el acordeón porque papá lo había definido como que la música sana el alma. Algo que hoy, en medio de la pandemia es posible hacerlo por una radio o un medio de red pero para el artista hay que esperar. Es muy difícil” dice en el final.