Deportes

Entrevista a Hector "Conejo" Cucchi

Del potrero a la cancha de El Nacional

11|07|20 20:08 hs.


Héctor “Conejo” Cucchi despliega la camiseta de El Nacional en una mesa de su casa, que está ubicada sobre calle Córdoba, entre las canchas de El Decano y Villa del Parque. La casaca –usando un término de otras épocas- tiene el número cinco en la espalda.

 “No fue la última que usé –explica-. Es de cuando ascendimos en 1977”. Por entonces, el partido definitorio como locales ante Echegoyen, transcurría en forma pareja, un gol por equipo; “hubo un foul a nuestro favor a la altura del túnel de los vestuarios; vino Mariano Moreno y me dijo ‘tirámela al primer palo’. Le pegué chanfleado, cabeceó y la puso en un ángulo. Me regalaron la camiseta en la fiesta que el club hizo por volver a Primera”. 

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La historia se remonta a la adolescencia de Héctor Cucchi, a fines de la década del ’50. En aquellos tiempos no había escuelitas de fútbol. Se aprendía en los potreros, en terrenos grandes donde se armaban “los picados”. Los clubes tenían pocas divisiones: sexta, quinta, tercera y primera, o aquellos que estaban en el ascenso contaban con sexta, quinta, cuarta y segunda. 

Uno de los semilleros, espacios para el surgimiento de jugadores, eran los torneos de barrio. Héctor Cucchi formaba parte de Villanieve, también estaba Barracas, entre muchos otros equipos. 

Detrás de la casa de su familia, situada en Derqui 662, había un terreno grande. Allí lo vio jugar Rómulo Rodríguez, quien tenía una edad similar, y lo invitó a ficharse para ser su compañero en El Nacional; “se acerca y me comenta ‘el sábado hay un partido amistoso en la cancha de Villa ¿querés probarte?’. Respondí que sí. Yo nunca había pisado una cancha de fútbol”. 

Llegó el sábado, le dieron un par de zapatillas azules acordonadas, que usaban para jugar. El director técnico le anticipó que iba a entrar en el segundo tiempo. “Como a los veinte minutos había hecho tres goles, me dio lástima el pibe que era titular. El campeonato empezaba el otro fin de semana y lo ‘colgó’, quedó entre los suplentes. Nunca más apareció”, recuerda. 

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Tenía 14 años cuando empezó en sexta división, en la posición “de diez”. En quinta prácticamente no jugó, “pasé rápido a tercera”. Le fue bien, disfrutaba en la cancha y solía hacer goles, muchos de tiro libre porque era una de sus especialidades. 

“Llegó el momento en que ‘todos me decían en cualquier momento jugás vos en primera’. Yo estaba por cumplir 17 años. Pero ¿quién lo sacaba a Ramón Suárez?”, señala sobre un referente de El Nacional. 

Aparece en su primera experiencia en primera, un nombre grande de este deporte: “vino Eduardo Ricagni a dirigir El Nacional y a los 16 años, me puso contra Colegiales”, indica. Ricagni había jugado en Juventus y Milan, entre otros equipos de Italia, y en la selección de ese país, cuya nacionalidad adoptó; anteriormente en Platense, donde surgió, luego en Boca, Chacarita, Huracán, Wanderers de Uruguay. Fue un lujo para todo Tres Arroyos tener a un referente de su dimensión. 

En 1963, Héctor Cucchi protagonizó con sus compañeros un capítulo de gloria en la historia del club, al salir campeones del torneo oficial. En el último partido, se despidió Suárez y él cedió su lugar en el equipo. “El Nacional llevaba tres puntos de ventaja, antes por ganar te daban dos, ya era campeón. Ese partido perdió uno a cero, ganó el título por un punto, tuve que jugar en tercera”, cuenta. 

No se permitían cambios y si alguien se lesionaba, continuaba el juego con uno menos. Héctor Cucchi relata que “nos concentraban a las diez de la mañana en la institución. Almorzábamos ahí. El técnico, que era Román Benítez (provenía de Independencia de Chaves), me llamó aparte y me explicó que no iba a estar en primera. Yo lo entendí”. 

 La segunda parte de ese campeonato había sido titular y describe con satisfacción dos goles olímpicos que hizo en el estadio ubicado a metros de la ruta 228, que lleva el nombre Antonio Mateo Catale. “En la selección de Tres Arroyos también hice un gol olímpico desde la izquierda en la cancha de Huracán, había un viento bárbaro”, agrega. 

Por supuesto, sabe de triunfos y de campañas muy buenas. No obstante, puntualiza que le tocó además afrontar circunstancias desfavorables: “viví dos descensos y un ascenso. Etapas buenas y malas”. Como se indicó, ganó el campeonato oficial en 1963 y en varias ocasiones el campeonato Milanesi (similar a lo que fue, en una etapa posterior, el Torneo Preparación).  


En 1963, El Nacional logró el campeonato oficial. En la foto se observa a Pedone, Arámbulo, V. Tedeschi, Escur, García Blanco, Abad, P. Tedeschi y el DT Román Benítez; abajo Cucchi, Rodríguez, Ferreras, J. B. D’Alessandro y C. D’Alessandro


Con Suárez retirado, “no falté más en primera –manifiesta-. El primer partido con Alumni hice dos goles. Y tuve la suerte de jugar cuando estaban incorporados equipos de la Liga de Dorrego, muy competitivos”. 

No es casual que convirtiera goles de pelota parada. A sus dones naturales, le sumó mucha práctica. “Soy derecho, pero manejo la zurda igual –señala-. Entrenaba mucho y me quedaba a patear tiros libres”. 

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A los 20 años, realizó la primera parte del servicio militar en Tandil, aproximadamente dos meses, y participó en partidos amistosos en Ferrocarril Sud. “No sé si es que jugaba bien o tenía suerte, pero el primer partido hice dos goles”, dice. Luego fue enviado al Tiro Federal de Tres Arroyos, que había pedido algunos conscriptos; “los dirigentes de Ferro me querían matar, les había rendido bien y esperaban que me quede”. Otro jugador tresarroyense, Duport de Quilmes, se incorporó a Ferrocarril Sud “en la colimba” y permaneció más tiempo en Tandil. 


Con la camiseta de El Decano, listo para jugar


Sus colores son los de El Nacional. Vistió por supuesto, la celeste y blanca de la selección de Tres Arroyos (Ver recuadro) y se desempeñó algunos torneos en otros clubes. 

Es así que tuvo un paso por San Martín de Coronel Dorrego, junto con “Laucha Pedone”. El plantel que integró logró el subcampeonato, detrás de Independiente, a solamente un punto de distancia. “Con el dinero que me pagaron alcancé a hacer un departamentito atrás de mi casa”, valora. 

Un año jugó en Boca, “me llevó un dirigente, Di Biasi”. Fueron subcampeones y entre sus compañeros de entonces menciona a Jorge Herrera, otro refuerzo, Piernes, Sola, Cedrón, Azurmendi, Perrone, el arquero Ferrari que venía de Dorrego. Del mismo modo, estuvo en Alumni de Orense, con “Murillo, Ortiz, Páez, Tapia, íbamos primeros, nueve partidos habíamos jugado y no me acuerdo porqué se suspendió el campeonato. Teníamos un equipazo”. 

En el último período de su carrera, cuando ya había decidido dejar la actividad, Mario Hobiague lo convenció de ir a Unión. “Me lo encontré en la cancha de Villa. Me dijo ‘yo voy de cinco y vos de ocho’. Ya vivía en mi casa actual, entonces mi reacción fue ‘¿cómo hago para ir a entrenar?’. Mario me llevaba y me traía en auto. Ganamos la copa Milanesi, la final fue contra Argentino Junior y me tocó patear el último penal”. 

A mitad del campeonato siguiente, finalmente Héctor Cucchi se retiró, “colgó los botines”. Se alejó de las canchas también como espectador, sobre lo cual considera que “seguramente me cansé. Jugué 21 o 22 años en primera, no paré. Hay jugadores que al retirarse se deprimen, se enferman, yo no tuve ese problema”. 
   
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Los nombres que menciona vinculados a El Decano son muchos. Moreno, Ozán, Ferreirós, Costa, Daguerre, Saldías, Cejas, Tedeschi, Pedone, Abad, Salomón, Arámbulo, entre tantos otros. 

Además de la camiseta que utilizó el año del ascenso, hay sobre la mesa fotografías de sus tiempos como jugador, recortes periodísticos y un par de números de la recordada revista Deportodo. 

Héctor Cucchi trabajó durante cuarenta años con Zurita, como oficial especializado. Los fines de semana solía hacer algunas changas, para ampliar los ingresos. Con su señora Graciela D’Atri tuvieron dos hijos: Sergio –quien jugó en Villa- y Esteban. 

 La familia es el tema central en la última parte de la entrevista. Llega la despedida y un hasta cualquier momento, tras una charla distendida y agradable. De fútbol, por supuesto, y un poco también de la vida.  


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El rival de Azul “ligerísimo” y la anécdota de la moneda 

“Me convocaron varios años a la selección de Tres Arroyos, el técnico Lorenzo Ceballos me quería mucho”, afirma Héctor Cucchi.


Con la selección de Tres Arroyos, Cucchi ante el arquero de Saladillo. La cancha, totalmente colmada


Argumenta que “yo era perseguidor, seguramente a él eso le gustaba” y menciona como ejemplo: “fuimos a jugar a Azul, había un tal Rubio, era profesional, nos pegó un baile…ganaron 3 a 0 y fue la figura. En la revancha en Tres Arroyos, Ceballos me pidió ‘no lo tenés que dejar mover’. Rubio era ligerísimo, me costó mucho pero lo logré. Nos impusimos 3 a 0 y ganamos por penales, los hizo todos Tarula Vázquez. El arquero tardaba, se hacía el interesante, iba Tarula y le decía te voy a poner uno allá, otro allá”. 

Comparte otra anécdota inolvidable, un partido con Saladillo que se definió con el lanzamiento de una moneda. “Antes de que cayera la moneda, Luna se tiró arriba y exclamó ganamos, empezamos a festejar. No se sabe en realidad como cayó. Yo estaba ahí y no lo vi”, explica. 

Una de las formaciones que menciona de la selección es Olivieri, Tiberio y Luna; Pérez, Sale y Zerdá; Pedone, Cucchi, Vázquez, Goroso y Piernes.