Interés General

En el Día del Arquitecto: recordamos a César Pelli

La arquitectura es "un arte de colaboración"

01|07|20 15:43 hs.


Hoy se celebra el Día del Arquitecto, Por este motivo, desde el archivo de La Voz del Pueblo, tomamos esta entrevista realizada al arquitecto César Pelli y publicada en julio de 2014. Desde 1952, hasta su fallecimiento el año pasado, residió en Estados Unidos. La palabra y el legado de un referente

Por Diego M. Jiménez

Cuando pensé en Cesar Pelli (San Miguel de Tucumán, 1926) como futuro entrevistado sobrevolaba fuertemente la idea de la imposibilidad de ubicarlo. Es que desde 1952 reside en los Estados Unidos y sus trabajos, tanto como su estudio, están globalizados.

Pero, acostumbrado a construir rascacielos y obras fantásticas, resolvió con sencillez pasmosa la solicitud de este entrevistador. No viajé, por cierto, a New Haven (Connecticut), ni tampoco nos encontramos en un punto intermedio. Lo cual habría sido problemático. 

Combinamos una charla, facilitada por la tecnología y por el estilo jovial de este argentino notable que la vida y su talento convirtieron en uno de los arquitectos más importantes de nuestro tiempo.

Aquel estudiante de la Universidad Nacional de Tucumán al cuál le gustaba la plástica, el diseño y la historia de la arquitectura, descubrió en Norteamérica la profesión que le dio fama internacional. "...En Estados Unidos, con Eero Saarinen (1910-1961), aprendí a hacer, que es muy diferente a concebir una idea...", indica.

- En un mundo en el que predomina la moda, la pasión por lo nuevo, afirma que "mi estilo no es tener estilo". ¿Qué quiere expresar con esta frase?
- Así es, no tengo un estilo personal. Creo que esto es algo forzado, no está en la naturaleza de la arquitectura. Sin duda, como negocio, sería mejor tener un estilo. Eso ayuda a vender el producto de uno. Pero yo no podría trabajar así, por eso no me preocupa. Yo hago lo que siento que debo hacer. Y he tenido suerte. Tenemos muchos clientes que vuelven a nosotros varias veces. Es decir, que están muy satisfechos con lo que hacemos. Es más difícil conseguir nuevos clientes pensando como yo. No hacemos cosas extravagantes que es lo que las revistas publican hoy. Tenemos mucho trabajo, por eso no tengo de que quejarme.

- Usted ha dicho, en reportajes o conferencias, que a pesar de no tener un estilo definido, al construir un edificio piensa en el contexto en el que van a estar situados. Además de persistir en su visión la preocupación social. 
 - Las preocupaciones que dirigen mi trabajo son principalmente sociales y una de las primeras cosas que yo creo que debo hacer es cumplir con esas responsabilidades. Pero además tengo cierta sensibilidad, cierto sentido de las proporciones, ciertos colores o combinaciones de ellos, que yo prefiero. Eso se repite. Y si alguien conoce mi obra bien, puede reconocer un edificio mío. Pero no es algo obvio. En cualquier obra de arte o artesanía, es inevitable que aparezca la personalidad de su autor. Uno deja una marca. Aún sin querer. 

- Algo que me llama particularmente la atención, es que en todas sus intervenciones públicas (revistas, conferencias, presentaciones) hace referencia a su formación y a la educación en general. Incluso, cuando se lo ha consultado en torno a los pasos que sigue para diseñar algo, el primer punto que menciona es el "proceso educativo"
- Eso lo tengo muy presente, está en mi sangre (dice riendo con entusiasmo). Mi madre era una gran educadora, escribió libros sobre educación, fundó un colegio en Córdoba. Yo he enseñado casi toda mi vida. El enseñar y el aprender son partes integrales de mi profesión de arquitecto. En mi estudio, una de mis responsabilidades es formar a los jóvenes que vienen a trabajar conmigo. Y los he formado muy bien, muchos de ellos hoy son mis socios. Otros tienen sus propios estudios con mucho éxito. Creo que estoy descargando bien mis responsabilidades educacionales.

- Cuándo recibe a un pasante en su estudio, ¿cómo distingue un buen teórico de un arquitecto futuro?
 - Es una buena pregunta. Cuando yo digo que hay cosas que uno aprende con la práctica, también indico que lo que uno aprende en la universidad es indispensable. No podría funcionar en la práctica profesional sin lo que ha aprendido allí. En la universidad se aprende el lenguaje de la arquitectura, que es muy diferente, muy único, la historia de la arquitectura, que es una planta, un corte. Todos los rudimentos del oficio. Las ideas eternas de nuestra profesión, las tradicionales, las corrientes, el espíritu de la disciplina. Uno se forma intelectualmente. Lo que no aprende es la práctica de la arquitectura. Eso es muy difícil. Las universidades tratan de replicarla, pero es muy artificial. No existen las presiones reales que confronta un arquitecto (tiempos, recursos disponibles, exigencias de los clientes, etc.). Cuando uno las sabe manejar se convierte en un arquitecto completo de verdad. 

- Algo que tiene relación con esto es que en la Facultad de Arquitectura donde fue decano, Universidad de Yale, no hay examen de ingreso. Se les toma allí un test, donde el estudiante debe descubrir si tiene el talento para estudiar la carrera. También, allí, no hay más de 180 alumnos, entre los que ingresan y los que están en los últimos años de la carrera
 - Para ingresar en Yale, a los estudiantes les hacen falta varias cosas. Un título universitario, que en Estados Unidos generalmente significa cuatro años y que son de educación general, liberal. Tienen que presentar sus notas, algunas cartas de profesores y un portafolio de dibujos, diseños y o cualquier otra obra de arte que haya hecho, para determinar si ese individuo tiene ojo artístico o no. En un lugar como Yale, buscamos gente que tenga un buen ojo. Y tenemos. La selección la hace un grupo formado por unas ocho personas, de las cuales unas cinco son estudiantes. Lo más interesante es que los jueces más severos son siempre los estudiantes. 

   - ¿Por qué esa pasión por edificios altos, por los rascacielos? Cerca de aquí, en Mar del Plata, está construyendo uno espectacular (Maral Explanada).
- No es pasión (riendo). Así se me dieron las cartas, que voy a hacer. Si me dieron cartas altas, tengo que jugar con ellas. Me gusta mucho el tema pero yo no puedo decidir eso. Cuando un cliente viene a pedirme que le diseñe un teatro, hacemos un teatro. Se dio que me pidieron edificios altos y los hice bien, fue un accidente muy importante en mi vida.

- Algo que debe ocurrir en todas las ciudades del mundo, grandes o pequeñas, es el dilema de hasta cuando hay que conservar los edificios antiguos y dar paso a lo moderno. ¿Cuál es el límite entre lo nuevo, lo moderno, lo más funcional y lo más antiguo, lo que corresponde al patrimonio histórico? ¿Cómo hacer un corte allí?
 - Ojalá tuviera una respuesta clara. Es difícil y hay que juzgarlo en cada ocasión. Sin duda yo creo que es importante mantener una conexión con nuestro pasado. Sobre todo mantener las cosas bellas que se han hecho en otras épocas. Yo creo que las cosas bellas que la cultura en un momento produce son como regalos que se hacen a la posteridad. Cuando visito Venecia, gozo con lo que hicieron aquellos uno siglos atrás. Lo mismo me sucede en París, y en otras ciudades. En Buenos Aires mismo uno goza de los edificios que fueron diseñados en el sistema académico tradicional básico o en la colonia. Son regalos joyas que van subiendo en valor cuanto más tiempo pasa. Sería una pena enorme perderlos. Sin duda llega un momento en que dejan de funcionar totalmente, dejan de funcionar físicamente y estéticamente y hay que cambiarlos. Pero eso hay que medirlo con mucho cuidado, porque perdemos mucho al echar abajo edificios de calidad que vienen del pasado. 

 - ¿Cómo es su relación con sus obras? Diseñó una cantidad enorme y ha comentado que se acuerda de cada una de ellas, ¿qué siente cuando las visita luego de un tiempo?
- Visitar una obra mía del pasado para mí es como visitar a un hijo que se casó y se fue a vivir a otro lugar. Siempre es un placer muy grande, siempre veo algo nuevo. También a veces pienso como pude haber hecho tal barbaridad. Pero no se lo digo a nadie (entre risas).

- ¿En su estudio trabajan más de cien arquitectos? 
- Aquí en New Haven, sí. La mayoría no son legalmente arquitectos porque no se han registrado. Un 60% están registrados.

 - Necesariamente su estudio es un equipo. ¿Cómo trabajar de ese modo, conciliar perspectivas y llegar a un resultado? ¿Cómo se logra eso?
- Es más común en Estados Unidos, pero no todos los arquitectos trabajan de este modo. Hay un mito en la arquitectura de que la creación es un acto individual. Yo no creo en eso. Para mí la arquitectura es un arte de colaboración, desde el principio. Cuando tenemos un nuevo encargo visitamos y estudiamos el terreno, hablamos con nuestros clientes, nos explican lo que desean, vemos el lugar circundante, el programa, los límites en el presupuesto. Eso con el equipo. Luego discutimos con todos cuales opciones hay. Concluimos siempre en tres o más direcciones básicas posibles y hacemos maquetas de ellas. Vamos viendo las posibilidades y las discutimos con nuestros clientes. Si no les gusta una dirección, tomamos otra. Tenemos que colaborar con el ingeniero de estructuras, que también tiene mucho que decir. Al cliente hay que meterlo en la lógica de esto. Después viene el constructor.

- ¿Nadie prima sobre otro. Las mejores ideas son las que se llevan adelante?
- Cualquiera puede tener buenas ideas. Lo crítico es reconocerlas. Y de donde vengan hay que tomarlas.

- Justo Solsona nos decía que la parte más artesanal de la arquitectura es la construcción de una casa. Usted no construyó muchas casas...
- Respeto mucho a Jujo. Debe ser verdad lo que dice, por eso yo no construí muchas (riendo). He diseñado cuatro casas. Diseñé mi casa ni bien me recibí, pero nunca la pude terminar. Estamos diseñando una quinta en este momento, pero no voy a estar tan involucrado en ella. La hacen un par de mis socios.

- ¿Cómo es su rutina habitual de trabajo? 
- Es muy simple. Ahora vengo a mi estudio a las diez de la mañana, antes solía venir ocho y media, y me quedo como hasta las cinco de la tarde. Me solía quedar hasta las ocho. Mi secretaria ni bien llego me da una tarjetita con toda la actividad del día, las reuniones, los trabajos. Generalmente media hora o una hora de trabajo con cada una de las personas y clientes. Tengo reuniones de proyectos, con asociados. Y hoy en día ya no viajo tanto. Dejo los viajes en manos de mis socios. Tenemos mucho trabajo en el Oriente: Japón, China, Singapur, Malasia, Indonesia, Vietnam. Todo eso es muy lejos para mí.

- ¿Se hubiera imaginado, en Tucumán hace 60 años, todo lo que le ocurrió con su profesión? 
- Jamás me hubiera imaginado esto.  

Concluye sonriente, pareciendo confirmar algo que siempre repite:"...el futuro siempre tiende a ser diferente a como lo imaginamos...".
     

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