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Por Jorge López de Ipiña

Franklin Martínez: el fútbol en su estado de creatividad y elegancia

15|06|20 21:14 hs.

Respetando sus gustos, ideales y convicciones, Franklin Martínez moldeó su carrera deportiva donde la creación, el buen trato de pelota, la vocación ofensiva y elegancia, asomaron como una ofrenda constante en beneficio del deporte, de su equipo y el espectáculo. 


En el fútbol argentino, la camiseta N° 10 tiene un sentimiento, historia o un valor especial, que él mismo se encargó de defender en cada equipo que estuvo. Para los tresarroyenses futboleros, y en especial para los simpatizantes de Huracán, este vínculo amaneció con el brillo especial de una bella mañana de verano en la cual el radiante sol alegra el alma. Algo así fue Franklin en una cancha, de él siempre se esperaba, y él regalaba, algo bello, preciso, efectivo, talentoso… 

Para él, el instinto natural, relacionado “al estado puro del fútbol, a la creación, a lo virtuoso” tiene un valor especial, “después llega la etapa de aprender los secretos del juego hasta transformarse en un verdadero jugador; yo me sentí así a los 25 años”, destacó. Pero ese instinto vuelve atrás en el tiempo, “eso lo aplicaba en el patio de la primaria, a los 6-7 años me tiraban la pelota y no quería que me la sacaran, quería gambetear a todos; quería jugar bien: por agradar y por ganar siempre”. 

A escena salta el ADN deportivo de los Martínez, su abuelo fue uno de los fundadores del Club Social de Dolores, su padre presidente de la institución, Franklin campeón de la liga local y su hermano Nicolás quien más tiempo actuó en el club. Pero en su niñez, el básquet ocupó un espacio vital en su vida. “Yo empecé jugando al básquet porque Social no tenía fútbol; jugué en minibasquet, fui a la capital a encuentros Argentinos; ese fue mi deporte hasta los 14-15 años aunque seguí jugando hasta terminar la secundaria. En el ‘80 Social sumó el fútbol y me fui metiendo en él; ese año clasificamos en ambos deportes para las finales de la provincia en un interescolar. Siempre creí que iría al de básquet pero no sé por qué, si alguien me convenció o si esa pelotita me tiró más, me subí al micro que iba a Punta Alta, al Provincial de Fútbol” recordó. 

El destino mostró su primera carta para que el fútbol recibiera decididamente a Franklin, quien con 16 años debutó en Primera y el año siguiente se consagró campeón. “Fue una alegría terrible, festejar con tu padre, con toda tu familia, con los amigos. Eso no me volvió a pasar, es el sentimiento más puro y real; vos sabés que yo soy de Huracán y de Racing, pero eso fue distinto. Mi camiseta es la de Social”, aseguró sintiendo el correr de la sangre por sus venas… 


Con la casaca del Club Social de Dolores, su lugar de inicio


Rumbo a Buenos Aires
En el ‘83 se fue a estudiar a Buenos Aires; ése y el año siguiente se los pasó viajando los fines de semana para jugar en Dolores, además de representar a la Universidad de Belgrano. En esa competencia marcó diferencias y llamó la atención de Atlanta; a principio del ‘85 fue a una prueba de dos semanas que pasó con éxito. Su carrera fue meteórica, en un año pasó de jugar para la Universidad de Belgrano a disputar las finales del Hexagonal Final por un ascenso a Primera en el Monumental y ante su querido Racing. “Fue un gran cambio de vida, me costó la adaptación; en reserva me pusieron de delantero y empecé a hacer goles todos los partidos, con lo cual me gané un lugar en el equipo superior”, debutando ante El Porvenir. 

De estar “alentando todo el ‘84 a Racing desde la tribuna, pasé a enfrentarlo; antes de esa recordada final en cancha de River, jugué ante la Academia en Avellaneda. Eso no lo podía creer, estaba en la cancha y miraba las tribunas…” dijo mientras su memoria revivía aquellos inolvidables momentos de hincha. “En la primera final de ese Hexagonal perdimos y a mí no me tocó jugar; en la revancha tuve la suerte de ser protagonista y ahí el profesional le ganó al hincha, todo mi ser estaba en pos del objetivo de Atlanta. Estuvimos muy cerca de llevarlos a un tercer partido; faltando 5 minutos tuve la chance de anotar pero mi remate se fue muy cerquita. Te juro, sentí el silencio del Monumental”, destacó. La Revista El Gráfico publicó, además de algunas fotos de Franklin, y afirmó, que la jugada polémica del match fue un supuesto penal a él no cobrado. “Mi carrera fue media rara” reconoció; porque después de eso, en la vuelta al equipo en 1986 “había la mitad de los jugadores; en marzo me llamaron a hacer el Servicio Militar, en Ciudadela, (venía pidiendo prórroga), se reestructuró el fútbol del ascenso y Atlanta quedó en la B, no fue al Nacional B; perdí el año. En el ’87 me puse las ‘pilas’, andaba bien, pero hacía 10 meses que no nos pagaban, todos problemas y la barra presionaba; la cuestión fue que 15 jugadores quedamos libre. Apareció la chance de Talleres de Remedios de Escalada, me inserté bien pero el equipo estaba bárbaro, a tal punto que ascendió y yo no pude ni jugar. Fue un lindo paso, me dio un poco de impulso para recuperar las ganas”, valoró.


En Atlanta Martínez dio el primer paso en el fútbol profesional


No obstante, con sus 22 años y “sin haber hecho buena plata, dije basta. Hablé con mi padre, me pidió que volviera a Dolores, a mi club, y a trabajar con él. Me pareció lo mejor, pero después de 4 o 5 fechas en Social me vinieron a busca de Grupo Universitario de Tandil, primero les dije que no pero terminaron convenciéndome”, aceptó. El destino estaba empecinado en llevarlo hasta ubicarlo en ‘su lugar en el fútbol’ porque en Tandil fue figura y como que de ‘la nada’ apareció la propuesta de un amistoso en Tres Arroyos, ante El Nacional que se preparaba para un regional”. 

“Ganamos creo que 3-0, a mí me salieron todas, hice 2 goles. Abel Coria, un genio, que era jugador y técnico de Grupo, me aseguró ‘te van a llamar’. Pero la propuesta vino de Huracán y Coria me aconsejó que aceptara, me dio las mejores referencias del club. Así, a fines del ‘88 vine a jugar un campeonato que cerraba el año y, la verdad, no terminé de adaptarme pese a perder la final con Independencia”, confesó. 



El destino jugó a favor del Globo 
La presentación de Franklin en Huracán no había dejado ese dulce sabor esperado. “Había decidido regresar a Dolores”. De hecho, tenía el pasaje en mano cuando en el asado de despedida “los dirigentes Mármol y Hansen Krog me comentaron que Bottino quería hablar conmigo. Sinceramente, por ser una persona educada y respetuosa, decidí quedarme un día más e ir a la reunión”, destacó. 

En ese encuentro nació la relación Bottino-Martínez que tanto rédito le diera a Huracán y que tantas satisfacciones le trajo a ambos. “Fui un poco descreído en lo que pudiera suceder”, pero hábil negociante, con sus primeras frases Don Roberto debilitó esa dureza. “Lo primero que me dijo era que me quería y que me prometía que para el ‘89 Huracán iba a armar otro equipo. Que iba a traer jugadores, y que armaría una formación para ascender al Nacional B. No lo conocía, pero le creí; se mostró sincero. Empezamos la negociación de mi préstamo y si bien cedí bastante, llegué a un buen acuerdo”, recordó Franklin. 

Esas palabras y esa promesa tuvieron su eco positivo. “Cuando volvimos a entrenar era otro ambiente, había nuevos jugadores y estaba Néstor Di Luca a quien conocía; el panorama era distinto”. El inicio fue con Parra como DT, pero a mitad de año asumió Hugo Zerr, y allí Tatán comenzó a escribir otra historia. Lustró su galera y bastón y salió a escena…. 


La despedida, entre lágrimas. A 15 minutos del final, Franklin Martínez fue reemplazado y el estadio se puso de pie para aplaudirlo en señal de respeto y agradecimiento


“Fuimos campeones después de un año tremendo. La competencia de la Liga local creció de una manera increíble; fue un gran campeonato, logramos vencer a un Quilmes de alto nivel; nos impusimos porque fuimos un poco más compactos como equipo”, analizó. Esa campaña cimentó las bases de una campaña inolvidable; cosechando la promesa de Bottino, el Globo armó una gran estructura. Starópolis; Errozarena, Peralta, Marcelo y Robledo; el Cubano Fernández, Kholy (reemplazado por Néstor Domínguez tras la lesión), López y Martínez; Di Luca y Bermegui era la formación titular habitual. “Ese fue el mejor Huracán en el que jugué” dijo y sus ojos brillaron, la sonrisa nació en sus labios y su alma se sintió feliz. “Armamos un gran equipo, con recambio; Hugo (Zerr) sabía cómo hacernos jugar. La gente entendió lo mismo; iba a la cancha con unas ganas pocas veces vista, y no digo sólo el hincha de Huracán, toda la ciudad nos respaldó porque había muchos jugadores de otros clubes y eso impactó en el público. Fuimos avanzando de fase merecidamente, llegamos a la tercera instancia y con Aldosivi nos jugamos el pasaje. En la ida les ganamos acá un partido tremendo. En la revancha nos alcanzaba el empate para seguir nuestro camino a la B Nacional” dijo con un tono que me hizo sentir que aún mantenía la esperanza de conseguir un buen resultado en la revancha… 



Pero esa es una historia muy negativa y otro tanto recordada; el Tiburón goleó 4-0 al Globo y el sueño pasó a ser una pesadilla. Se palpaba el dolor en la gente, pero también se habló mucho sobre alguna supuesta mala intención de algún jugador, como que alguien no hubiese ido al frente con todo. “La gente creía y se ilusionó con nosotros, por eso el dolor fue intenso. Y a lo otro también lo recuerdo. A ver, acepto que hubo errores o negligencias, algunos jugadores no tenían tapones altos (él sí) y jugamos en un terreno barroso, que había recibido lluvia durante casi toda la semana, y no jugamos bien; pero de ahí a que alguien arregló algo o fue ‘para atrás’, no lo creo. Starópolis fue quien más expuesto quedó, pero al par de errores que tuvo yo los tomé como tal; se equivocó o no tuvo suerte. Reviví varias veces cada jugada, analicé mucho minuciosamente y te soy sincero, yo no noté nada raro”, confirmó convencido. 



El mejor y peor día de su vida en 24 horas 
El gran nivel de Tatán le abrió las puertas a una prueba en Estudiantes de La Plata. “Entrenaba de lunes a viernes con el equipo que dirigía Humberto Zucarelli y el fin de semana venía a jugar acá; estaba muy ilusionado. Un mes y medio así, realmente el cansancio fue ganando su espacio hasta que me desgarré. No dije nada, ni acá ni allá; cuando llegué a La Plata hablé con el DT para ver qué pasaba, qué harían conmigo y, para mi sorpresa, me confirmó que habían decidido incluirme en el plantel profesional. Era el mejor día de mi vida, la alegría llenaba mi cuerpo, era un jugador profesional, de Primera. Me llevaron a unas oficinas a firmar el contrato pero cuando llegué, los dirigentes me dijeron que era imposible. Desde hacía un tiempo Bottino había comprado mi pase y pedía una cifra inalcanzable; se me vino el mundo abajo, perdí la gran chance de mi vida”, lamentó. Pero con el paso del tiempo, Martínez se fue dando cuenta “que Bottino me había comprado para que yo jugara en Huracán; había invertido su dinero para verme acá; no le interesaba hacer negocios ni ganar plata conmigo”. 



Nuevos horizontes 
No obstante, en ese momento el espigado futbolista no quería saber nada con volver a Tres Arroyos; su estado de ánimo no era el mejor. “Estaba enojado”, reconoció; pero oportunidades no le faltaban.

“Entonces Hugo Zerr me pidió que fuera a Nueva Chicago; Bottino sabía que yo acá no iba a jugar, había que distender los ánimos y me fui. Se armó un gran equipo, donde también estaban, entre otros, Mario Marcelo y el Cubano Fernández. Hicimos un gran campeonato, ese quipo terminó ascendiendo a la B Nacional; tengo un recuerdo hermoso de lo vivido y reafirmé lo que Hugo (Zerr) era como DT. Pero cuando tuve que renovar el préstamo, otra vez los problemas y de nuevo volví a Huracán”. 



Desde aquel 91 hasta el 95 fueron épocas de liga local y alguna partida para reforzar equipos como Independiente de Neuquén o Estación Quequén en los torneos regionales y hasta el mismísimo Quilmes de Tres Arroyos. Pero en el ‘96 el ‘Globo a la altura del corazón se volvió a inflar’. Es que para ese Torneo Regional el club volvió a apostar fuerte. “Se armó un muy buen equipo, el mejor desde aquel del 90; recuerdo que estaban Ceferino Díaz, un grandísimo jugador con el cual nos entendíamos a la perfección, Viana Beledo, Sauce, Claudio y Peinado; entre otros; el DT era Alejandro Barberón. Caímos ante Brown de Arrecifes que en esos tiempos revolucionó el fútbol del interior de la Provincia y que llegó a la B Nacional. Teníamos grandes individualidades, pero nos faltó algo…” lamentó. 


Bottino-Martínez, una sociedad que le dio grandes alegrías a Huracán


Se acerca el retiro 
Su tranco largo, la creación, el preciso pase, las asistencias, la potencia cuando se despegaba del piso y esa inseparable relación con la pelota parecía tener una vida eterna ligada a Franklin y la N°10 de Huracán. Fueron 7 títulos oficiales los que consiguió Martínez con el Globo, y no sólo el respeto y admiración de su hinchada; el fútbol tresarroyense en general valoró y respetó su calidad como jugador en una época (especialmente fines de los 80 y principio de los 90) “donde el campeonato local era de lo mejor de la provincia; el mejor fútbol estaba acá”, destacó con satisfacción y regocijo. 

Trabajando de lleno en la concesionaria de autos Agromar junto a Bottino, y con algún problemita en su rodilla, Martínez no estaba tan seguro de arrancar la temporada 98. “Pero entre Bottino y (Hugo) Tenaglia me convencieron, me hablaron del proyecto que incluía armar un equipo con algunos refuerzos y darle en la competencia local el rodaje para llegar bien armado al Argentino B. Ganamos la Liga con mucho esfuerzo, se sumaron algunos chicos de otros clubes y así empezamos la famosa campaña del ‘98”, recordó. 

Los primeros pasos no fueron fáciles, en las instancias iniciales hubo ciertas complicaciones. “Esa fue una etapa difícil, nos costó consolidarnos pero avanzamos. La gente nos apoyaba pero tampoco parecía convencida; pero con el paso del tiempo y las fases todo fue cambiando. Se formó una química, una unión en el grupo que nos dio ese plus futbolístico que empezamos a llevar por todos lados, transformamos a nuestra cancha en una verdadera fortaleza; acá parecía que nadie nos podía ganar. Fue asombroso, no parábamos de crecer y el vestuario se consolidaba cada vez más; los más chicos, caso Maxi Di Croce o el Pitu Quintana, mostraban un compromiso y responsabilidad que nos daba confianza. Los más grandes mantuvimos esa actitud positiva que beneficiaba al equipo, jugáramos o no”, valoró sin intenciones de cobrar protagonismo. 



La idea del retiro se mantenía latente, de ser sólo algunos meses de aquel ‘98, a esa gran campaña; “la cantidad de viajes por todos lados, los triunfos, el ascenso al Argentino A; la revolución que vivía la ciudad, el grupo que seguía unido y en crecimiento. A ese salto de categoría también nos adaptamos, el Argentino A no fue lo mismo que el B, pero ese equipo parecía no tener techo”, analizó. 

Pero lo que sí tenía un límite era su carrera. “En el Hexagonal del ‘99 por un ascenso al Nacional B entendí que había llegado el momento de mi retiro. Recuerdo que fue en la última fecha, ante Patronato. Entré y faltando 15’ para terminar paran el juego, cambio y soy yo al que reemplazan. Cuando hice dos pasos, ahí me di cuenta que me estaba despidiendo del fútbol, que era mi adiós, que ya nada sería igual. Te juro que me quedé paralizado por un instante, no sé si queriendo volver todo atrás o qué; pero fue sólo una reacción, un momento… La decisión estaba tomada y no tuve nada de qué arrepentirme”, rememoró con nostalgia. 

Recuerdo que en el estadio nos pusimos de pie sin importar función, empatía o afinidad, Franklin Martínez se retiraba del fútbol y todos quisimos brindarle nuestro respeto y agradecimiento; él, con un andar cansino y con lágrimas en sus ojos y agradeciéndole al público con un sincero saludo, dejaba atrás ese verde césped del Bottino sobre el cual escribió tantas historias de alegría y gloria. “Estuve unos minutos en el banco y no aguanté más, me fui al vestuario”... confesó sobre ese momento emotivo e inolvidable. 

Tras esa última función, la galera y el bastón quedaron inmóviles en algún sector del vestuario; el maletín con los sorprendentes “trucos” ya no se abriría más para cubrir con su magia los campos de juego; y en un rincón, oscuro y triste, la pelota sufriendo por el retiro de alguien que por muchos años la trató como pocos, con un cariño especial y un profundo respeto: Franklin Sebastián Martínez. 

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Claudio García, su socio; el mejor

La dupla Franklin Martinez-Claudio García llenó de alegría y títulos a Huracán; daba gusto verlos jugar juntos y se disfrutaba la conexión entre ambos. “Fue el mejor de todos, lejos”, dijo Tatán en su primer concepto sobre el Novillo. “Un goleador increíble, un ‘animal’; él le hizo goles a todos, en cualquier lado. Recuerdo una vez que enfrentamos a Alumni Azuleño, en la semana discutió con el preparador físico y en esa práctica le dijo: ‘el domingo vamos a ganar y voy a hacer los 3 goles’. Sabés cómo terminó el partido, 6 a 3 ganamos; sabes cuántos goles hizo Claudio, los 6… Hacía de a 6, 5, 4, 3 goles por partido; la gente se olvida (y trae a Messi como ejemplo del presente), le parece natural hacer 2 o 3 goles... Pero Claudio fue el mejor compañero que tuve; nos conocíamos muy bien, yo sabía cómo asistirlo, qué tipo de pelotas le gustaban. Nos costó un tiempo conocernos, adaptar nuestros estilos; cuando volví de Nueva Chicago me encontré con él en las practicas; yo se la pasaba, él giraba y pum, al arco. Así todas, hasta que un día discutimos fuerte y recuerdo muy precisamente lo que me dijo: ‘vos estás para pasarme la pelota y yo para hacer los goles’. Me lo quedé mirando y pensé, ‘este tipo tiene razón’; ahí empezó todo lo bueno; además, yo siempre disfruté más una asistencia que una conversión, y Claudio sabía ir al espacio, siempre te daba alguna opción de pase”, valoró. 



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La B Nacional, el mejor fútbol, y Primera 

Ya retirado, Tatán se transformó rápidamente “en un hincha más. Disfrutaba junto a quienes habían sido mis compañeros” confesó, y si bien le hubiese “gustado jugar la B Nacional, nunca tuve ningún reproche. Entendí que mi momento había pasado. Se fue creciendo en todo momento y aquel equipo que perdió la Promoción ante Lanús fue, para mí, el mejor Huracán que vi en mi vida. El fútbol que desplegó ese equipo fue fantástico; el país se sorprendió con su andar, la campaña fue notable”, aseguró. 

El ascenso a Primera “fue un sueño, un hecho increíble. Entiendo que nadie creía que se podía llegar a eso cuando arrancó este proceso; fue algo inolvidable, jugar contra los mejores, estar en la cima, todo fue especial… pero como sucede en la mayoría de las ciudades del interior, no se estaba preparado” y perder la categoría fue algo que no sorprendió”, entendió. En lo que sí difirió con lo actuado fue “en que al descender de Primera, se pensó en volver. Para mí había que haber armado algo para mantenernos en la B Nacional, pero no hay reproches porque esto desbordó a todos, no hubo tiempo de prepararse dirigencialmente ni desde las estructuras; todo fue nuevo, arrollador”, reconoció.