Deportes

Entrevista a Oscar Piernes

“En el fútbol el egoísmo no va”

14|06|20 12:10 hs.

El periodista de La Voz del Pueblo dice gracias, antes de apagar el grabador. Oscar Piernes, de inmediato, responde: “No, al contrario. Ahora en vez de 75 años, tengo 65. Me sacaron diez años, esto me hace bien”. 


Lo que le hace bien a Oscar Piernes es hablar de fútbol. Para ser sinceros, al periodista también, resulta recíproco. 

Despliega fotos sobre la mesa. Imágenes inolvidables, muchas con la camiseta de Boca, por supuesto, pero también con la casaca de la selección de Tres Arroyos y de Huracán, equipo en el que jugó como refuerzo. 

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Conserva el artículo de La Voz del Pueblo que da cuenta de una marca notable. Debajo de su foto, el epígrafe señala: “Piernes, centrodelantero de Boca Juniors. Tres goles en cuatro minutos frente a El Nacional le hacen compartir, junto con Murillo de Alumni, la escala de scorers”. Los hizo en el primer tiempo.



"Era en el año 68, contra El Nacional en la cancha de Colegiales, no sé por qué razón Boca jugó ese día ahí", señala. 

Habitualmente jugaba de 10, en posición ofensiva. “De los 10 de antes –explica-. Era el nexo entre los volantes y los delanteros. Y tenía suerte de llegar a la segunda jugada con más panorama”. 

Ese partido, de la increíble ráfaga de tres goles, el técnico lo ubicó de 9, como centrodelantero. “Vino un chico que estaba en la colimba y jugaba de 10. Por eso modificaron mi posición e hice dos goles de cabeza. Te das cuenta con la altura que tengo, un metro sesenta sin botines”. 


En Primera, durante 14 años integró los planteles de Boca. También formó parte de Copetonas y El Quequén de Oriente. Huracán lo llevó como refuerzo a los torneos regionales


Relata que el primer gol fue de jugada y “después vinieron dos corners al hilo, cabeceé las dos veces”. No tiene presente quien atajaba en El Decano, pero sí puntualiza que “Tedeschi era el central que me tenía que marcar. Pero teníamos más libertad, ahora te manotean en el área, no habría cabeceado ni loco. Antes se podía jugar más suelto”. 

El partido se definió en ese breve lapso. “Salió 3 a 0 si mal no recuerdo”, expresa.  

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En la primera foto que exhibe Oscar Piernes, luce la camiseta de Huracán y está junto a Angel Clemente Rojas (Rojitas), una de las glorias de Boca. Detrás está escrita la fecha: 16 de diciembre de 1969, en la cancha del Globo. 


Con Angel Clemente Rojas, el 16 de diciembre de 1969. Huracán recibió a Boca y Oscar Piernes fue refuerzo del Globo


Cuenta que “Boca había salido campeón dos días antes, con dos goles de Madurga”. Es un título que logró nada menos que en el Monumental, donde se produjo un empate en dos goles. 

Huracán se reforzó para recibir al Xeneize y el técnico Lorenzo Ceballos lo convocó. “Fuimos varios jugadores, Ceballos siempre me llevaba, al regional y también a la selección de Tres Arroyos. Con él empecé a entender que había mucha táctica en el fútbol”, destaca. 

Es un agradecido a Boca “porque me daba permiso” y a Huracán, porque al integrar distintos planteles en torneos regionales “pude jugar ante los mejores equipos de la provincia como Olimpo de Bahía Blanca, Ramón Santamarina de Tandil, San Lorenzo de Mar del Plata, entre otros”.

Agrega que la selección tresarroyense también le permitió viajar y ser protagonista de grandes desafíos. El día de la foto con Rojitas quedó en la memoria. El técnico de Boca era un ex jugador de River, Alfredo Di Stéfano. 

Con anterioridad, Huracán había enfrentado dos veces a Estudiantes de La Plata y Piernes había sido de la partida; “una en la cancha de El Nacional con el Colorado Serafini de técnico y otra en la cancha de Huracán, cuando ya eran campeones del mundo –enumera-. Eran cabuleros los de Estudiantes, el año anterior habían salido campeones del mundo y habían venido acá, por lo que volvieron a jugar en nuestra ciudad”. 

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Empezó en las inferiores de Boca a los 14 años. Es que hasta los 13, no se hacían cambios en los equipos. “Ibamos todos los chicos, el técnico de ese momento tiraba once camisetas y te tenías que ir si no eras uno de los once, porque no había posibilidades", observa. 

Fichó en Boca, mientras muchos de sus amigos habían ido a Colegiales. Transcurría 1957, pero como no lo ponían dejó de ir. Al año siguiente, le tocó entrar y nunca más salió: “Me acuerdo clarito que estábamos todos reunidos en el banco para ver quién entraba, Cacho Hidalgo era el técnico, y Romagnoli decía 'ponelo', le respondía 'es muy chiquito'. Hasta que accedieron a ponerme y desde ese día hasta que se terminó mi campaña jugué siempre". 

En la cancha, a diferencia de lo que sucede en el potrero, hay que guardar un orden. Entre quienes le dejaron enseñanzas, menciona a Abel Ulibarre, en las inferiores y en Primera. “Decía 'entro con 11 y me voy con 11', no le gustaba que le echaran gente. Si era por una injusticia del árbitro lo analizaba, pero no por una actitud equivocada del jugador. Nunca me echaron, esa es mi mejor medalla”, expresa y de inmediato, agrega: “La otra es haber jugado ante Rojitas y Boca”. 


Jugó habitualmente de 10. Pero también ocasionalmente de 9 y como –como le decían antes- wing derecho




Valora que “me educó hasta en la forma de ser, no sé si aprendí todo lo que él me enseñó, como comportarme adentro de una cancha. Si le hablas al árbitro saber cómo hacerlo porque hay árbitros que te permiten decirle algo y otros que no te dejan abrir la boca". 

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El fútbol tresarroyense tiene en su historia páginas lindas, memorables. Boca es el dueño del capítulo correspondiente a 1971. Es el año en que pudo finalmente lograr el campeonato y poner una pausa en la hegemonía de Huracán. “Ellos tenían un equipazo, pero en 1971 el equipazo era el nuestro”, afirma. 

Atajaba Luis María Fernández, quien luego fue rector de la Universidad Nacional del Sur. También jugaban Cedrón el Bochita Martínez, Cantilo Di Stéfano, Carlos Azurmendi, Tito Gómez, Sasso, Perrone, Acosta, Sola. 



Así los nombra y puntualiza que “el 10 era Perrone, un exquisito. Perdí ese lugar en la cancha, me pasaron de wing derecho. Lo decidía Galeano, el técnico, me daba no sé qué porque de 10 uno está en contacto continuamente con la pelota y de 7 te meten contra la raya, pero tenía a Acosta de 9 que era un jugador exquisito. Entonces yo le respondí 'juego de 7, pero dejáme la camiseta 10'. Cuando terminó el campeonato nos llevamos la camiseta, gracias a Dios la tengo”.

Salió goleador. Tenía 27 años y dentro de un equipo joven en promedio de edad, era el mayor. 
En Primera División, jugó catorce años en Boca, dos en Copetonas y uno en El Quequén de Oriente. 

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Habla de la selección y pone de manifiesto que “la Liga de Tres Arroyos, en esa época, era una liga fuerte, no cualquiera iba a venir a pasarte por arriba"”. 


En Saladillo, con la selección de Tres Arroyos. En 1968 consiguieron el subcampeonato provincial


Con la casaca del distrito intervino en dos campeonatos argentinos, en 1968 y 1970. También en partidos amistosos. En 1968 fueron subcampeones de la provincia.   

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El fútbol le ha dado mucho. Corrige el tiempo pasado y dice: “Me sigue dando, los amigos te quedan”. 

Considera que es una escuela de vida, que “te enseña muchas cosas, hay que saber aprovecharlo. Convivís con gente que piensa distinto, aprendes a compartir y que no todas son dulces. Que te saquen, quedar afuera tengan o no razón, normalmente tienen porque nadie quiere perder". 

Con el crecimiento personal, la mirada empieza a estar más en el equipo y no tanto en lo individual. “El egoísmo no va”, indica. 

Cuando el equipo funciona como tal, todo es más fácil. “Y saber jugar en función de otro que es brillante. Como nos pasó en 1971 con Acosta. Un 9 excepcional ¡Qué le ibas a decir que cometía un error, si después tenía 20 aciertos!.”, exclama. 

Comparte otra enseñanza, que le dejó Balay, “un cinco de la selección argentina y de Ferro. Lo tuve un partido de rival y me aconsejó, ‘largala rápido, no te hagas golpear’. Me quedó grabado”. 

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Su hermano Desábato jugó en Quilmes y su hijo Silvio Angel Piernes, llegó hasta la tercera división, porque después se fue a estudiar a Bahía Banca. Lo llamó Silvio por Marzolini y Angel por Rojas.

Cuando nació, la casa de la familia estaba en calle Dorrego, cerca de la vía. Luego se mudaron a La Sortija, de donde eran oriundos sus padres. Allí vivió hasta los 7 años y luego retornaron a Tres Arroyos, a calle French, cerca de la cancha de El Nacional. Posteriormente, se trasladaron al Barrio de la Plaza del Arbol, donde lo vieron y llevaron a fichar en Boca. 


En Claromecó, de pretemporada con Huracán. El globo lo llevaba como refuerzo para jugar los Regionales



Hizo hasta tercero en el Industrial, donde “me sirvió mucho la parte metalúrgica”, agradece. Trabajó en la fábrica de motores eléctricos AMBE y en la hidráulica Di Rocco.  

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Oscar Piernes tiene 75 años. Sin embargo, asegura que se fue diez años más joven de La Voz del Pueblo. Charlar de fútbol lo rejuvenece, lo lleva a tiempos grandiosos.

Guarda las fotos y la camiseta. Se juega como se vive. El aprendió afuera y adentro de la cancha.  

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Grandes compañeros
Alcanzó a jugar con Néstor “Pela” Di Luca, de quien expresa que “era infalible, como lo fue en otra generación posterior Claudio García. Cabeceaba y solo quedaba ver donde iba a parar la pelota”. 

Siente que tuvo la suerte de contar con “compañeros importantes. Te permite, con menos juego posiblemente individual, menos virtud propia, llegar a lucirte. El Gallego (José Ramón) Palacio, Adolfo Luna, Perrone, Cedrón, Cantilo Di Stéfano, por nombrar a algunos”. 

Con Boca, solamente la faltó salir campeón en la Sexta División. “Se jugaba en zapatillas y con pelota número 3. Un día fui a Boca a ver los vestuarios, hace pocos años, le contaba a los pibes y me respondían: ¿con pelota número 3 jugaba?. Si, tremendos grandotes con esa pelota”. 

Hay otros nombres destacados, que integraron planteles, cuerpos técnicos. El agradecimiento de Oscar Piernes está dirigido hacia cada uno que lo ayudó a ser mejor en la parte humana y futbolística, que en definitiva también están relacionadas.