Claudio Flores posa con algunas de las camisetas de sus carreras ganadas más importantes

Deportes

Informe Especial

Claudio Flores: a puro talento iluminó el ciclismo tresarroyense

09|06|20 12:18 hs.

Por Jorge López de Ipiña


Haciendo un juego de palabras y transformándolo al singular, Claudio Flores identifica a su apellido con una rosa. “Por las espinas más que nada. Es como la vida, si la tratás bien es suavecita, pero si la apretás te pinchas todo; por eso elijo una rosa” afirmó. En una rápida y fugaz imagen que atraviesa mi ser, lo veo a Claudio con una campaña deportiva en una plena similitud al encanto de un pimpollo, pero también aparecen las espinas en varios momentos, en algunos impidiendo que su carrera fuera aún más grande de lo que es. “Es que muchas veces buscando un pimpollo me pinché mucho. Mi primer viaje fue, a los 13 años, a un Argentino en Bariloche; me subieron a una camioneta con gente totalmente desconocida, y de ahí no paré más”, confesó.

Por una cuestión generacional o de coincidir en el tiempo, en los últimos 25 años conviví con su carrera deportiva; fui un periodista que estuvo cerca de sus actuaciones y por ende su palmarés me resulta “conocido”. Pero al revivir su historia en esta charla de 2 horas, y que en ella mencionemos 12 títulos de campeón argentino, el Mundial de Pista Juvenil de Cuba, la medalla en el Panamericano de mayores, los triunfos en la Vuelta de la Amistad y de la Juventud de Uruguay en el ‘97 y ‘98, los tres podios en la Doble Bragado, victorias en los Criterium más importantes como el Campagnolo, Shimano y Nación.



O la conquista al sur Argentino ganando las vueltas del Valle, Cutral-Có y La Pampa. Lo mismo que en San Juan donde fue figura ganando, entre otras, La Difunta Correa, la Calingasta, etapas de La Vuelta. Lo mismo que en La Rioja, Mendoza, San Luis, Chaco; y ni hablar en la provincia de Buenos Aires; o sus incursiones en reiteradas vueltas de Uruguay ya sea en la Vuelta de aquel país o Rutas de América de donde se trajo el halago en metas sprint y de etapas, o sus participaciones en Brasil y Paraguay. 

También repasamos los momentos en que su carrera ya era una brillante realidad pese a que recién estaba “floreciendo”, en aquel 1998 donde el Diario Clarín lo eligió como Revelación Deportiva, y en 1999 cuando en la Casa Rosada recibió de manos del Presidente, Carlos Menem, Esperanza Olímpica 2004… Y debo confesar que al apagar el grabador, no me quedó otra expresión para mis adentros que no fuera de asombro; algo así como “guau Claudio, sabía que eras grande; pero realmente es increíble tu historia”… 


El día que recibió la beca de manos del entonces Presidente Carlos Menem, y la cobertura de Jorge López de Ipiña para La Voz del Pueblo



Asoma el ciclismo
“Lo que más me acuerdo de chico, es de ir a ver correr a mi primo Carlos; no sé si me pasaba lo mismo con mi hermano, mi viejo o mí tío; mi primo que fue el que me ‘pinchó, motivó’ pare decir ‘y por qué no correr’. Tenía una bicicross, cuando vivíamos en la quinta de San Martín al 2100, rodado 20 con un plato 52. Corrí un par de carreras en la Plaza España, me armaron una bici de competencia y no paré más…”, recordó Claudio volviendo 32 años atrás las páginas de su vida. 

En su ADN familiar el ciclismo marcaba el destino, nunca otro deporte lo sedujo o atrajo; máxime teniendo en cuenta que “a los 13 años ya ganaba plata en las carreras, se motivaba a los chicos, empecé a comprarme mis cosas con mis premios. Empecé a verlo más como un trabajo, aunque lo hacía jugando; todo normal hasta los 17-18 años donde lo agarré bien en serio; hasta ahí me divertí, compré mi primer auto, fue lindo”, confesó. 


Un saludo maternal. Flores es saludado por su mamá tras lograr su primer campeonato argentino, en 1994


Para él, el ciclismo siempre tuvo un sinónimo: trabajo. “Hasta estando en la selección, donde te daban una beca; los campeonatos argentinos se preparaban también por eso, un título te garantizaba una beca; era tener un sueldo. Cuando ya fui mayor y se cortó eso, apareció lo de los equipos” explicó sobre el cambio, pero la duda es saber si disfrutó el ciclismo, del deporte. “Claro que lo disfruté y mucho; pero hoy a los 40 años pienso que de haber nacido en otra época o con otra situación económica, hubiese corrido en el profesionalismo. Todos mis compañeros de selección que probaron suerte en Europa, fueron profesionales. Para intentarlo, yo tenía que vender auto, todo lo que tuviera, y ver qué pasaba porque había que ir un año a mostrarse y a que algún equipo te eligiera; hoy con el seguimiento en Internet es distinto, pasando un curriculum ya te conocen. Ya está, esa posibilidad ya venció”, dijo con resignación mirando pasar ‘otra espina’. 

Un gran ramo de títulos argentinos 
El primer campeonato argentino que disputó fue en el 93 en Bariloche, en 10° y venía ganando cómodo “hasta que agarré un badén y se me torcieron las dos ruedas. Estaba sólo y sin auxilio, di una vuelta así y terminé tercero”, acotó orgulloso. Eso despertó la fiera que tenía adentro; “en el ’94 me preparé para ganar en Quequén, mi viejo me llevaba todas las semanas a entrenar al circuito. Mentalmente iba preparado para ganar”, y no se equivocó. En el ’95 la rosa muestra su tallo espinado. “Viajamos al Argentino de San Nicolás, éramos un montón de ciclistas y cuando llegamos nos dijeron ‘ustedes no corren, están suspendidos’. Habían sancionado a la Regional Tres Arroyos y no pudimos correr; perdimos el año”, lamentó. 

En abril del 97 la acción retorna a Quequén y otra vez Claudio se consagró en la ruta, 6ª categoría. Pero ese año abriría el horizonte para disfrutar la pista. Y de Mar del Plata, en octubre, se trajo medallas de oro en Persecución y Vueltas Puntables, y la medalla plateada en el Kilómetro. La cosecha siguió dando sus mejores rendimientos; en 1998 la ruta lo vio campeón en Paraná, Entre Ríos y la Persecución en el velódromo de Córdoba y otra vez 2° en los 1000 metros.

En el 99 se produjo el salto a Sub-23 y el cambió mayor. “Quedé entre los 10 en las dos pruebas de ruta en Concepción, y en el de pista, en Esperanza, tampoco pude agarrar medalla”. Así, en 2000 la historia empezó a cambiar. El sanjuanino Oscar Villalobos, vencedor en el 99, vio cómo el tresarroyense empezó a darle forma a la “triple corona” ya que Flores fue oro en la persecución de 2000-2001-2002, ganando en Bahía Blanca, San Luis y Santiago del Estero. En el Argentino de Bahía 2001, fue 2° en las Vueltas Puntables de elite, pero el ganador Alejandro Acton fue descalificado por doping, por lo cual la Federación le aseguró a Flores el título nacional en Elite, del cual nunca le dio diploma. En Córdoba 2002 armó una cuarteta junto a Juan Loizaga, Schaab y Cancio, la cual perdió la medalla de broce en los metros finales.



Esa fue su última participación en argentinos de manera constante, porque de ahí salta al 2008 donde fue 2° en la ruta de Córdoba. “Ese año siendo subcampeón no me llevaron al Panamericano de ruta de Uruguay, siendo que convocaron a Borrajo, que había sido 4°; además yo venía de ganar 2 etapas de la Vuelta de Uruguay; entonces después de ser segundo en el ómnium (6 modalidades) corriendo para San Juan, en San Luis, dije basta y no corrí más argentinos”, destacó. 

Después, por “darme un gusto incursioné en el rural bike y en Rafaela conseguí mi primer título argentino en 2013; el cual repetí en Ayacucho pero en la modalidad contrarreloj”. Esta disciplina le devolvió las ganas o le permitió renacer a Flores como ciclista. “Después de venirme de San Juan hasta había vendido mi bici de ruta. Pero vinieron unos amigos, me invitaron a salir a pedalear en la tierra, salí dos días y fui a una carrera a De la Garma. Y me pegaron ‘la paliza de mi vida’ (risas); pero el lunes volví con todas las ganas, era otro ciclista y a los 15 días gané en Trenque Lauquen; a partir de ahí despegué, y si no hice algo mejor (por roturas) en el Río Pinto o en Rally Endurance de La Pampa, fue porque era un inexperto de la especialidad, pero iba bárbaro”, dijo reconfortado sobre una especialidad que “disfruto mucho”. 

La selección convoca 
Haber brillado en el 97 en el Argentino de Mar del Plata le abrió las puertas a la selección. “En diciembre del 97 corrimos con la selección la Vuelta Juvenil de Chivilcoy y el 1 o 2 de enero del 98 largué mi primera Difunta Correa en San Juan, para la Selección; ahí arrancó todo. Fue una concentración de un mes pensando en la Vuelta del Uruguay que terminé ganando. Esa camada que dirigía Eduardo Trillini iba muy rápido; en Uruguay (con selecciones de todo el continente) metimos los 3 primeros puestos”. Fue una vuelta especial e inolvidable para Claudio; en Tres Arroyos escuchábamos por radio las etapas y su avance. Con parciales de 120-130 kilómetros por días (fueron 10), muy duras, siempre llegaba adelante. Pero la primera crono lo dejó 1 minuto atrás de Villalobos; él descontaba día tras día y agarró la camiseta de líder faltando 4 etapas, aunque en la anteúltima había otra crono y el sanjuanino recuperaba el favoritismo. Pero Flores “volaba” en su bici y sólo cedió 6 segundos, manteniendo la punta. “A la última etapa el equipo llegó dividido; por orden de Trillini todos trabajaron para Villalobos. A mí, que era el líder, sólo me apoyó el sanjuanino Páez. Todos nos atacaron; tuve que salir a defenderme. Y llegué bien, fuerte y seguro. Así gané esa vuelta”, destacó. 


La llegada a Tres Arroyos en 1998, tras ganar la Vuelta de la Juventud en Uruguay



Su llegada a Tres Arroyos fue increíble, una caravana lo acompañó por las calles de la ciudad. Se hizo un alto en la Municipalidad y la concentración terminó en La Voz del Pueblo, donde hubo una conferencia de prensa. Fue raro ver a un ciclista convocar a tanta gente, despertar tanta pasión; es que Claudio Flores trascendía como nadie por esos días en la ciudad. 



Siempre se esperaba algo más de él; y él entregaba algo más. Así confirmó su presencia en la Selección Argentina para el Mundial Juvenil de Pista en Cuba. Era el mejor exponente de esa formación, lo cual pude ratificar al presenciar durante 3 días la última concentración que se desarrolló en Córdoba. Pero el Mundial no trajo los resultados soñados. “Hubo muchas concentraciones de una semana, pero cuando volvíamos a nuestras ciudades yo perdía terreno al no contar con un velódromo. Entonces en cada concentración era volver a empezar de atrás para terminar adelante. Yo estaba dos escalones arriba de mis compañeros, pero me agarró una gastroenteritis y me debilitó. En la persecución individual (donde el campeón fue el británico Bradley Wiggins, ganador del Tour de Francia en 2012) me ‘arrastraba’ y en la cuarteta ya fui mejor, pero largaba a mis compañeros y los tuve que esperar. En realidad yo tenía que haber corrido las vueltas puntuables, pero Trillini por ‘distintas razones’ eligió a Borrajo. Mi problema fue que ese fue mi primer viaje internacional grande, ahí vimos dónde estábamos parados realmente a nivel mundial. Estábamos muy lejos, y si yo lo hubiese sabido antes, me hubiese entrenado distinto; siempre lo dije y no tuve dudas” reafirmó con firmeza. 

El Panamericano de Bucaramanga, Colombia, en el 2000, ya en Mayores, le regaló una medalla de bronce. “Estuvo muy bueno, lo disfruté mucho, me gustó correrlo. En la cuarteta compartió formación con Brunetta, Villalobos, Romero y Bazzi. En el 2001 fue el turno del Panamericano de Medellín (donde terminó 5° en la ruta) y allí la cuarteta hizo plata; junto a Romero, Bunetta y Simon hicimos la clasificación, pero en la final se metió Juan Curuchet, sacándome a mí. La bronca fue que no subí al podio, me quedé sin medalla y sin la beca; fue como si no hubiese participado”, lamentó. 

Ese fue su adiós a la selección, porque para Panamericano de 2002 renunció. “Era otra vez en Medellín, yo estaba clasificado pero con la inseguridad vivida el año anterior y los secuestros que había por esos días, me bajé. Lo peor del caso fue que ante esos problemas cambiaron la sede y la llevaron a Quito, Ecuador, y no fui porque había renunciado”, reconoció con cierta resignación. 

Ganó aquí y allá 
En el ciclismo argentino, hay muchas carreras de un día que tienen un prestigio notable, la mayoría se desarrollan en Buenos Aires y “a esas, a casi todas las gané. Campagnolo, el Nación, Shimano, Bancalari, fui 2° en el Polo Torres, el mismo puesto ocupé en el Plaza Moreno, ambas de La Plata. Todas son carreras con mucha historia y a las cuales van todos, hasta equipos del interior. Pero para mí, la más prestigiosa de todas es la Doble Difunta Correa; desde la primera vez que la corrí soñé con ganarla. Tardé 8 años y 6 presencias; por competencia la veo como la más completa. Al ganar fue como me sentí vacío, había alcanzado mi gran objetivo. La gané estando bárbaro y a los dos días largué en Giro del Sol, y era otro corredor, no tenía las mismas expectativas. Esa carrera fue en diciembre y yo la preparé desde mayo; así era”, reflexionó. 

Para los bonaerenses como nosotros, la Doble Bragado tiene un sentir especial; es la prueba más importante de ruta; y Claudio hizo dos podios con sendos terceros puestos. “Fueron muy particulares esas carreras; en 2002 salí tercero corriendo para el 3 de Febrero, yo venía de ser oro en la crono Sub-23 y me convocaron; se dio así la prueba. Fui regular, entré siempre adelante e hice una buena contrarreloj. La segunda, en 2004 y corriendo para el Monti, me mantuve adelante, no hice una buena crono pero me alcanzó. Y hay una tercera, la de 2018, donde terminé 5°, pero a los 3 primeros los excluyeron por doping positivo, así que me confirmaron como segundo a sólo 2 segundos de Barrientos”. 

En sus casi 6 años de residencia en San Juan donde fue líder de formaciones como Puertas de Cuyo o Piqueteros, “donde había gente que me seguía y alentaba; tenía admiradores, fanáticos en todas las carreras”, y era lógico porque siempre peleaba la punta, siempre daba espectáculos; desde sus primeras carreras, como la Vuelta del Noroeste, en ese entonces de 3 etapas se llevó a 1 de casi 200 km y les ganó a todos. Vencer en la Calingasta también le dio un alto prestigio; en La Rioja y Chaco también hubo victorias; de Mendoza se trajo el triunfo en la afamada Vuelta de Lavalle. Después su andar miró al Sur. En 2019 pudo, y después de casi 20 años, “sacarse el gusto” de imponerse en la Vuelta de Cutral-Co; la Vuelta a la Manzana en General Roca lo tuvo en lo más alto del podio al igual que la Vuelta al Valle, completando la trilogía. A eso le sumó la vuelta a La Pampa en Toay. 


En 2019 se dio el gusto de coronarse en la Vuelta de Cutral-Co


En 2019 se dio el gusto de coronarse en la Vuelta de Cutral-Co


Claudio Flores es un embajador de lujo que iluminó el deporte tresarroyense durante tres décadas y que regó con su talento cada escenario americano donde compitió. Entonces, a lo largo del tiempo y ya con menos espinas, las rosas lucen más bellas con esos pimpollos impactantes y admirables, como la enorme e incomparable figura que irradia Claudio arriba de una bicicleta.  




La relación con Juan Curuchet
El campeón olímpico y el tresarroyense tuvieron una relación bastante “movidita” como ciclistas. Tras varias disputas en competencia el equipo Toledo le ofreció 3 veces correr para ellos, pero “ni siquiera me pagaban los 50 pesos que me daba Supermercados Planeta por semana; tenía que pagar derecho de piso, me dijeron. Obviamente que no acepté”, destacó Flores.

“Si hubiese estado con ellos podría haber sido otro corredor, me hubiese sacado la cruz roja que tenía ‘marcada en mi espalda’. Pero no me arrepiento de nada porque por eso me convertí en otro tipo de ciclista. Yo siempre vi a Juan como a un corredor más y eso para ellos no era bueno. Tuvimos muchos roces, es verdad; pero también es cierto que en el Criterium del Nación, cuando él estaba en su preparación para los olímpicos que ganó, ataqué hasta formar una fuga de 8 corredores faltando unas 10 vueltas de 4 km cada una. Cuando me abro y llego al fondo, me encuentro con Juan Curuchet que me dijo textuales palabras: ‘¿Cómo venís pendejo?’; bien le respondí. ‘Quedate a rueda entonces’. El tipo pasó, se puso de cabeza y le dio hasta la raya; lo corrieron todos pero fue imposible de alcanzar durante 30 kilómetros. Faltando una vuelta me pegué a su rueda y me levantó el sprint; el único que lo pasó fui yo. Esa carrera la gané gracias a él; con esto quiero decir que tuvimos mil diferencias pero también pude correr con él”, valoró.



“Los dos éramos muy temperamentales. Pasamos por todas; en una carrera de Punta Mogotes, en su Mar del Plata, me puse a su rueda y terminamos último y anteúltimo; de locos. Una semana después fuimos a un Argentino y yo con la misma estrategia, en un momento se me puso a la par, me llevó contra la baranda, ‘si no me dejas te tiro’ me dijo; medio que me asusté, le corté y partió con todo. Y fue campeón argentino… Juan era temperamental, si lograbas sacarlo de eje podías ganarle; en cambió a su hermano Gabriel era imposible; nada lo sacaba de su objetivo, por algo le decían la computadora humana. La rivalidad y roces que tuvimos arriba de la bici nunca se trasladó abajo. El verdadero ciclista nunca lleva un problema debajo de la bici; el que lo hace es un mal perdedor. Lo que pasa arriba queda arriba; el ciclismo te da revancha en la próxima etapa o la semana siguiente. Es así…”, confesó.