Opinión

Desde la redacción

Los policías en riesgo y las “colas de paja” de la política

24|05|20 09:03 hs.

Por Quique Mendiberri 

TW: @QuiqueMendi 
 
Después de una semana de mucho compromiso y discreta respuesta oficial al reclamo de los siete familiares de policías tresarroyenses destinados a diferentes puntos del conurbano para controlar el cumplimiento de la cuarentena obligatoria dispuesta por el gobierno nacional, la realidad indica que poco cambiará en el cumplimiento de su deber. 

La entrega en mano de un barbijo y un par de guantes, llamativamente efectuado por miembros de Asuntos Internos (la policía de la policía) a cada uno de los efectivos alojados en el polideportivo donde está una de las oficiales tresarroyenses. Un microondas y un caloventor, que deberán ser financiado con los haberes reforzados de manera extraordinaria de los propios nóveles policías, que también deberá alcanzar para el alquiler del departamento donde pasarán sus francos (si así lo desean), sin salir de la localidad donde están destinados, fueron los cambios informados esta semana a algunos efectivos a los que tuvo acceso LA VOZ DEL PUEBLO. 

Es evidente que la crisis económica a la que esta pandemia nos está llevando de manera inevitable y a la que nos referimos en esta columna a fines de marzo, cuando comenzaba la cuarentena, está calando en el presupuesto de todas las áreas de los gobiernos Provincial y Nacional. Al punto tal de no ser suficiente para un financiamiento adecuado de los uniformados que están en el frente de esta lucha, y en una zona donde el enemigo no es invisible (como afortunadamente aún pasa en Tres Arroyos).

A medida que los padres del reclamo vean que sus hijos no son trasladados nuevamente a nuestra ciudad, irán entendiendo que la decisión de ubicarlos en aquel lugar no tiene vuelta atrás y, posiblemente, sea fundamento de futuras acciones de amparo en la Justicia de Garantías. 

Si bien, la “repatriación” es un pedido comprensible, desde el punto de vista paternalista, también es legítimo el peso de la autoridad que los rige como funcionarios de seguridad. Lo que puede resultar paradójico en este contexto, es que se descuide la raíz sanitaria de su misión. 

Detalles como la obligación de financiar los recursos que los mantengan a salvo del contagio, son básicos. ¿O acaso es necesario pintar cómo sería un escenario con uno de esos policías enfermos de coronavirus en esos espacios comunes de alojamiento? ¿Hay que decir que corremos el riesgo de quedarnos de un solo viaje sin una delegación completa de efectivos? 

Por eso, sería saludable que estos pedidos actúen como agentes visualizadores de una tan antigua como conocida falencia de insumos en la fuerza que, en este caso, debería atenderse y no servir como caldo de una sopa de “colas de paja políticas”, donde los intendentes de los destinos no terminan de colaborar con los protocolos preventivos asumidos y firmados oportunamente por cada uno de ellos, dejando todo en manos de la cada vez más flaca billetera de la cartera provincial, a la que también, de manera simultánea, le ponen trabas para liberar a los uniformados supuestamente en riesgo. 

De lo contrario, a esta altura, y en las condiciones planteadas, va a ser más peligroso que se nos acerque un agente para controlarnos los permisos de circulación, que andar por la calle sin tapabocas ni respetando el distanciamiento social obligatorio.