La Ciudad

Informe Especial

Lo que sucede puertas adentro

18|05|20 11:51 hs.

Por Dolores Pérez Müller 

        El contacto con los familiares a través de videollamadas o de manera visual, a la distancia. Los juegos y distracciones. El convencimiento de que es necesario tener paciencia, aunque a veces no es fácil. La palabra de los residentes


“Hemos aprendido a ser manicuras, peluqueras, pedicuras. Nos disfrazamos de payasos, hacemos karaokes, juegos y bailes. Damos informes semanales a las familias. Sabemos que no vamos a reemplazarlas pero notamos que son ellas las que más sufren todo esto”, expresa Alejandra Madsen, directora del Hogar El Atardecer que actualmente cuenta con 36 residentes. 

Están los que hablan por teléfono o hacen videollamadas, y los que no. Los que pueden caminar y manejarse solos y los que necesitan ayuda de un tercero. Dependiendo de las patologías presentes, cada equipo técnico decidió un modo propio de informar la situación que se está viviendo. 

Cuando Alejandra ingresa a la habitación de Regina, la encuentra jugando en su notebook. Es una de las residentes más jóvenes del Hogar El Atardecer y se fue a vivir allí por voluntad propia.





Estaba esperando que la llamara alguien. “Llamo a mis dos hijos y cinco nietos. No uso mucho el que se ven las caras. La gente está muy escondida. Prefiero las llamadas”. 

Sobre esta situación que le impide ver a sus seres queridos agrega: “aquí lo estamos llevando bastante bien. Pero hay personas que no están muy bien y están tristes porque no pueden ver a sus hijos. Hay una pareja que entró al geriátrico justo dos semanas antes de la cuarentena y están muy tristes. Pero eso es una muestra de capacidad, el que estén tristes”. 

Regina es tucumana, tuvo un ACV hace años y quedó con discapacidad en la mitad del cuerpo. Su suegro estuvo en ese hogar y por eso ella decidió irse ahí cuando enviudó hace tres. Hace hincapié muchas veces en lo bien que están atendiéndolos, la cantidad de “copetines” y actividades que las “chicas” -como ella las llama- les hacen para hacerlos sentir bien. 

Dice que hay mucho respeto por todas las religiones. “Hay gente de razas distintas que vienen de diferentes educaciones, pero todos nos tratamos. Jugamos al Rumi. Charlamos. Nos contamos cosas. Lo que extrañamos es yoga. Ahora lo sacamos de un tutorial”. Hace una pausa y se queda pensando. “Yo mucho los nombres en inglés no me los sé. Se refiere a Youtube. Y señala que “hacen las mismas cosas que hacíamos con la profesora pero en la televisión”. 

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 Recién levantado de la siesta, Herman habló de la guerra, de los buenos y los malos, de holandeses y alemanes, de un mundo donde tenías que convivir y estar encerrado en tu propia casa con el enemigo. Pero que él viene de un buen hogar y El Atardecer viene a suplantar un poco todo eso. 

“Soy viudo hace un año y pico”, dice con la voz entrecortada. “Y esto lo siento mucho. No me queda otra cosa. Esta es la idea del hogar, los que están solos o se quedan solos pueden venir. Yo tengo un problema y no puedo estar solo. Hace 2 años caminaba entero. Ahora tengo que estar con bastón. La inestabilidad estorba mucho. Salís bamboleando de la silla y te vas acomodando de a poco. Si me vieran pensarían que tome unas copas de más”.

“¿Para qué han hecho los botones de la camisa tan chiquitos? Me pregunto, ¿no?” 

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En medio de mates y con el televisor de fondo, Mario del Hogar Santa Ana, atiende el teléfono y se presenta como alguien muy colaborativo y tranquilo, en apariencia.

“Estoy con un abuelito esperando la cena. Lo ayudo con la comida. Le pongo la mesita. Ayudo. Por ahí tengo que llevar a alguna viejita con la silla de ruedas. Causalmente me pusieron de apodo El Enfermero. Cuando veo una viejita que se está durmiendo en la mesa, le traigo una silla para que no se golpee la cabeza. Estoy a la expectativa porque de todos… cómo diría… soy el más normal”. Se ríe. 

“Las familias hablan a la pensión o llaman a las dueñas. Traen medicamentos pero no entran. Los ven de lejos. Tienen contacto visual. Yo no tengo problema porque no tengo familia. Me accidenté de la columna y me trajeron para acá. Era el único que salía, que podía andar. Ahora me he quedado quieto obligado. Cuando no hace frío salimos afuera. Tomamos mate. Pero ahora estamos todos adentro”. 


El Hogar Santa Ana fue otro de los lugares visitados por La Voz del Pueblo. Dialogó con Mario, Betti y Marita


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Mario corta la comunicación y al instante vuelve a llamar Carolina Ezema, dueña del Hogar Santa Ana y la Pensión Don José. Esta vez atiende Betti, ella está cansada de todo esto. Le parece muy largo. 

“No veo la hora de que pase para que puedan venir mi hermano y mi sobrino”. 

Cuenta que juegan a las cartas. También al bingo. “A mí me encanta dibujar. Pintar. Nos arreglan las uñas. Lo llevamos lindo. Nos atienden mucho. Hemos engordado este mes que no te das una idea. Impresionante. Nos hacen tantas cosas ricas. Yo hace un año y medio que vivo acá, llegué muy mal y me recuperé con la ayuda de todos. No puedo pedir más nada. Nos llevamos perfectamente. Hay mucho compañerismo”. 

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Marita tiene problemas en los pies, algo según dice, muy doloroso, pero está saliendo adelante.

“Tenemos que pasarlo. Cuidarnos. No se sabe hasta cuándo. Pero acá estamos muy atendidos. Hay que esperar. Yo tengo un hermano que viene, pero afuera. Me comunico mucho por teléfono. Me habla y me trae todo lo que necesito”. 

Describe el lugar como una quinta, arbolado y con mucha vista. “Acá es un lugar muy tranquilo, muy lindo. Cuando no estaba esto salíamos a la puerta a tomar mates pero ahora no podemos”. 

Repite varias veces lo extenso que resulta todo esto, pero que también es lo que hay que hacer. “Vienen dos chicas que traen para pintar. Hacemos dibujos. Vienen con su barbijo, guantes. Se cambian antes de entrar. Vienen enfermeras. No me puedo quejar de nada. Todos somos compañeros. Y si a alguien le pasa algo nos preocupamos”. 

Por último, agradece no estar en Buenos Aires. “Miramos televisión y vemos en los hospitales. En todos lados. La verdad que es preocupante. Hay que cuidarse”.     


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El pedido de un nuevo protocolo por parte de concejales del Frente de Todos

Teniendo en cuenta el alto índice de mortalidad que tiene el coronavirus en adultos mayores, desde el bloque de concejales del Frente de Todos elevaron una propuesta al municipio, para establecer un nuevo protocolo, en defensa de uno de los sectores más vulnerables en la pandemia. 

“Más allá que se entiende que la clave es que haya responsabilidad social en toda la comunidad, esto es más difícil cuando no se establecen normas. Hay que apelar a la responsabilidad pero desde las normas”, afirmó el concejal Martín Garate. 

Agregó que “el proceso de ordenanza es más largo de lo que transita el virus. Por eso nosotros insistimos en que la intendencia adopte las medidas necesarias lo más rápido posible, que capacite al personal y se pueda avanzar en el control y fiscalización de estas disposiciones”. 

En la iniciativa, requieren que se mantenga en vigencia hasta que finalice la emergencia sanitaria y describen las tareas previstas para la Secretaría de Prevención y Salud, como autoridad de aplicación.