Sociales

Marisa Liébana y Carlos Martínez

Vivir a diario reconvirtiéndose permanentemente

17|05|20 11:16 hs.

Carlos Martínez y Marisa Liébana viven esta pandemia del Covid 19 de forma distinta. Es que el primero, si bien está trabajando, lo debe hacer en obradores y mientras que su mujer, al ser docente, lo hace desde su casa. Marisa Liébana trabaja en el Jardín 908 (Barrio Ruta 3 Sur) como profesora de Música y como secretaria en el Jardín 913. 


Son dos realidades de una misma problemática porque Marisa señala que al estar “en dos jardines en distintos roles, aún así, esto he debido adaptarlo, estamos muy comunicados con las familias, es lo primordial para saber de sus necesidades tanto en lo pedagógico como en lo social. Tratar de ayudarlos, que sepan que estamos, las docentes de sala están muy pendientes de esto. Por ahí se complica un poco lo de internet pero aún así y todo se asegura que todos los chicos puedan tener la continuidad pedagógica. Se imprimen cuadernillos y se le llevan a la casa al que no los puede retirar o tiene problemas con internet, es como un trabajo de hormiga que tenemos que realizar en equipo, súper importante. Esto además ha resultado complicado porque en muchos casos los chicos son varios en la casa y hay una sola computadora o celular, lo que lo dificulta familiarmente”.

El día a día 
En cuanto a la realidad familiar de todos los días, la pareja convive con sus dos hijas más pequeñas y en el caso de Marisa cuenta que como docente está “muy conectada desde las 9 hasta las 17”, porque aparte de las tareas tienen reuniones pedagógicas con los equipos de los jardines, todas por Zoom. A su vez mandan clases a los chicos y a las familias tanto por computadora como por Whatsapp; “esto trato de hacerlo lo más temprano posible porque más tarde tienen clases nuestras hijas. También Carlos, que ha empezado con clases de canto virtuales. Entonces es como que tratamos de acomodarnos todos a eso con nuestros horarios”. 



En tanto Carlos estuvo sin trabajar desde el 20 de marzo en adelante, “solamente 15 días. Como la empresa en la que yo trabajo es del rubro de mantenimiento de otras de la alimentación -plantas de silos o maltería- somos proveedores de servicios. Entonces a nosotros nos dieron permiso para trabajar, por ejemplo en el taller yo estoy solo, pero mis compañeros que están en venta se turnan. Imaginate que yo durante el día no veo a ninguno, ni a mis compañeros ni a mi patrón, todo por teléfono, en mi caso el aislamiento es casi total. En el caso mío digamos que la cuarentena es bien marcada”. También cuenta que todo el proceso de entrar en su casa se ha modificado al punto que “tengo que entrar por el garaje y hago todo el cambio de ropa e higienizarme. Además de estar haciendo un horario corrido desde las 8 a las 17, parando un ratito para comer y coincidiendo con el resto de los comercios porque nuestros clientes también modificaron horarios”.  

Nueva oportunidad 
Pero además de su trabajo, el canto es uno de las vocaciones grandes que ya dejó de ser para despuntar el vicio solamente. Carlos ya ha tenido presencia en diversos escenarios, desde haber participado en diferentes certámenes -como el Pre Baradero de este año- hasta hacer sus propios shows. Esta pandemia le ha dado la oportunidad de desarrollarla primeramente a través de Facebook subiendo diferentes vídeos. En esa instancia estaba “hasta que pude contactarme -cuenta- con la escuela de canto de Valeria Lynch en Bahía Blanca. A través de internet estoy tomando clases virtuales de canto; esto me ha entusiasmado muchísimo y me tiene muy ocupado. Son cuatro días en la semana en la que tengo clases en diferentes horarios, o sea desde que llego del trabajo estoy ocupado con esto. Esta cuarentena me ha servido para seguir muy enfocado con esto de la música. Dicen que de las crisis siempre se saca algo nuevo y esta para mí es una muy buena oportunidad porque de haber podido tener clases solo hubiesen sido presenciales, algo más que imposible. En cuanto a lo de subir material a Facebook es un poco para entretenernos, despuntar el vicio y que la gente se mantenga en contacto a través de la música”. 



Esta situación le ha modificado la vida y las costumbres, como en el caso de Marisa. “Es como que estás sin horario. Porque estás casi durante todo el día recibiendo y contestando mensajes, uno de los casos más marcados son las docentes de aula que están viviendo esta situación tanto de la familia, los alumnos o los mismos compañeros del área entre sí”. 

Sumado a esto que en muchos casos han debido adecuarse a un sistema on line para el que muchas no estaban preparadas y aprender, “creando nuevas estrategias, cómo acompañar, cómo brindar nuevas herramientas. Y meternos con programas que nunca habíamos trabajado. La verdad es que es un buen desafío”, dice riéndose de la situación. 



Cambios
En el final y refiriéndose a esta situación que está viviendo el mundo Carlos dice que “personalmente creo que ya cambió. El mundo cambió, todas las personas y me incluyo estamos viendolo de otra forma. Creo que va a haber mucho temor a volver a una vida normal”. 

En tanto Marisa coincide con lo del miedo sosteniendo que “se debe cuidar mucho más al planeta. Esto me y nos demostró que en poco tiempo que estuvimos guardados ha sido beneficioso. Eso era algo necesario que nos cuidemos y cuidemos el planeta y fundamentalmente nos respetemos tanto en la convivencia como en mantener el equilibrio con la ecología. Si eso ocurre será que verdaderamente hemos aprendido algo”.