Sociales

Cuentos y relatos

2020: La Película

10|05|20 19:03 hs.

Por Sandra Cirulli

Elías Cámara entró al estudio 45 minutos antes de la hora en que debía salir al aire con su segmento radial. 

Hoy recomendará una película que no obtuvo premios Oscar ni Cóndor de Plata, pero a él le gustó verla, la sufrió, se metió en sus personajes y se le hizo carne. 

Lleva 30 años viendo y comentando cine. Todos los géneros. De todos los países. Ya pocas cosas le asombran. Llegó a un punto donde las escenas son parecidas, los efectos le resultan familiares, los personajes son copiados. 

Pero esta película es… distinta! Se desarrolla en el año 2020. Las primeras tomas fueron realizadas en China, allá lejos, donde son muchísimos habitantes y con costumbres exóticas. Después viajaron a Europa a filmar, allí donde familiares y amigos cuentan lo que sucede y donde vivieron los ancestros. Países tan adelantados tecnológicamente! 

Por último, cruzaron el charco y llegaron a América a instalarse con sus equipos y actores. Continente que viene de mal en peor con los gobiernos, con la economía y con la justicia! No pueden repuntar! Ahora se habla mucho de la globalización, que es algo así como que son todos iguales, que no hay fronteras, que lo que hace uno en un punto del planeta influye en otro en el otro lado del mundo. Bueno, esta película se trata de una amenaza global, de algo inesperado, inédito, increíble, inenarrable y todos los in que puedan imaginarse. 

Una mañana, los noticieros comenzaron a informar sobre una enfermedad, la que después se convirtió en pandemia y ya está en el país y cada noche se escucha el informe oficial para saber si entró a la ciudad. 

Se habla, se sueña, se lee, se imagina como será ese virus que asola y trastoca las vidas a tal punto que se teme perderla en el transitar. 

Han impuesto un aislamiento preventivo como nunca se sospechó que se viviría y es así como el esfuerzo está puesto en encontrar estrategias de supervivencia. Para unos esto es posible, para otros no. La soledad, el tedio, el silencio, la quietud, el hambre no son buenos consejeros. La introspección, la reflexión, la oración, la calma, la paciencia pueden ser puertas abiertas a experiencias enriquecedoras.

Los días se suceden con un ritmo lento, desacostumbrado. Cambiaron las rutinas y las prioridades. Los personajes están en sus casas, leen, miran películas, escriben, estudian, cocinan, limpian, escuchan música. Todo de las puertas para adentro. No se socializa, no se festeja, no se comparte. Dicen que así es mejor, que se aplana la curva, que el sistema sanitario se puede organizar. Dicen, cuentan, informan, investigan. Mientras tanto la gente común sufre, teme, carece, duda. Las imágenes que transmite la T.V. son apabullantes, reflejan dolor, pérdidas humanas y económicas, cansancio de los profesionales de la salud, falta de insumos. 

En poco tiempo el mundo se detuvo. No hubo cotización en Bolsa. Ni transacciones comerciales. Ni oferta ni demanda. Ni apuro. Ni viajes. 

Hubo que ocupar las horas. El que vive solo se reencontró consigo mismo, con su historia, con sus habilidades y con sus falencias. 

El que vive en pareja debió mirar a los ojos, conversar y escuchar a ese otro que hacía rato no valoraba. 

El que vive con sus hijos tuvo que jugar, aprender y explicar ya que no había guardería ni escuela que lo ayudara con la tarea. 

Cada noche oran a sus dioses implorando gozar de buena salud y que el virus no llegue a sus seres queridos. Algunos hacen promesas, otros escriben sus propósitos para cuando pase el temblor. Los replanteos se suceden. La escala de valores cambió. Los anhelos se dirigen hacia la libertad, la naturaleza, el compartir. 

Se olvidan viejos resquemores. Se dejan atrás los deseos de venganza. Se emprenden campañas solidarias. Y también se acentúa la inseguridad, se tiran abajo la moral y las buenas costumbres, aflora el sálvese quien pueda. 

El final de esta película es abierto. Cada quien lo imaginará de acuerdo a sus prejuicios, a sus experiencias y a sus creencias. 

“Ni aun permaneciendo sentado junto al fuego de su hogar puede el hombre escapar a la sentencia de su destino”. 
(Esquilo de Eleusis)