El Campo

DE CORONEL DORREGO AL MUNDO

La baja densidad de siembra, un manejo de alta exportación

03|05|20 10:41 hs.

El que lo escucha contar que hoy está haciendo ensayos de maíz con una densidad de siembra de 10.000 plantas lo primero que sospecha es que el hombre no está en su sano juicio. La prueba a simple vista se adivina como un fracaso. Ahora, si a la voz le ponemos nombre y apellido y decimos que se trata de Gustavo Thiessen, la mano cambia. A fuerza de excelentes resultados el ingeniero se ha ganado no sólo el beneficio de la duda, sino que se le pongan varias fichas a su apuesta. 


Gustavo es el responsable de que el maíz haya corrido sus fronteras hasta zonas y regiones insospechadas una década atrás. El sudoeste bonaerense o el norte cordobés, por nombrar a dos de ellas. La revolución comenzó en la campaña 2006/07, a partir de una helada que le dejó al ingeniero en un lote de Coronel Dorrego -totalmente marginal hasta ese momento para los choclos-, menos plantas y también le generó en algunos sectores una nueva fecha de siembra por haberle quemado la parte aérea de las plantas. Así fue entendiendo que el cultivo respondía mejor con una menor densidad y también sacándolo de la fecha tradicional de implantación. 

El manejo, que además de la densidad y fechas de siembra incluye semillas originales, fertilización ajustada y generación de cobertura, empezó a lograr un maíz rentable en campos con tosca y con veranos poco llovedores. Eso llevó a que Gustavo comenzara a aplicar las mismas prácticas en el resto de los cultivos, con también muy buenos resultados. 

Rusia 
A fuerza de la respuesta a campo, su experiencia, que no era avalada por muchos “gurúes” del medio que insistían que era inviable hacer un maíz con una densidad de 30.000 plantas (lo usual eran 60.000), empezó a hacer ruido y a ser aceptada. 

En 2013, la siembra de maíz de baja densidad en campos con limitantes llegó a oídos de un contingente de productores rusos que estaban visitando Argentina y se trasladaron hasta Coronel Dorrego para hablar con Gustavo. Un año después, el ingeniero fue invitado por la fábrica de maquinaria agrícola Gherardi a un viaje a Moscú, donde estaba comercializando sus sembradoras. El ingeniero disertó y contó sus logros con el manejo de planteos de baja densidad no sólo en maíz sino en otros cultivos. 

Muchos productores rusos que lo escucharon con atención tomaron nota de la experiencia para empezar replicar el manejo. También estaba presente el ucraniano Mikhail Draganchuk, un empresario referente de la siembra directa en Europa del este y quien tiene un canal de Youtube que marca las tendencias del sector en aquella región. 

Draganchuk quedó maravillado con lo que escuchó de boca de Gustavo, pero se animó a desconfiar de tantos buenos resultados en una zona semiárida similar a sectores productivos de Ucrania. En 2016 se tomó un avión y vino a ver en el campo el manejo que el ingeniero aplica en Coronel Dorrego. El youtuber quedó maravillado y con una idea fija: la intención de que Thiessen sea uno de los disertantes del NTlab, el congreso sobre labranza cero más importante que se realiza en Ucrania y reúne a técnicos y científicos de todo el mundo. El gusto, finalmente se lo dio en 2020. 

Ucrania 
A fines de enero, cuando el mundo todavía no estaba preocupado ni paralizado por el coronavirus, Thiessen fue uno de los 15 oradores -el único de Sudamérica- de 15 países, que se presentaron ante un auditorio de más de 400 personas en el marco de la conferencia “NTLAB20 - Laboratorio No-Till”, llevada a cabo en la Cámara de Comercio e Industria de Ucrania, en la ciudad de Kiev. 

“Producción de cultivos agrícolas en una zona climática con poca lluvia y una pequeña capa de suelo fértil, utilizando métodos de baja siembra, cultivos de cobertura y fertilizantes”, fue el título de la charla de Gustavo, que despertó un gran interés y un elevado número de preguntas entre los concurrentes. 




Entre los asistentes estuvieron la embajadora argentina en Ucrania, Elena Leticia Mikusinski, y el Secretario Max Sánchez Romero, a cargo de la Sección Comercial. “Actividades de esta naturaleza tienen la potencialidad de promover los negocios internacionales en el ámbito agroindustrial”, destacó la funcionaria luego de la disertación de Thiessen. 

Alto impacto 
“Fue algo muy interesante, y una muestra de que este manejo de baja densidad se está dando cada vez más en todos lados, sobre todo en zonas semiáridas, y en distintos cultivos”, le dice Gustavo a LA VOZ DEL PUEBLO. Aunque cuestiones técnicas al margen, la gran satisfacción que se trajo de Ucrania fue el haberse reencontrado con muchos agradecidos productores rusos que lo habían escuchado en 2014. 

“Pasaron seis años de aquella charla, y varios de los productores viajaron de Rusia a Ucrania porque querían escuchar las novedades que yo tenía respecto al manejo. Pero además, se me acercaron para agradecerme lo que yo les había transmitido, porque están aplicando el manejo en sus campos con buenos resultados. En el caso de ellos básicamente lo están aplicando en trigo”, cuenta. 

“En lo que es fina, cambiar el manejo y variar la densidad a ellos les redujo los costos en un gran porcentaje. Antes tiraban 300 kilos de trigo por hectárea, hoy están sembrando entre 80 y 100 con muy buena respuesta”, completa. En los campos de Europa del este también han hecho pruebas con maíz y han tenido resultados alentadores y también fallas. En este sentido, el mensaje que baja Thiessen ya sea para los productores rusos, ucranianos o argentinos, es el mismo: “No hay que fanatizarse. La baja densidad no es la solución a todo, es una herramienta más que te puede ser útil si te sirve en tu ambiente”, explica. 

Bulgaria 
A mediados de febrero, Gustavo fue convocado por Distribuidora Z para mantener una reunión con unos productores búlgaros que habían llegado al país a través de un contacto comercial con la fábrica de sembradoras Crucianelli. La charla tuvo a la siembra directa como eje y luego giró en torno a los resultados que el ingeniero viene obteniendo en maíz y en el resto de los cultivos con la baja densidad y un manejo ajustado al potencial de cada lote. 




“La información se corrió y está en todos lados. Y para mí eso también es enriquecedor. A mí, y se los dije a los rusos, no tienen nada que agradecer, el conocimiento está para todos. Vos descubrís algo y una manera de enriquecerte es compartiendo y logrando que se pueda replicar”, sostiene el ingeniero. 

“Esto no es un trabajo científico, esto surgió de un ensayo, de usar el sentido común”, aclara al referirse a la baja densidad. 

La semilla de todo 
El partido de Coronel Dorrego, ubicado entre Bahía Blanca -donde empieza la Patagonia- y Tres Arroyos -donde comienza la zona húmeda- es la mejor foto para entender la evolución que ha tenido el maíz en la última década. En campos de ese distrito, con la tosca a 50 y 60 centímetro, el ingeniero Thiessen se animó a empezar a apostar por el cultivo a partir de distintos ensayos variando materiales, fechas de siembra y densidad. Y fue en este punto donde encontró el factor clave para hacerlo viable en una zona históricamente considerada marginal. 

“Una herramienta inclusiva”, define Gustavo al hecho de bajar la cantidad de plantas por hectárea. Porque al dejar de usar las recetas tradicionales en cuanto a la cantidad de semillas a implantar por metro cuadrado, logró estabilidad de rindes. 

“El manejo ha dado resultados excelentes y son muchos los que copiaron el sistema, inclusive en las zonas de campos con mejores aptitudes. Hace 12 años nadie podía entender cómo se podían echar sólo 25.000 o 30.000 semillas de maíz por hectárea, cuando el que menos ponía era 55.000 o 60.000. Pero demostramos que es la clave, tanto para bajar los costos como para lograr kilos”, contó. 




Hoy, casi por exclusiva responsabilidad de este ingeniero, no sorprende que las proyecciones indiquen que en Coronel Dorrego se sembraron casi 50.000 hectáreas de maíz según las estimaciones oficiales. Pero basta con revisar las estadísticas de apenas una década atrás y observar que cuando el técnico comenzó con su aventura maicera, en suelo dorreguense, considerado totalmente marginal para la gramínea, la superficie destinada al cultivo apenas llegaba a las 3.500 hectáreas, y en todos los campos se apostaba por el fenómeno de la soja en lo que a cultivos de verano se refería. 

Más ensayos 
“Ensayos hago siempre”, afirma Gustavo, que por estos días tiene la cabeza puesta en las pruebas con maíces macolladores. “Los vengo estudiando hace siete años para sistemas de muy baja densidad, planteos de 10.000 plantas. Estamos analizando cómo se comportan y qué nivel de productividad vas a tener”, explica. 

“En los ensayos propios estamos bajando fuertemente la densidad, para que esas 10.000 plantas en el macollo traten de ser 20 o 25.000. Que la misma planta me genere otra planta viable. Pero a su vez estoy estudiando cómo al principal tiene una humedad distinta a la hija”, indica. 

Este manejo sería una mini revolución dentro de la revolución. “Si con una bolsa de semillas sembrás cuatro hectáreas, ahora podrías sembrar seis. El costo se te viene abajo. Pero la idea no es no gastarlo, sino que lo que no invertiste en semilla lo apliques en fertilizante para tener potencial”, analiza.

En eso anda por estos días Gustavo, y tiene todo el crédito abierto. Si no pregunten en Rusia o Ucrania. 



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