Opinión

Por Roberto Barga

Coronavirus: ¿quién pone la pelusa?

12|04|20 17:49 hs.

  Seguramente el coronavirus debe ser el rostro menos amable de la globalización. La penetración de la pandemia en todo el mundo y a la velocidad que lo hace, sólo se explica por el grado de interconexión que tiene el planeta. Interconexión impensada hace solo 31 años, cuando caía el muro y nacía el mundo global. El tráfico humano se ha acelerado en las tres últimas décadas de manera incesante. 


Hubo que parar literalmente el mundo para tratar de frenar la pandemia y todavía los resultados son inciertos. 

Ahora bien, parar el mundo no será gratis. Las consecuencias del terremoto económico son todavía inestimables y los tiempos para una recuperación son imposibles de ponderar. Por estas horas el debate discurre en si la crisis tendrá formato de V, esto es una caída profunda, pero una salida rápida y vertical o asumirá la forma de L, es decir, caída al precipicio y sin luz al final del túnel. Es más, como hemos citado en otros artículos, hay filósofos, sociólogos, opinadores, etc… (elija el lector la categoría que prefiera), que hablan, no de la recuperación, sino de la herida mortal que ha recibido el sistema capitalista. 

Dicho lo cual, es conveniente resaltar (y esto es empírico) que el capitalismo tiene una capacidad asombrosa de reinventarse. Basta ver los sucesivos colapsos que ha atravesado: crack del ‘29, guerra mundial, crisis del petróleo de 1973, Lheman Brother 2008. Otra cosa es evaluar cómo se han saldado en términos sociales, pero esa es otra necesaria discusión. Al capitalismo, cuando le pronostican su muerte, puede repetir aquello de “los muertos que tu matáis, gozan de buena salud.”   

Paquetitos, paquetes y paquetazos 
Los métodos, los montos y las formas para salir de la encerrona que supuso la clausura del mundo, tendrán distintas figuras, casi todas ellas keynesianas (esto es estimular con dinero público la economía en momentos de depresión), pero es un misterio a develar quiénes del sector privado serán los que pongan la “pelusa”. Sobre todo en países como la Argentina, donde la maquinita de fabricar billetes parece ser el único jugador capaz de ponerse el equipo al hombro. Lo veremos unas líneas más adelante. 

Mientras ¿Qué se está haciendo en la aldea global? EE.UU acaba de aprobar el paquete fiscal de estímulo más grande de su historia. 2,2 billones de dólares aprobados por el congreso de forma unánime. Si es que no tuvo votos en contra en ninguna de las dos cámaras. Los puntos fuertes de este programa son: 300.000 mil millones destinados a ayudas individuales, esto es un cheque de 1200 dólares por individuo, destinados a todos aquellos que ganen menos de 75.000 dólares anuales. Para las grandes empresas se destina 500.000 mil millones y para Pymes y medianas 367.000 millones, que no deberán devolver en la medida que destinen los préstamos a pagar salarios y sostener el empleo. Vale consignar que USA hasta la crisis del Covid-19, registraba una tasa de desempleo del 3,5%, esto es la más baja en los últimos 60 años y en los últimos 20 días ha perdido 4 millones de empleos. 

No es menor el desafío que enfrenta la primera potencia de la tierra. El imperio americano es el 25% del PBI mundial y hoy su liderazgo se encuentra en clara disputa con China. 

De cómo se salga de este “baile” dependerá su supremacía. Corre con una ventaja el Tío Sam. Es el dueño de la maquinita con la que se tranzan en el mundo el 70 % de las operaciones de comercio internacional y esto parece darle una larga demanda al verde billete. 

El viejo mundo parece todavía enredado en sus luchas intestinas. Allí la complejidad reside en las trabas que supone la moneda única a la hora de plantearse una política monetaria expansiva. Sin el visto bueno del Banco Central Europeo, los países miembros se encuentran atados para inyectar liquidez. Por estas horas es pública y notoria la disputa entre la Europa del sur (España e Italia) y la del norte (Alemania y Holanda). La Europa mediterránea quiere que a la “pelusa” la ponga la Europa industrial y le recuerda a Alemania que la “fiestita” de la reunificación teutona fue soportada por todos los Estados miembros de la Unión. 

En cualquier caso habrá paquete o paquetazo, dependiendo como se dirima la disputa, pero todos los países europeos hablan de meterle plata al bolsillo de la gente. España y su gobierno social-comunista, se apresta a aprobar el “Escudo social”. Así se llama el plan de asistencia que va de 20.000 millones de euros para empresas y autónomos a cheques de 500 euros por familias más desfavorecidas. Todos recuerdan lo mal que se salió de la “crisis del ladrillo” de 2008, cuando muchos españoles perdieron sus casas y, a pesar de ello, seguían debiendo dinero a los bancos. En ese momento se privilegió salvar a la banca. Hoy todas las miradas se posan en el sector financiero. ¿Cuánta “pelusa” pondrán allí los bancos? 

Por último, en la Argentina se discute qué tipo de aporte realizará cada sector para pagar los platos rotos. Sectores medios urbanos pusieron hace un par de semanas, en cabeza de la “política” la necesidad del ajuste. Un 30% de rebaja en los sueldos de los políticos proponían. Pero no nos engañemos, eso no mueve el amperímetro de una economía que ya antes del coronavirus estaba en el subsuelo, más allá de la cuestión simbólica.

Se habla de un aporte patriótico dependiendo del patrimonio de cada contribuyente. El presidente Fernández, aclaró que veía con mejores ojos algún tipo de impuesto vinculado a la riqueza y no tanto a los que entraron al último blanqueo. En cualquier caso queda claro que el gran aportante será el Estado vía emisión, pero no puede ser el único aportante de “pelusa”, porque la híper también acecha.

Se abre un desafío interesante para los fondos que de una u otra forma el Estado va a ir a buscar al sector privado. En momentos en que se “descubre” una compra con sobreprecios en arroz, fideos y aceites por parte del Ministerio de Desarrollo Social, sería interesante que ese aporte “patriótico” tenga una trazabilidad total del dinero. Darle a la oposición el control de los fondos obtenidos, usarlos para compras directas a los fabricantes y no a intermediarios como ocurre ahora, intermediarios que están registrados en el Estado como proveedores desde la década del ‘70. De paso quién nos dice que en una crisis como esta nos ayuda a modernizar al Estado “bobo”.