Opinión

Editorial

Dilemas

05|04|20 18:43 hs.

Vivimos constantemente decidiendo, tomando y afrontando determinaciones, asumiendo desafíos, que se nos presentan en nuestra vida cotidiana y laboral. La mayoría dentro de un rango controlado y por ese motivo, las respuestas que les damos son conocidas. Y si las decisiones a tomar, son un poco más complejas que lo habitual, buscamos en la experiencia de otros, más o menos cercanos, la metodología para enfocar esos dilemas fuera de nuestra posibilidades de resolución. Pero este tipo de desafíos tienen la particularidad de requerir respuestas ya probadas para darlos por terminados. Un ejemplo muy sencillo es lo que hacemos cuando un foco de luz se quema: lo sacamos y lo cambiamos por otro. No hay mucho que pensar, hay una solución conocida y adecuada. Son las llamadas respuestas “técnicas”. 


Hay otros dilemas para los cuales lo conocido no sirve y por ello es necesario cambiar el enfoque de nuestra mirada. Se trata, en estos casos, de explorar por caminos más experimentales, de abordar los desafíos sistémicamente, asumiendo que la respuesta debe ser construida dado que no se encuentra en ningún manual. Mente experimental, tolerancia a la frustración, vocación por aprender, necesidad de ampliar las voces de escucha, pero sobre todo asumir que el dilema requiere un abandono radical de las respuestas habituales. Esto es, reconocer que lo que siempre sirvió ya no es suficiente y que es necesario cambiar. Los llamamos “desafíos adaptativos”.

“…La única manera de afrontar un desafío adaptativo es modificar las prioridades, las creencias, los hábitos y las lealtades de las personas. Avanzar requiere ir más allá de cualquier conocimiento experto…", escribe Marty Linsky, profesor de la Escuela de Gobierno de la Universidad de Harvard. Y agrega: “…la mayoría de los problemas que afrontamos son mixtos, con elementos técnicos y adaptativos…”. 

Las sociedades viven lo mismo, experimentan dilemas similares y al igual que las personas y las organizaciones, deben identificar claramente a qué tipo de desafíos se enfrentan. El mundo de hoy, como pocas veces anteriormente y de forma inédita, se encuentra ante dilemas extraordinarios que mezclan cuestiones técnicas y adaptativas. Pero sobre todo nos enfrentamos a las últimas. Linsky, nuevamente, nos explica que ante ellas “…las personas tienen que aprender nuevas conductas y elegir entre valores aparentemente contradictorios. [y] Las culturas deben distinguir entre lo que es esencial de lo que se puede sacrificar cuando luchan por el progreso…”. 

No es sencillo, ni tampoco conocemos el resultado de las respuestas que podamos dar a desafíos desconocidos hasta ahora. Solo sabemos que lo que hicimos hasta el momento no nos sirve en forma completa. Por eso, en las actuales circunstancias es peligroso establecer las prioridades de manera dicotómica. Es irresponsable y en cierto modo inmoral oponer la salud a la economía. Es banalizar la complejidad de una circunstancia extraordinaria que vive la Argentina y el mundo. Es una simplificación dañina y engañosa. Los efectos de un mundo como el actual sobre una economía recesiva y empobrecida como la Argentina son severos; la ausencia de medidas sanitarias y el potencial desmadre hospitalario sino no se actúa drásticamente, también. Oponerlos es un grosero error conceptual que puede tener consecuencias imprevisibles. 

¿Qué es lo importante? ¿Qué es lo que podemos sacrificar? Son dos preguntas pertinentes y claves, interrogantes cuyas respuestas no deben ni pueden ser absolutas, sino flexibles, dotadas de matices, abordadas multifocalmente, metodológicamente creativas, contextualizadas y abiertas a la prueba y el error. La realidad que vivimos es excepcional desde todo punto de vista. No tener claro esto último en primer lugar, es equivocar gravemente el diagnóstico. 

Creemos, resultado de lo expuesto y reafirmándolo, que hay un factor que si debe ser el más cuidado en esta circunstancia. La pieza fundamental de este rompecabezas sin el cual el resto se cae; lo que nos define como sociedad; lo que es protegido en forma de principios, derechos y promesas en nuestro extraordinario Preámbulo y en el articulado de nuestra Constitución; lo que descuidamos en épocas oscuras y lo que olvidamos cuando implementamos como sociedad políticas económicas equivocadas para las mayorías; la prioridad de toda nación que se defina como democrática: sus seres humanos, origen y fin de toda comunidad política.