La Ciudad

Un motivo de alegría y agradecimiento

El Capricho de Hugo cumplió diez años

05|04|20 18:30 hs.

Es un acontecimiento que genera satisfacción. Diez años de actividad, en un comercio familiar, que requiere de dedicación y perseverancia. El Capricho de Hugo arribó a su primera década de vida y por este motivo, Hugo Pizarro, su señora Norma Liliana Molina, y los hijos Damián y Facundo, agradecieron el acompañamiento de clientes, proveedores y amigos. 


El local está ubicado en Brown 856, en la vivienda familiar. Cuenta Hugo que además tienen una hija, Etelvina, quien vive en Tres Arroyos aunque no se desempeña en el negocio. 

“Algunos tropiezos hemos tenido, pero hemos sabido recuperarnos y gracias a Dios, con la ayuda de la clientela que tenemos, logramos continuidad”, destaca. 

Elogia al barrio, porque “es muy colaborador, debemos estar orgullosos”. 

El Capricho de Hugo tiene un antecedente. Es que con anterioridad, Hugo Pizarro atendió en Listo el Pollo, en Rocha 864; “tuvimos otro comercio, con Héctor Di Gregorio, lo alquilábamos. Después las cosas no iban para dos”. 

Abrir su propio emprendimiento constituyó “un clic en la vida”. Observa que “pagar un alquiler hoy en día sería muy difícil. Estar en un lugar nuestro nos ayuda a seguir”. 

Facundo agrega que “los últimos años fueron malos. En el comienzo de 2020, de a poco, la economía se estaba empezando a recuperar hasta que llegó la pandemia de coronavirus”. 

De todos modos, tienen un equipo bien constituido para afrontar las adversidades. 

Una vida
Recuerda Hugo Pizarro que cocina desde los 18 años. Se desempeñó como cantinero del Club Olimpo, donde llegó a ser presidente, durante ocho años; “me encargaba además de cocinar en eventos sociales”, puntualiza. 

Comenta que en 1991 tuvo un comercio; “me fue mal”, señala y agrega que “en 1993 agarré la cantina de Estudiantes, donde estuve 13 años. Me siento muy agradecido al club, si bien también es cierto que hicimos muchas cosas”. 

La etapa siguiente correspondió a Listo El Pollo, hasta que llegó el momento de El Capricho de Hugo. Son solamente algunos datos de lo que hizo un vecino muy vecino, que se ha ganado un reconocimiento de quienes habitualmente van al local de Brown 856, tanto en el barrio como provenientes de otros sectores de la ciudad. 

Subraya que es fundamental “el apoyo de los hijos y mi señora”. De a poco, disminuyó su intervención, aunque –por supuesto- no dejó de trabajar; “hago alguna cosa y después derivo, el que más dirige la batuta es Facundo. Me operé hace un año de la cadera, cerramos un tiempo y después cuando volví empezó él, de a poco le fue agarrando la mano”. 

El pollo es la propuesta característica, junto a las papas fritas, chorizos y otras opciones. Pero además su señora realiza el menú del mediodía, todo casero; “lo mismo que le vendemos a los clientes comemos nosotros. La calidad es fundamental, te ayuda a mantener una línea”, afirma Facundo. 

Lo más gratificante es saber que hay muchas personas dispuestas a acompañar y no únicamente con una compra. “En un momento difícil, no solo desde el punto de vista económico, sino familiar, la persona que menos te imaginás está ahí, dando apoyo. Te das cuenta con toda la gente que podés contar”, coinciden expresar con gratitud. 

“Ser derecho” 
La infancia de Hugo transcurrió en una familia numerosa, con 13 hermanos. Comenta que “siempre dentro de mi pobreza, no salimos nunca a romper el vidrio al vecino para sacar lo que no correspondía, todo lo contrario. Siempre me gustó ser derecho”. 

 Es una forma de vivir que lo llevó hasta el lugar donde hoy se encuentra. Y que transmitió a los suyos, a las nuevas generaciones. Así se percibe claramente en El Capricho de Hugo, al compartir un encuentro y una conversación muy amena.