(Fotos: Marianela Hut)

La Ciudad

Olga Lofiego se refugió en la escritura

“El arte sana”

15|03|20 13:04 hs.

En el transcurso de la vida, el hombre se expresa por la palabra que cuando resuena desde lo más directo de nuestras fibras íntimas, es liberadora. En nuestra mente se alojan los recuerdos y nuestro mundo íntimo está hecho de palabras; y de ello sabe Olga Lofiego, una vecina de la ciudad que escribió un libro a partir de distintas situaciones personales que hicieron que brotaran sus sentimientos más profundos, muchos de dolor.


Olga nació en Tres Arroyos y perdió a su padre cuando era muy pequeña. Creció junto a su madre y sus hermanos, ayudando con solo nueve años en todos los quehaceres de la casa. Con el correr del tiempo conoció a quien sería su esposo, su compañero de toda la vida: Saverio “Piri” Nucera, del que tiene los recuerdos y el amor más profundo aún hoy reflejado en cada palabra: “con él todo fue hermoso y felicidad”.

Se conocieron en la tienda Arteta de nuestra ciudad; “yo fui una vez a comprar unas zapatillas y lo vi, quedé impactada”. Después se encontraron en un baile, pero su hermano mellizo fue quien la sacó a bailar “mandado por Piri para conocernos”. A partir de allí, se empezaron a ver en algunos bailes como los que se realizaban en el Club Colegiales y nunca más se separaron. Trabajaron en la tienda Los Cracks y, trasladados por ese empleo, se fueron a vivir a Necochea donde construyeron una familia y estuvieron juntos hasta el fin de los años de Piri.


Con su libro, que lleva una flor en la tapa. Olga también dibuja(Fotos: Marianela Hut)


Hoy, hace siete años que él falleció. “Fuimos a Bahía por una operación de próstata. Estuvo 18 días dormido y los médicos me dijeron: si Saverio despierta dentro de cuarenta y ocho horas va a ser él, sino ya no”. Olga recuerda que lo visitaba y lo acompañaba, le ponía la música que a él le gustaba y le hablaba. Seguramente, con ello se fue Piri. Con la voz de Olga diciéndole las palabras más lindas y sentidas que brotaban desde el amor más puro, profundo e incondicional. 

A partir de allí ella supo que debía enfrentar el duelo, pero sobre todo sabía que la vida ya no sería la misma; se volvió a Tres Arroyos donde tiene una de sus hermanas y hoy en día, hace trabajos de costurería para poder sobrevivir. 


(Fotos: Marianela Hut)


Una aliada 
Cada madrugada, se despertaba pensando en frases y reflexiones que escribió en un papel por mucho tiempo. “Las escribía porque a la mañana ya no me las acordaba. Dios me ayuda a reflejar lo que yo siento y lo que puedo escribir”, cuenta. La escritura puede convertirse en una potente aliada; una vía de escape que nos permite plasmar sobre el papel todo aquello que nos preocupa y que de alguna manera no dejamos que salga al exterior y realmente puede ser terapéutico, tanto desde lo emocional como desde lo físico. 

Una de sus nietas, Ornella, le regaló un cuaderno para que diariamente fuera sumando más y más pensamientos y le dijo “vamos a hacer algo con esto” y el regalo fue hacerlo libro. “La ausencia física de Piri fue lo que me llevó a concretar día a día estos párrafos. Sin él todo parecía terminado, las noches interminables y mis lágrimas no podían descifrar nada”, escribió. Este proyecto que se hizo reflejo de ella, la aventuró en palabras, la llevó a descubrirse y finalmente, gozarlo inmensamente. 

Si bien el arte siempre fue algo que le gustó y de chiquita hacia unos hermoso dibujos con lápiz, ella indica que “el arte es un tipo de conocimiento superior a la experiencia”; con esto busca trasmitir que nunca pudo ir a clases “era muy pequeña y ya dibujaba, me acostaba en el pasto y me pasaba las horas antes de que mi papá falleciera. Después, ya no tuve tiempo y mi mamá no me podía mandar a clases, pero siempre me gustó”. Eso entonces quedó oculto cuando debió ponerse al hombro la vida de su madre y sus hermanos pero rebrotó cuando Saverio falleció, también a modo de expresión de cantidad de sentimientos y buscando aceptar esa partida. 


(Fotos: Marianela Hut)


“Siempre le saco defectos a los bocetos que hago, pero eso también es lindo porque vas aprendiendo. El no haber practicado durante muchos años afectó al pulso”, señala. 

Un recuerdo 
Olga cuenta que cada noche prendía la luz y comenzaba a escribir en un papel; “las frases eran lindas pero tenía que escribirlas en el momento”. Después, las pasaba a los cuadernos de manera prolija y se los hacía leer a su hermana que, con sorpresa, le preguntaba de dónde sacaba todo eso. Ella explica que nacía desde el corazón pero sin pensarlo, “si pensaba no podía escribir, no me salía”. 

Cuando tenía muchas páginas escritas, su nieta Ornella se llevó todo el material “fue quien me cuidó y estuvo conmigo”, dice agradecida. Lo hicieron en la ciudad de La Plata, en la editorial Servicoop; “yo quiero más que nada que tengan el recuerdo los familiares, tengo poquitos libros e inclusive estoy haciendo otro, pero está todavía en pañales. Se lo di a mi nieta para que lo vaya mirando”. 

El libro es blanco y tiene una foto de portada de una flor, porque ella la representa muchísimo. Otro de los grandes pasatiempos de Olga es cuidar de su gran jardín, que está lleno de todo tipo de verdes las cuales riega cada mañana. “Yo no miro televisión, me relajo con las plantas, con la escritura y con la música. Son mis grandes compañías”, concluye.