La Ciudad

En primera persona: Sergio Armando Alarcón

Jugador de todas las canchas

15|03|20 12:25 hs.

Por Valentina Pereyra  

La verdad que la escuela no me gustó nunca, la pelota siempre estuvo primera, por eso, nos encontrábamos con chicos de otros barrios que iban con nosotros a la Escuela N°27 en el potrero de Viamonte y Caseros, largábamos el portafolio entre los yuyos y se armaba el partido con o sin guardapolvos. Cada dos por tres nos quedábamos a mitad de camino jugando a la pelota y, cuando volvíamos a casa con el cuaderno vacío, mi mamá se daba cuenta que no había tareas por lo que se fastidiaba mucho. Toda la vida me gustó el fútbol, veía la pelota y era jugar.

Soy Sergio Armando Alarcón, pero me dicen “Pato”, el “Pato chico”, sobrenombre que me prestó mi hermano mayor. Desde chico nos encantaba mirar fútbol, yo era fan de Peñarol con su camiseta negra y amarilla, admiraba ese fútbol uruguayo y salí así como jugador con temperamento, garra, como ellos. De chico era hincha de River, el único en casa porque todos eran de Racing, pero a mí me gustaron los jugadores millonarios. Nadie tenía tele en ese entonces, así que para mirar un partido hacíamos seis o siete cuadras por calles oscuras, con una luz apenas cada tanto hasta llegar a la única casa que tenía televisión en blanco y negro. 

Me gustaba caminar pateando la pelota desde Ameghino 1400, casi en el puente Faraónico, hasta el club, desde nuestra casa de madera que cada vez que llovía había que cambiar la cama de lugar hasta el césped de Colegiales, club al que entré gracias a don Antonio Lezcano que vivía pegado a nosotros. Al tiempo me fui para Boca -ahí jugaba “el Pato grande”, mi hermano- porque quedaba más cerca de mi casa, iría a primer grado cuando empecé en las inferiores con Di Nardo y Oscar Rico como técnicos y seguí hasta los 14 años. 


Viajó, recorrió, conoció y formó parte de diversos clubes


Un día me tocó ir con la primera división a jugar a San Cayetano, a un cuadrangular contra Independiente de esa ciudad. Fuimos en un colectivo viejo, medio destartalado, yo estaba re emocionado, sabía que me llevaban para entusiasmarme porque ya me quería ir del club y los dirigentes no me querían largar. Fui con los grandes jugadores de ese momento como D’Stéfano, el colorado Cedrón, Martínez, Cabrera, pero en el viaje nadie me hablaba, no me daban ni bolilla. De movida no jugué, entré en el segundo tiempo, no me preocupaba que fueran tipos de más edad, estaba acostumbrado a jugar con los grandes en el potrero, pero me castigaron bastante igualmente. 

Ya veía que iba a ser difícil seguir en Boca, había jugado un torneo en Tandil y al año siguiente otro en Ayacucho que fue el último en el club. Unos días antes de viajar llego a entrenar y me avisan que no podía ir porque estaba pasado de edad, entonces les dije que me iba de Boca, los apuré un poco, a esa edad no hay “no” que valga, así es que decidieron presentarme con un documento trucho.

Salimos para el provincial y en el primer partido hago dos goles a Bragado, en el segundo contra Azul, también le hago un gol y empatamos, después le ganamos a Ayacucho. Ya era el sábado a la noche y a mí me alojaba una familia muy amable que me llevó a todos lados, pero mientras cenábamos la señora me dijo: “Hay un comentario de vos acá nene, dicen que no te van a dejar jugar porque estás pasado de edad”. Yo se lo negué, agaché la cabeza y me fui a dormir llorando. 

Pero pasó lo que la mujer me advirtió, antes de la final, mientras hacíamos la cola para firmar, me sacaron de la fila y me mandaron a la tribuna, sentía que todos me estaban mirando y una vergüenza terrible, estaba solo, nadie se acercó a aclarar el tema, así que llegué a Tres Arroyos y me fui de Boca que ese partido lo perdió 2 a 1 con Ferro de Tandil. 

El Porvenir
A los 15 años, con un bolsito a cuestas y las ganas de jugar intactas nos subimos con mi hermano a un tren de carga que nos llevó de Tres Arroyos a Buenos Aires. Era una noche de tormenta eléctrica, todo el camino nos acompañaron refucilos y truenos. Llegamos a El Porvenir donde hice la práctica y les gusté, así que me llamaron para jugar contra Racing en quinta división bajo la dirección técnica del “el Flaco” Cierra. Ese fue mi debut, 3 a 1 con goles de Medina Bello y Lamadrid. Seguí hasta que llegué a la primera división dirigida por Jorge Masali y Roberto Iturrieta. 


El Porvenir


Vivía en un hotel de Constitución y para llegar al entrenamiento tomaba el tren que me bajaba en Lanús y de ahí a El Porvenir. No tenía plata así que me subía, miraba que el guarda ya haya pasado por mi asiento y cuando lo veía volver me bajaba y así todo el trayecto hasta llegar a destino. 

Entrené con los grandes en Ezeiza, corrí con jugadores que me aguantaron, me acuerdo de una tarde en Lomas de Zamora cuando jugamos con Los Andes de Oscar “Pinino” Más y José Serrizuela, partido que empatamos 2 a 2. 

Fue difícil vivir en capital, no me gustaba nada cada vez que aparecía la hinchada a pegarle a los jugadores cuando perdían y venía la policía, me costó adaptarme a esas cosas de la gran ciudad, pero aprendí a manejarme. Estuve dos años en el club, hasta que sacaron al técnico y ya no nos quisieron. 

Arsenal 
Conseguí el pase libre y decidí tomarme otro tren, esta vez hacia Sarandí para buscar al técnico que tuve en El Porvenir, le conté lo que había pasado y como le gustaba mi juego me hizo hablar con la dirigencia. Así que me quedé dos años en Arsenal, donde conocí gente como los Burruchaga y los Grondona. 

Para llegar a los entrenamientos me tomaba el tren a las 7 de la mañana y una de esas veces, sube una señora con un nenito con guardapolvo de Jardín que se sienta cerca. La escucho decir que se había olvidado una mochila en el andén y la veo que se baja. En ese momento arranca el tren y la mujer empieza a gritar que su hijo había quedado solo arriba, entonces decido tirar mi bolsito Donai por la ventanilla, alzar al nene y largarme con él a upa, esas son las cosas que te pasan cuando viajas tanto. 


Integró el plantel de Arsenal durante dos años


Yo siempre me tomé el tren que pasó, por eso acepté que un veedor de canchas, un comisario deportivo que vivía en el mismo hotel, hable con dirigentes de San Lorenzo para que me contraten y un día me llegó una carta en la que me citaban para presentarme en ese club. 

Me subí al tren y bajé cerca, una vez en la puerta no me querían dejar pasar, pero llegó el técnico y me dio toda la ropa para entrenar. En el vestuario encontré a Perazzo, Chilavert, jugadores que sabía eran muy importantes. Practiqué tres días con el plantel hasta que me llamaron que mi mamá -que estaba enferma- había desmejorado mucho. 

Me tomé otro tren y cuando llegué ella había fallecido, la perdí y también la posibilidad de jugar en San Lorenzo porque me había ido de las prácticas sin avisar. 

Villegas 
Fui para la Estación y me subí al tren que salía a las 23 horas para Banderaló, General Villegas. Llegó cerca del mediodía y la verdad que ni sabía adónde iba, por las ventanillas veía las casas tapadas de agua, pero no me desanimé. Me estaban esperando, me atendieron muy bien y después de un asado me avisaron que jugábamos en Bunge, una localidad a 100 km de ahí. 

Les pedí que me pusieran para poder mostrarme, entré en el segundo tiempo, pero unos minutos antes me puse a calentar al costado de la cancha con mi buzo Le Coq Sportif y mi pelo largo capitalino. La cancha -que daba a un campo arado- estaba llena de gente y a todos les llamó la atención que corriera tanto, las mujeres me decían: “Te vas a cansar antes de tiempo”. Aunque jugué bien, no arreglé y me fui. 

De Huracán a Loma Negra y más 
De nuevo me trepé a las vías de regreso a Tres Arroyos para jugar en Huracán y, un año después, en el ‘88 me monté al vagón que me dejó en Ferrocarril Sud de Tandil. Todos apostaban a que no me iba a ir porque creían que conocería a una chica -que todavía hoy no conocí- y me iba a quedar, pero no fue así. 

Con un poco más de plata para comprar el boleto me tomé otro tren hacia Loma Negra de Olavarría, donde conocí a Amalia de Fortabat que fue a saludarnos a un entrenamiento, fue uno de los mejores clubes en los que estuve.


Loma Negra


De nuevo en la Estación me paré en el andén hacia “El León” de General Madariaga y salí a jugar un regional, luego a Juarense en la Liga de Tandil. En una visita que hice a Loma Negra me ve el Topo Dragui, que me llevó a Atlético Hinojo donde arreglé con un supermercado, por eso, cada vez que me volvía en el tren para mi ciudad, me daban un bolsón cargado de mercadería para mi casa, por ese entonces había necesidad, ya no estaban mis padres y había que remarla. 

Revolé el botinero de nuevo y salí para Atlético Palermo de Necochea a jugar un Regional, volví a Olimpo de Tres Arroyos, Villa del Parque, donde jugué un año y con lo que gané me compré la quinta en la que vivo, después Quilmes, Sportivo Piazza de Azul, Atlético Ayacucho, registré pase por Sportivo Dock Sud de Tristán Suárez, jugué un cuadrangular en Bella Vista de Bahía Blanca y unas prácticas en El Nacional y estuve en el seleccionado juvenil de García Blanco. 


Atlético Palermo de Necochea (junto a Conejo Pérez)


Última parada
El tren de pasajeros no llega más a Tres Arroyos, así que me quedé en el ´87 en esta Estación, formé la primera escuelita de fútbol de Tres Arroyos en Huracán y ahora estoy con las inferiores de Argentino Junior. 

A los 30 años y después de una lesión pensé que ya no podía jugar más, era libre y un vago bueno, sano, nunca un cigarrillo, ni chupe, nunca agarré nada malo, fui pícaro para defenderme en el mundo del fútbol y eso me dio de vivir. 

El tren no se detuvo, siguió por otros carriles, yo me bajé con mi pelota, esa con la que dormí, la que me dio de vivir, la que me permitió conocer gente famosa, andar por todos lados, aprender de muchos técnicos, todo eso me lo dio la pelota, mi compañera de viajes.