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Hincha emblemático de nuestro fútbol lugareño

Ruben Damboriana: “El fútbol me salvó la vida”

01|03|20 12:45 hs.

En nuestra ciudad y por el fútbol hay historias particulares. Todos los clubes tienen un personaje para destacar, pero el caso de Ruben Damboriana es reconocido en el mundillo futbolero local. 


Por eso es que decidimos convocarlo a la redacción de LA VOZ DEL PUEBLO, para que contase un poco la historia de su querido El Nacional y como una manera de reconocer a ese personaje, no tan anónimo, que domingo a domingo está “tras el alambrado” sufriendo por los colores de su club. 


(Fotos Horacio Arbasetti)


Ruben, junto a uno de los amigos que le dio el fútbol, Daniel Beigbeder, fue desandando los recuerdos. 

“Tengo 70 y desde los 8 años que voy a la cancha, porque me llevaba mi hermano. A mí me agarró la parálisis infantil (poliomielitis), después me sacaron un hueso y no quedé bien. En cambio otros se recuperaron y algunos murieron. Nací el 7 de noviembre del 49 y en agosto del 51 me agarró la parálisis. Era una epidemia tremenda, me llevaron a Buenos Aires, al Hospital Rawson. Me lo pasé yendo y viniendo hasta los cinco años, después me hicieron un carrito de ruedas para que pudiera moverme, a los 7, el padre de Antonio Fígaro (el que era referí) me hizo las muletas. A los 8 años mi hermano me llevó a la cancha, me enamoré de El Nacional, me quedé ahí. El me acompañó hasta los 11, cuando ya iba solo. Desde los 9 vendíamos con mi hermano La Voz del Pueblo y La Hora hasta los 23, cuando me cansé, éramos canillitas voceando el diario”. 

Cuenta sonriendo que los domingos que se hacía la Vuelta de Tres Arroyos de TC vendían 600 diarios, “andábamos de a pie, ahora no camino ni cincuenta metros -dice riéndose-. Largaban desde la cancha de El Nacional, después se fueron más allá”.

Los afectos 
Ruben Damboriana tiene montones de anécdotas y generalmente en muy pocas de esas no arranca una sonrisa a quien lo escucha. Siempre está dispuesto a contestar todo lo que se le pregunte y si de El Nacional se trata, más aún. 

“No tengo mamá ni papá, tengo un hijo -Simón-, mi familia que me apoyó toda la vida, mis amigos y El Nacional. Es la parte mía… mirá”, dice y me muestra un tatuaje. Además de hablar con admiración de su hijo que “ahora en marzo cumple siete años. Va a la Escuela 14, a segundo grado, Simón Damboriana, tiene el apellido mío. Todos me preguntan si mi apellido es con e o i pero el verdadero es Damboriana con i. Eran veintiocho hermanos los Damboriana, mi padre era el más chico y ahora tendría 103, 104 años”. 

Cuenta con admiración y volviendo a “su” El Nacional, que fue fundado el 1º de abril de 1915 y su padre nació un año más tarde, algo que marcaría su destino aurinegro. Tiene numerosos recuerdos alegres, como el campeonato de 1963 “con un montón de jugadores grandes, buenos. Equipazo tremendo. El más triste fue cuando nos fuimos al descenso, eso fue lo peor. Nos fuimos tres veces, me parece, pero la primera fue tremenda. Después yo empecé en el 82’ a ser utilero y salimos campeones en el 85’; en el 83 nos fuimos al descenso, en el 84’ jugamos en Segunda y en el 85’ subimos con un equipazo… jugaba éste” -por Daniel Beigbeder-. 


Sergio “Peludo” Arámbulo y Martín “Huevo”Alarcón en una mesa de la “oficina” frente a la cancha del Decano quienes lo acusaron de “traidor” por haber venido con uno de Villa al diario


Los amigos 
El fútbol le dio la posibilidad de cosechar innumerables amigos “como él (por Beigbeder), el Turco Salomón, Gustavo Ferrario, el Huevo Alarcón, el Peludo Arámbulo. Son muy amigos, muy amigos. El fútbol me salvó la vida, me dio ganas de seguir viviendo. Cuando se fue mi mamá, se murió, yo no sabía qué hacer. Me agarraron Mariano Recari y el Huevo Alarcón y me llevaron a las carreras de autos cuando este empezó a correr. Todos los amigos siempre estuvieron conmigo”, cuenta emocionado recordando esos momentos duros. 

Porque Ruben es así, un tipo simple, gracioso, sin vueltas. Que tanto te cuenta la mala o la buena con el mismo humor y hasta riéndose de su propia desgracia. 


Ruso Daniel Beigbeder (al que “no lo querían porque era de la contra pero yo lo llevé”) (Fotos Horacio Arbasetti)


Un poco por ser amante de este fútbol nuestro bien chacarero, cuenta el Ruso Beigbeder que “él va siempre a la cancha; teniendo El Nacional un equipazo, peleando el descenso o estando en Segunda. En cambio yo, desde que dejé de jugar no voy más a la cancha; pero en el caso de él, aunque no le guste el técnico o los jugadores, va igual. Es hincha de El Nacional, no del jugador, del técnico o de los dirigentes, él es del club”. 

De otros tiempos 
Entra a historiar otras décadas de El Nacional, como la del 63’ con Carlos D’Alessandro, “jugador de la p… madre. Un equipo bueno completo, un 9 como el Chato Ferrera, rosarino, una torre. Yo lo ví hacer goles con la nuca, no sabés lo que era. La gente grande se va a acordar de Mandrake Benítez, García Blanco, Pedro Arámbulo, Antonio Damboriana, Pito Milanesi, los Tedeschi, Poroto Fernández, Rómulo Rodríguez, el Potro Abad, Ramoncito Suárez, Juan Bautista D’Alessandro, llegó a jugar el Conejo Cucci, el técnico era Escur, el 90 por ciento han muerto”. Recordando siempre a quienes de una u otra manera han pasado por El Nacional. 

Tras apagar el grabador siguieron las anécdotas y recuerdos que se trasladaron, dos días después, a la “oficina” ubicada en una mesa de la confitería de Delicias de Belgrano, “casualmente” enfrente de la cancha de El Nacional. 

Allá fuimos para hacerle algunas fotos en el club y lo volvimos a encontrar con sus amigos, Martín “Huevo” Alarcón y Sergio “Peludo” Arámbulo, quienes lo cargaban por la “fama” de la nota y el haberlos traicionado por “ir con uno de Villa” al diario. Café de por medio terminó la tarde mostrando nuevamente que a Ruben Damboriana lo salvaron “el fútbol, El Nacional y mis amigos”.    


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Corazón aurinegro

Damboriana pasa a mostrar un sinnúmero de fotos -hasta videos de goles de El Nacional- que tiene guardados en su celular, como de su hijo, algunos ex jugadores, técnicos, amigos, como el caso del Ruso; “él era de Villa. No lo querían en El Nacional porque era de la contra, pero yo lo llevé”. 

Y refiriéndose a Beigbeder dice que éste “fue un monstruo. Vino a El Nacional y despegó ahí, porque estaba en Villa pero con nosotros pegó el salto”. Reconociendo además que el tener compañeros como los que le tocaron en ese tiempo ayudaron mucho. 





El Ruso Beigbeder reconoce que “los compañeros tienen mucho que ver. Porque en Villa siempre estábamos peleando abajo, Nacional tenía ya un equipo armado con muy buenos jugadores. Yo estuve en el 85’ y después en el 91 con Caruso de técnico, le sacamos el invicto a Boca después de 40 partidos. Después, cuando estuvo el Huevo Alarcón, me jodí los meniscos y dejé. Pero Nacional del 85’ tenía un equipo de temer: Jimy Giménez al arco, Robledo de 4, Juan Gutiérrez, Chico y Arámbulo, el Tati Fernández, Coronel y Salomón y arriba Ferrario, yo y el Toli Andreasen. Hice quince goles ese año, tener compañeros de ese tipo te la hacen más fácil. Aparte con el Turco y Toli jugábamos de memoria”. 

Para Ruben “el Turco Daniel Salomón fue el mejor jugador que dio el club, después hubo otros importantes como Gustavo Coronel, el Huevo Alarcón, Mariano Moreno o el Peludo Arámbulo pero el que te ganaba los partidos era él. El Turco te ganaba los partidos solo”, cuenta con admiración y reconocimiento por este verdadero personaje del Decano. 


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El Gallego Palacio, Rodrigo y el Diego

Hablando de los mejores jugadores de todos los tiempos destaca al Gallego José Ramón Palacio porque “vino a retirarse acá, con nosotros en el año 91. Rodrigo era chiquito y el Gallego me lo dejaba conmigo en la utilería. Los dos fanáticos de River mal, aunque después Rodrigo me dijo que era de Gimnasia de La Plata. Cuando Rodrigo debutó en Huracán fue en un amistoso en la cancha de El Nacional contra Villa Mitre; en el verdinegro venía jugando Gustavo Coronel que había sido ‘nuestro’. Con el Gallego fuimos compañeros en la Escuela 15, él arrancó las inferiores en El Nacional pero después se lo llevó Huracán de pibe. Para mí fue mejor que Rodrigo, un avión tirando diagonales. Palacio, Tito Alonso y Barberón, esa delantera de Huracán era tremenda”. 



Maradona 
También recuerda la vez que estuvo Diego Maradona, en 1982, primero mirando un partido y luego jugando en la cancha de El Nacional. “Me contaron en el club que estba y me fui a la cancha, yo vendía rifas y estuve al lado de él. Estaba Claudia, el suegro; yo saqué un papel para un autógrafo y me dijo Diego: ‘no, no firmo porque si no voy a tener un kilombo bárbaro con el resto’. No me enojé para nada porque él me podría haber firmado un autógrafo pero yo no me quería sentir como un pobrecito. Sea lo que sea a Diego lo amo”. 



Del fútbol de AFA es hincha de Boca y como mejores jugadores que ha visto con la camiseta xeneize, “Diego y Riquelme, los vi jugar a los dos. Pero a Tres Arroyos vino el Boca campeón del 71’, el Rosario Central con Kempes, el Estudiantes campeón de América, todos a la cancha de Huracán. ¿Sabés lo que hacía yo?, iba trepando y ponía la bandera de El Nacional en la tribuna popular de Mitre en todos los partidos”, cuenta porque siempre el Decano está.