La Ciudad

Los Ángeles de Rosa

Rosa Fontana reabre el comedor en el Barrio Olimpo: “Estos chicos me sacan adelante”

26|02|20 09:56 hs.

En la tarde del martes, último día del fin de semana largo, Rosa Fontana se encuentra trabajando en el garaje de su vivienda, donde funciona desde hace más de cuatro años el comedor Los Angeles de Rosa. Recibe a LA VOZ DEL PUEBLO en el lugar, ubicado en Isabel la Católica 1110, y de inmediato comenta la fecha en que está previsto el reinicio de las actividades. 


Hace poco menos de un año la operaron de cáncer. Pero le detectaron otro tumor, esta vez en el pecho, y el 17 de marzo será sometida nuevamente a una intervención quirúrgica en el Hospital Pirovano. “Me ha pegado fuerte. Estoy medio cansada, pero lo tengo que hacer, es otro batalla por dar”, dice con franqueza.

El comedor reabrirá el sábado 7 de marzo y tiene previsto darle continuidad hasta fin de año. Cada sábado le brinda un almuerzo a chicos del Barrio Olimpo y también provenientes de otros sectores de la ciudad; así como entrega 20 viandas. Además les entrega comida a cuatro abuelos en sus domicilios.

“Este verano después de cuatro años lo tuve que cerrar, en enero y febrero interrumpí las actividades”, indica sobre el paréntesis que debió hacer en esta tarea. 



Con un papel en su mano, expresa su interés en nombrar a colaboradores que considera fundamentales. “El comedor va a seguir porque tengo personas que me ayudan”, señala y enumera: “Nélida Barragán, quien vivió toda la vida en Olimpo; Micaela Garate, que viene de corazón y va a buscar chicos al Barrio Municipal, los trae para que tengan su almuerzo; Cecilia Velázquez, una chica que trabaja en un matadero, es buenísma; y un matrimonio, Rafa y su señora, que siempre están dispuestos a trabajar”. Del mismo modo, su mamá María Bonini le brinda un acompañamiento permanente. 

Con algunos de ellos habló, en referencia a su situación de salud; “voy a estar a cargo del comedor, pero durante un tiempo no voy a poder hacer nada. Estoy en las manos de Dios”, observa. 

Rosa agradece todas las donaciones recibidas en 2019 y manifiesta que “lo único que les quiero pedir es que me den otra vez una mano porque no tengo rifas, bonos. Que me ayuden a seguir con el comedor, en Tres Arroyos hay mucha gente solidaria. Todo lo que viene bienvenido sea, alimentos no perecederos, arroz, fideos, aceite, condimentos, algo de limpieza para limpiar los platos y desinfectar, todas esas cosas que a veces no llego a comprar”. 

En diciembre pasado, finalizó el año con 110 chicos en el comedor, más las viandas y la asistencia en los domicilios a los cuatro abuelos, a quienes –indica- “siempre les doy, también seguí con ellos en vacaciones. Son como parte de mi familia, al igual que los chicos”. 

Con una sonrisa, subraya que los pequeños le dan ánimo; “me dan vida”, agrega con énfasis.

Reitera el agradecimiento “a todos los que el año pasado me ayudaron, ojalá que este año también lo sigan haciendo. Mi teléfono es (2983) 405215. Les pido que me llamen para coordinar, porque a veces estoy afuera o en el hospital, así los espero cuando traigan una donación o si hay que ir a buscar algo nosotros podemos hacerlo”.

Reside con su familia en el Barrio Olimpo desde hace siete años. Con anterioridad, residió en Fonavi Terminal. Los Angeles de Rosa “es como un hogar que tengo y extraño escuchar cuando me llaman y me dicen ‘Rosita’. Son como mis hijos. Me traen una flor, me preguntan cuándo empiezo”, relata. 

Describe una realidad difícil, porque “el hambre está. Son tiempos complicados y las necesidades uno las ve. No abrir el comedor me haría mal, lo digo a corazón abierto, las carencias existen y quiero seguir ayudando. Estos chicos me sacan adelante”. 



La solicitud primordial está orientada a los alimentos. Además son de utilidad las entregas de platos o fuentes, considerando que “se usan mucho, a veces alguno se rompe, pero es para tener. Lo urgente es la comida”.

Mejoras 
El garaje utilizado para esta actividad social evidencia las mejoras que Rosa logró concretar con esfuerzo. Incorporó cerámicos en el piso, entre otros cambios. Le muestra al diario una cocina industrial y puntualiza que “la pudimos comprar y mi marido la va a instalar para empezar a cocinar”. 

Se alegra por los pasos dados, ya que “avanzamos. Falta mucho todavía. Pero acá el corazón es grande y hacemos todo a pulmón”. 

En el cierre de la entrevista, reflexiona: “Siempre digo que sería bárbaro que todos pudieran comer en su casa, con su familia, pero no es así”. Es una persona de fe, por momentos se conmueve, si bien su voz tiene firmeza cuando afirma que “Dios me puso en este lado y acá voy a estar. Siempre me bendice, día a día”.