En el agua, su ambiente natural. Gracias a su profesión, Piscicelli llegó a la Antártida

La Ciudad

Juan Piscicelli, biólogo

Una pasión que no conoce fronteras

23|02|20 12:09 hs.

Juan Manuel Piscicelli, es un tresarroyense que dedica su vida al estudio de los peces. El joven licenciado en Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional del Sur que además es profesor de nivel Secundario y Superior, asegura que el amor por los peces está “desde siempre, desde que era un niño. Fui a la Escuela Agropecuaria, en 7° año teníamos la materia acuicultura, con Vivían Pereyra, donde está el criadero de truchas y eso fue lo que me marcó mí pasión por los peces”. 


Actualmente se desempeña como becario doctoral del Conicet donde realiza su posgrado en la Facultad de Ciencias Exactas, en la Universidad de Buenos Aires, en el departamento de Ecología, Genética y Evolución. 

Su lugar de trabajo es el laboratorio de Ecología Evolutiva Humana, que pertenece a la Facultad de Ciencias Sociales de la Unicen donde trabajan antropólogos, bioantropólogos y arqueólogas. Juan comenta que siempre tuvo acuarios, “llegué a tener hasta ocho”, con distintas especies observando su comportamiento, alimentación y reproducción. 

Con un amplio curriculum que lo avala, el biólogo recibió en el año 2012 un mail con un regalo que había esperado y ansiado durante mucho tiempo proveniente del Instituto Antártico Argentino. Lo invitaban a desempeñarse profesionalmente en la base Alejandro Carlini de la Antártida, el pie científico local por excelencia. 

Juan recuerda que fue “una alegría porque había finalmente pasado los distintos test, además de tener la posibilidad de conocer un lugar que sólo unos pocos privilegiados tenemos el placer”. Sabía que era un crecimiento personal y profesional y lo dialogó ampliamente con sus padres, ya que “no había medios de comunicación más que email. Así que le enseñé a mí familia a usar el Facebook para chatear y poder leer mensajes y saber cómo estaban”.

Juan tiene un recuerdo hermoso de esos quince meses maravillosos, donde aprendió a valorar cosas que en la vida cotidiana pasan desapercibidas. Con apenas veinticinco años, estuvo quince meses llevando a cabo trece proyectos y ocho laboratorios. En la Antártida participó de un proyecto vinculado al Alfred Weger Institut (AWI) de Alemania, donde estudiaron las relaciones entre los peces y sus depredadores antárticos. La experiencia “fue muy enriquecedora desde todos sus aspectos, tanto profesional como de compañerismo”.

En la primera Campaña Antártica, que se denominó Invernada, se desempeñó como jefe científico donde quedó fascinado con la investigación que hacía el grupo de Ictiología y la calidez humana de sus compañeros trabajando con “todo respecto al continente blanco”. 

Posteriormente, le propusieron una nueva pero esta vez de seis meses, que lleva el nombre de Precampaña y Campaña de Verano, “a ésa fui con un proyecto de estudio de reproducción de peces de la zona que duró hasta marzo del 2015. Aquí el viaje fue más largo, porque primero fui a base Marambio, estuvimos una semana por mal clima, hasta que tomamos el Twin Otter, un avión más ligero que aneviza en glaciar, hasta llegar a base Carlini”.

Concursos 
Juan indica que su campo de investigación es la biología de los peces que en la jerga lleva el nombre de Ictiología, y realizó cursos muy específicos de ello “estuve viviendo un mes en la ciudad de Corrientes donde aprendí en un centro de investigación la cría, reproducción, y manejo de especies de peces de agua dulce y quedé fascinado”.

Actualmente, su principal objetivo es comprender cómo cambian los ensambles de peces por medio del análisis de datos obtenidos en concursos de pesca en las zonas comprendidas entre Mar Chiquita y Marisol. Ello, nace de la pregunta ¿qué está pasando con los peces? Desde ese rol es que fue convocado por el Club Cazadores para el concurso de las 24 Horas de la Corvina Negra así como en tantos otros Clubes, en los que revisa las condiciones de los animales que entran en los mismos. 


Actualmente, Juan Piscicelli se desempeña como ictiólogo en Las 24


Respecto a la competencia realizada en Claromecó el 8 y 9 de febrero, aseguró que la corvina ganadora “se encontraba en perfectas condiciones de alimentación y sanitaria”. 

Más pingüinos muertos
En estos últimos días han aparecido varios pingüinos muertos en diferentes lugares de la costa claromequense; con la marejada del jueves en la que el agua llegó hasta el sector de tamariscos en la parte de Dunamar y hasta los balnearios en la zona de Claromecó, la situación empeoró pudiéndose ver en el sector de La Barra, grupos de animales fallecidos en la arena. 

Juan Piscicelli mencionó que “muchas veces suele pasar que cuando hay sudestada, se pierden y salen a la costa; la mortandad podría deberse a un agotamiento físico sufrido por las adversidades del clima o por alguna patología específica”. 

Asimismo recalcó la importancia de estudiarlo en detalle para dar el motivo fehaciente y recomendó no ofrecerles comida ni tocarlos. Asimismo informó que ante cualquier animal marino sea tortuga, lobo marino, elefante, delfines o pingüinos no acercarse ni tocarlos y específicamente de los lobos marinos indicó que podrían ser portadores de tuberculosis y “cuando soplan con el spray podría llegar al humano”. 

En febrero del año pasado, también habían aparecido animales muertos en la costa por lo que los lectores enviaron las imágenes a la redacción del diario. En octubre de 2018, pasó similar indicando el hallazgo de más de cien ejemplares de pingüinos de Magallanes muertos en la costa del balneario. 

En aquel momento, el biólogo Gabriel Francia realizó un relevamiento en el lugar e informó que la alta mortandad se debía a la falta de alimento, siendo muchos de ellos ejemplares jóvenes en estado de desnutrición.