Fotos Caro Mulder

Claro, Reta y Orense

.

En busca de los saltos

09|02|20 12:09 hs.

Una nueva edición de las 24 Horas de la Corvina Negra se puso en marcha ayer, cuando a las 15 sonó la sirena que provocó que miles de líneas vuelen por el aire y se estrellen en el mar en busca de esa pieza que les proporcione alguna recompensa, ya sea en el certamen principal como en el paralelo. 


Carpas, trailers, gazebos, casillas, camionetas, pesqueros, areneros, autos, motos, cuatriciclos y hasta tractores se ubicaron a lo largo de toda la costa de Claromecó, Reta y Orense imitando como siempre, el folklore de este clásico fin de semana. 

Sonó la sirena oficial a la hora pautada y dio inicio al evento motivando a todos los pescadores profesionales y amateurs a adentrarse al mar en busca del mejor tiro. A pesar de la masa de agua embravecida que desencadenó en muchos cortes de líneas y plomadas devueltas, ninguno de ellos desestimó de la actividad mientras que muy por el contrario se mostraron a cada minuto más motivados. 

El tiempo hace mucho que no viene acompañando a Claromecó y ayer no fue la excepción. La mañana comenzó fresca, nublada y tormentosa junto al viento del sudeste que sopló en toda la jornada, aunque eso no impidió que las familias y los grupos de amigos se instalaran para vivenciar el concurso que se hace cada vez más fuerte con el pasar de los años. 



La zona de los saltos, pasando El Faro, generalmente es la más poblada para aquellos pescadores que van en busca de la corvina, la estrella de este certamen pesquero. Tradicionalmente fueron varios los ganadores que obtuvieron premio ubicándose en el camino que conduce a Orense, camino hacia el que nos dirigimos en esta oportunidad.

El ganador de la 58ª edición 
Matías Filas fue el ganador de la edición 2019 de las 24 horas de la Corvina Negra con un ejemplar de corvina rubia que pesó 3,814 kilógramos. Con el tiro realizado a las 5.45 en el Tercer Salto y medio se proclamó campeón, se llevó el premio mayor y dejó por siempre su nombre en la historia del concurso, “fue gratificante, algo espectacular y único”, definió. 


Matías Filas, ganador en el 2019, busca repetir. Asimismo, el último campeón está acompañado nuevamente por su padre, Japo Filas


En esta jornada, no podía faltar su presencia y ya al principio de concurso estaba dando cátedra de pesca a pesar de estar un tanto enojado con el día y el mar que “está con mucho arrastre”. Consultado sobre el espacio que se observaba lleno de pescadores advirtió que “estamos uno al lado del otro, es difícil así. Para otros lados hay menos gente, entre el Segundo y el Tercero”. Los demás participantes optaron por el mismo espacio, quizás esperando sacar una corvina similar a la de él. 

Con su experiencia que viene de familia y de años aseguró que no sabe si logrará repetir el triunfo “pero por lo menos estar en el clasificador”. La pesca para la familia Filas y especialmente para Matías es trascendental y “un sentimiento hermoso, de chiquitito compartiéndolo con mi viejo para todos lados”. 

Se repitió la historia y se ubicaron exactamente en el mismo lugar que el año pasado. “Vine con mi papá, Japo, y los mismos chicos que la vez anterior, faltó mi hermano para igualarlo pero me puse la remera que me dio el Club Cazadores que es la del uno”, dijo orgulloso y regocijante. 


Japo Filas


Cualquiera que escucha al joven se emociona, recordando una tradición de familia de pescadores que en 2013 sufrió la pérdida del recordado Federico Filas, quien junto a Walter Mas desaparecieron en el mar del balneario Reta cuando pescaban embarcados. 

Los participantes 
Martín Moreno, “el mejor pescador de la zona” según sus amigos, es de Bolívar y participa hace veinte años en este concurso. No lo “para nada”, mientras refiere la presencia de un clima que no ayuda y aventurando una noche fría y difícil; no se desanima en busca de superar un puesto pasado que lo dejó entre los mejores treinta. En esta ocasión llegó con su hermano Pablo y dos amigos más, Jorge y Gerardo de Comodoro Py, que decidieron probar suerte. Su familia lo acompaña porque Martín lleva esta pasión desde que es chico, “están en el camping de Luz y Fuerza, al pie del cañón siempre”. 

Paula y su marido Oscar Villoldo se acercaron en su camioneta desde Tres Arroyos al sector del Cuarto Salto para obtener el lugar en el podio. Participan hace cinco años, aunque en el 2019 no pudieron acercarse por motivos personales; Paula asegura que “le encanta” cada vez que llega este fin de semana pero no tiene paciencia para pescar, en cambio él lo hace desde hace años y lo disfruta independientemente del premio. 

Ellos, junto a sus pequeños hijos se complacen en cada edición sin temer sobre algunas condiciones climáticas que han tenido que sobrepasar “preparamos todo, en otros momentos ha subido el agua hasta acá pero no pasa nada”, finaliza. Oscar, explica que su oportunidad estará en la noche, cuando muchos se van a dormir pero el estará más despierto que nunca “capaz que no hay tanto arrastre”, dice. 


Paula y Oscar Villoldo llegaron desde Tres Arroyos


Oriente también tuvo su representante y estuvo en manos de Leandro Cousiño que está participando junto a tres amigos. La pesca que “viene de la cuna”, se la inculcó su papá que en el año 1997 se subió al podio con un chucho; la historia de ganadores siguió y él logró un premio la edición pasada en el sector del Tercer Salto “es una cábala venir, esta vez tuvimos que cambiar de lugar porque no había espacio y estaba el enganche”. 

Optaron por el Cuarto Salto, un sector que tiene una canaleta que “está complicada para pasarla, hay otros pescadores que se están metiendo más para tirar pero está difícil”. Positivo, y pensante explica que tomará fuerza para la noche que por las condiciones del mar podrán pasarla y efectuar un mejor tiro. No así en la subida de marea porque “es donde pican solamente los cangrejos”. 

Ronald Verkuyl y Andrés Van der Horst, dos apasionados por la pesca y el deporte se acercaron una vez más para disfrutar este concurso con la familia. Ronnie contó que hace veinte años no participaba, pero Andrés viene invicto casi, desde que nació. “Nos gusta la pesca y el deporte pero más la camaradería y el folklore que hay alrededor de ello y del concurso”. 


Ronald Verkuyl y Andrés Van der Horst están acompañados por su familia, formando un nutrido grupo


Junto a toda la familia, sumaron más de diez personas que pasarán la noche en el refugio formado entre carpas, camionetas y lonas “le vamos a poner la mejor onda para hacer de verdad veinticuatro horas en la playa”. Otra parte importante de este campamento fueron los juegos, las risas y la música que se observan a lo lejos que invitaron a regocijarse de ese gran disfrute. 

Elías Villalba de Orense, se acercó con un grupo de cinco amigos para que además de ser un concurso de pesca sea un buen momento entre todos. Lamentablemente no han tenido suerte en las ediciones anteriores pero no “hay que aflojarle”. Sumaron esta vez, un parlante gigante que les llenará de diversión la noche. Ezequiel, otro de los pescadores del equipo dice que intenta no faltar, aunque a veces se hace difícil por los costos y la movilización que se necesita. Desea conseguir alguna pieza aunque “no me saca el sueño”. 


Elías Villalba busca, “más allá del concurso” pasar un buen momento con amigos


Guillermo Darío Morán y Guillermo Lorenzo, “los dos Willys” son amigos oriundos de Tres Arroyos que se trasladan junto a otros dos en una carpa. Ese refugio está decorado por fuera con banderas de todo tipo: Boca, River y hasta de una marca de cerveza de la cual son fans; las más importantes y vistosas son dos de Argentina, una particularmente grande que decoró la costa con su flameo gracias al viento que sopló constantemente. Esa “la consiguió otro amigo” y los acompaña desde el momento cero como identificación y a modo de cábala. 


Los dos Willys. Guillermo Morán y Guillermo Lorenzo armaron un gran refugio con muchas banderas, incluso una grande de Argentina


Los amigos hace 17 años que participan de la competencia “y nunca sacamos ni un pescado” dicen entre risas. Lo toman como unas vacaciones y en todo ese proceso siempre llevan marcadas sus raíces y sus orígenes, no quieren olvidarse de su país y de lo que es nuestro como sociedad. “Tenemos una casaca que nos identifica”, mencionan orgullosos mientras se desprenden la campera para mostrarla. Del lado de adelante tiene el ícono del Ara San Juan “para que no se olvide”. Del lado de atrás las Islas Malvinas junto al nombre de cada pescador “porque son nuestras”, finalizan. 

Jorge Fernández de Benito Juárez participa hace cincuenta años en el certamen y “he sacado corvinas negras de veintidós y veintitrés kilos en Marisol y Reta aunque no en el concurso”. Él, con setenta y siete años y un amor por la pesca palpable en sus palabras y su sentir explica que “no es fácil, es una lotería, un billete. Fijate la cantidad de tiradores que hay, el pescado te tiene que elegir, prácticamente”. 


Jorge Fernández, de Benito Juárez, aseguró haber sacado corvinas de porte en otras playas, aunque aseguró que participar del concurso “es una lotería”


Adentrado hasta la rodilla con su mameluco y las botas que le evitan un poco el frio, cuenta que también es una vivencia familiar en la que trajo a sus hijos desde los dos años y pronto participarán los nietos que “se quedaron llorando porque no pudieron venir”. Reflexiona sobre el presente, donde es una prioridad y una ventaja poder “hacer deporte al aire libre con ellos. Hoy pasan muchas cosas, la droga está haciendo desastres y esto es algo bueno y natural”. 

Jorge tiene una empresa familiar dedicada al campo y por eso el lazo con quienes lo acompañan es tan fuerte “siempre andamos juntos, vamos al norte, a todos lados”. Y sabe que lo importante es mantenerse activo, haciendo lo que uno disfruta “el día que me falte actividad me muero, cuando tenés cierta edad no debés parar”, sentencia.