Carlos R. Cuestas

Opinión

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Cambio de mano

26|01|20 11:54 hs.

Por Carlos R. Cuestas 


Título extraño, ¿no?. Si me tiene paciencia, por ahí se aclara. 

Tiempos hubieron donde el "Pienso, luego existo" reinó sobre estas pampas; y en algún momento, con total descaro e impudicia, fue destronado por el "Tengo, luego soy". En ese cambio, nos olvidamos que no todos los docentes son Maestros y que el hecho biológico de tener hijos no nos convierte en Mamá y Papá (las mayúsculas son sólo para resaltar el sentido). Y por rara coincidencia pasamos del alpargatazo o el chirlo en el culo (no se enoje, es por la claridad) dado a tiempo, a la teoría de la libertad de acción y del libre albedrío por temor al Trauma infantil. En mi amplia experiencia con jóvenes, nunca supe de traumas por chirlos. 

O sea, pasamos del control interno familiar, al externo de la escuela y la sociedad. ¡¡Y ahí aparecen las famosas manos!!. Pasamos de la mano firme, basada en el amor, los valores y principios. a la mano dura que reclama la sociedad y que no siempre tiene la misma base que la mano anterior. Y ahí pasamos raudamente de la autoridad al autoritarismo, de la sanción correctiva de la firmeza, a la represión forzosa muchas veces cargada de violencia y brutalidad, motivadas por el odio, los prejuicios o fines vaya a saber de qué índole. 

Muchos saben, como yo, que al tomar medidas correctivas firmes se corre el riesgo de ser tildado como autoritario y represor. A veces el no ser cómplice de lo incorrecto, inadecuado o inaceptable, tiene esos riesgos; lo que sí es seguro es que las consecuencias de la firmeza son infinitamente más beneficiosas y menos graves y peligrosas que la dureza. ¿ Se va entendiendo el título?. Bien, ahora pasemos al tema de fondo que ya usted habrá descubierto: la extrema violencia de la sociedad actual. 

Por su propia seguridad, se debería restaurar el NO de los padres (de ambos), las penitencias cumplibles a rajatabla


El brutal asesinato del pibe en Villa Gesell debería hacernos reflexionar sobre qué clase de padres debemos ser. Todos sabemos de las previas a los boliches, de chicos que van solos y en barra a una casa alquilada (sin mayores presentes) por papás y/o mamás que no van a acompañarlos por cualquier motivo, para que vacacionen o pasen el día (¿semana?) de la Primavera. Cuando hay problemas, nos rasgamos las vestiduras pero ¿mientras tanto?. 

Por su propia seguridad, se debería restaurar el NO de los padres (de ambos…) las penitencias cumplibles a rajatabla, aunque la nena o el nene se desgañite llorando y pataleando; el ¿dónde vas y con quién?, "Volvé a x hora", "¿qué número de teléfono hay en la casa dónde vas a estar?" y todas las preguntas que se les ocurra. No es interrogatorio policial; es preocupación de padres. ¿No contestás? Bien, te quedas en casa". 

Por supuesto que no hay que generalizar, pero creame que hay padres que son plastilina en manos de sus hijos. Si se fija un poquito, usted también puede verlos. Y hay otra cosa mucho más grave en la educación familiar: concientizarlos de que son diferentes, ya sea por motivos económicos, raciales, religiosos, étnicos o de clase social. Mire a su alrededor y también podrá verlo. Ahí se generan las grietas y aparecen los "negros de m…", los "chetos", los/as "cancheritos/as", las motivaciones grupales en el deporte, los "tomáte un trago y fumá, hacete macho", y todos los etcéteras que quiera agregar. 

Yo todavía no puedo entender cómo pasamos del modo de divertirnos en los 70's (el mate, el vino compartido con mesura, el pucho y las largas madrugadas de charla y música con los amigos en la casa de alguien), al modo actual (todos con el celu en funcionamiento, birra y fernet a mansalva y hierba). No todos con hierba incluida, por supuesto, pero lo otro, ¡clavado!. Salíamos a las 10 de la noche y a las 2.30 estábamos de vuelta; íbamos a bailar al boliche y la previa la hacíamos en el Petit, allá donde dobla la galería Tres Arroyos, desde las 15 a las 18 o 19. ¡Y la pasábamos de diez!. Hoy salen a las 2.30 y regresan a las 6 o 7 de la mañana. Si no lo hacés, "no existís". 

Pensándolo bien, capaz que sé porque pasó este cambio. Pero esa es otra historia. Gracias por la atención, y como dijo Fierro "No es para mal de ninguno, sino para el bien de todos".