El Campo

Datos de FADA

Con menos retenciones hubo más producción y más sectores beneficiados

03|12|19 11:10 hs.

No hay una notificación oficial, pero todo indica que una de las medidas económicas que tomará el nuevo gobierno será el incremento de los derechos de exportación a los granos. 


Días pasados fue Néstor Migasso, gerente de la Cooperativa Agraria de Tres Arroyos, quien advirtió sobre las consecuencias negativas que traerían un aumento de las retenciones.

Ahora fue la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) la que se encargó del tema. La entidad realizó un estudio sobre el impacto que provocó una baja de dicho impuesto, que se reflejó en una mejora del precio al productor, aumento de la inversión, y de la producción, y con un efecto positivo en el resto de la actividad económica, como así también en las exportaciones y generación de empleo. 

A continuación, un extracto del trabajo realizado por la entidad con base en Córdoba.

Producción 
Un primer impacto de bajar derechos de exportación, e impuestos en general, es que se genera un efecto productivo positivo, impulsando la producción.

Este efecto se ejemplifica con el cambio que tuvo la producción agrícola, comparando las cosechas 14/15, con derechos de exportación del 35% para soja, 23% para trigo y 20% para maíz, además de restricciones a la exportación de maíz y trigo; versus la campaña 18/19, con derechos de exportación (a noviembre) del 24,7% para soja, 6,7% para trigo y 6,7% para maíz. 

En cultivos de verano, el área neta creció, entre la campaña 14/15 y la 18/19, en 400.000 hectáreas, con un aumento de 3 millones en maíz (un crecimiento del 49% del área sembrada) y de 500.000 en girasol y una reducción de 2,8 millones en soja y 300.000 en sorgo. 

La mayor alza se produjo en los cultivos de invierno, donde el área implantada creció en 2,1 millones de hectáreas entre las campañas 15/16 y 19/20. Trigo creció en 2,2 millones de hectáreas, con un incremento del 51%, mientras que cebada cayó en 100.000 hectáreas. En total, sumando los cultivos de invierno y verano, el área cultivada se incrementó en 2,4 millones de hectáreas.

El incremento del área sembrada, se tradujo en un incremento de las toneladas producidas. La producción de maíz creció en 23,2 millones de toneladas (69% de crecimiento), la de trigo en 7,7 (68% de crecimiento), la de girasol en 700.000 y la de maní en 300.000. Al mismo tiempo, soja cayó 6,4 millones de toneladas, cebada 900.000 y sorgo 1,5 millones. Así, la producción creció en 23,1 millones de toneladas. 

Tanto la campaña 14/15 como 18/19 fueron buenas en términos climáticos, pero con rindes superiores en la campaña 18/19. 

Ese incremento de rindes puede ser resultado de una combinación de factores. Por un lado, el incremento promedio que vienen teniendo los rindes en los últimos 20 años, por mejoras tecnológicas y de manejo. Los rindes en soja se han incrementado en un promedio de 43 kilos por hectárea por año durante los últimos 20 años, en maíz la mejora ronda los 144 kilos anuales, y en trigo 22 kilos. 

También en relación a eso, el incremento de la fertilización, que en 2018 fue un 37,9% superior a la de 2014, y 73,9% superior a la de 20155, y la mejora de las rotaciones, pueden haber contribuido a mejores rindes. 

Por último, el clima también puede haber tenido parte del efecto positivo. Para traducir este incremento de producción a dólares, también se homogeneizaron los precios, utilizando precios FOB de noviembre de 2019 para valuar la producción de ambos periodos. 

También podría haberse hecho con precios promedio de los últimos años o cualquier otro número. El objetivo fue valuarlo a precios actuales y evitar distorsiones por variaciones de precios. 

Así, las 23 millones de toneladas más que se produjeron, significaron 3.097 millones de dólares más, sólo en 2019, con los mayores aportes positivos de maíz y trigo y negativos de soja y sorgo. Son más ingresos de divisas al país, más actividad económica y más empleo. 

Fletes 
En términos de fletes, las 23 millones de toneladas, significan que en 2019 se habrán necesitado 769.200 fletes más para trasladar la producción, por nombrar sólo uno de los impactos de lo que significa la mayor producción. 

Trasladar estas 23 millones de toneladas, a una distancia promedio de 260 kilómetros, con la tarifa nacional de referencia de septiembre de 2019, significa un valor en fletes de 26.617 millones de pesos. Este valor en fletes significa unos 10.809 millones de pesos en impuestos. 

Empleo 
Sólo en el sector de transporte y logística, se crearon 17.500 puestos de trabajo entre 2015 y 2018 (último dato disponible) ligados a la actividad de transporte y logística de las cadenas agroalimentarias y agroindustriales. 

Así, sólo en este sector, los puestos de trabajo relacionados a la carga agropecuaria, significaron 279.680 puestos de trabajo en 2018, incluyendo asalariados registrados, asalariados no registrados y no asalariados (ejemplo: camionero cuentapropista). 

Si se contabiliza la estimación para todas las cadenas agroalimentarias y agroindustriales, el incremento alcanza los 108.973 puestos de trabajo. 

Con los mayores aportes en “servicios agrícolas” con la creación de 58.025 puestos de trabajo, la “producción y procesamiento de carne y productos cárnicos” con la creación de 8.117 nuevos puestos, y la “elaboración de productos de molinería” con 3.804 nuevos puestos, entre otros. 

Inversión 
Uno de los impactos directos de la baja de los derechos de exportación, es que el productor percibe un ingreso mayor por cada tonelada que produce, esto le permite incrementar la inversión: utilizar mejores semillas, más fertilizantes, contratar más profesionales y tecnología de agricultura de precisión y comprar nueva maquinaria agrícola. 

Dos indicadores directos de la inversión productiva de los productores agropecuarios son las ventas de maquinaria agrícola y el consumo de fertilizantes. En el caso de la maquinaria agrícola, si se comparan los primeros tres trimestres de 2019 versus los primeros tres de 2015, el incremento en las ventas fue del 81,4%.

En los primeros 9 meses de 2015 se vendieron 9.601 unidades de maquinaria agrícola, mientras que en los primeros 9 meses de 2019 se vendieron 17.41312. 

Por el lado del consumo de fertilizantes, en 2014 se consumieron 3,1 millones de toneladas, mientras que en 2018 el consumo alcanzó las 4,3 millones de toneladas. 

Esto representa un incremento de la fertilización de un 37,9%. Si la comparación se realiza contra 2015, el incremento fue aún mayor y alcanzó el 73,9%13. 

La fertilización, más allá de verla como un ítem de inversión, es importante para mantener el nivel de fertilizad de los suelos productivos, que es el principal activo que tiene un campo para producir. 

Fiscal 
Comparando a nivel microeconómico, la campaña 2018/19 con la 2014/15, y tomando los mismos precios y costos para cada periodo, y aplicando las alícuotas de derechos de exportación vigentes en cada periodo, por cada peso que se redujeron los derechos de exportación, el Estado recupera de manera automática por el impuesto a las ganancias y el impuesto a los créditos y débitos bancarios10 el 51,3% en soja, el 92,4% en maíz y el 88,7% en trigo. 

El recupero automático es mayor a medida que baja la participación de las exportaciones en la producción de cada cultivo. Esto es así, porque a nivel de productor recibe de manera directa la mejora de precios por menores derechos de exportación, pero el Estado solo percibe ingresos por lo que efectivamente se exporta. 

En el caso de soja, se exporta el 88,6% de la producción (incluyendo harina, aceite y biodiesel, que también tienen derechos de exportación); en el caso de maíz se exporta el 66,6% de la producción; y en el caso de trigo se exporta el 55,5%. 

Sustentabilidad
La fertilización y la rotación de cultivos es parte esencial de las buenas prácticas agrícolas, porque reduce la aparición de malezas y plagas resistentes, y con la incorporación de gramíneas (como el maíz y el trigo) permite incorporar carbono al suelo. 

En la campaña 14/15 la relación soja/maíz fue de 3,28, por lo que cada 100 hectáreas de maíz que había, había otras 328 de soja. En otras palabras, en un lote promedio, en cuatro años, tres había soja y uno maíz. 

Con la reducción de derechos de exportación, esa relación soja/maíz mejoró hasta alcanzar 1,88 en la campaña 18/19. Por lo que, siguiendo la analogía anterior, en un lote promedio habría soja dos años y uno maíz.