Opinión

Por Alejandro Mohamed (*)

Educación: ¿Calidad y equidad? Sí, es posible

17|11|19 13:10 hs.

La experiencia de algunos países (Canadá, Irlanda, Finlandia, Singapur, entre otros) permite afirmar que, lograr calidad y equidad en educación es posible. En todo caso la pregunta debería ser: ¿cuáles son las condiciones necesarias, aunque no suficientes, para que exista esta conjunción? Al responderla, invito al lector a analizar el sistema educativo argentino y a pensar qué puede aportar cada uno para que este sueño se haga realidad. 

Algo que se observa en los países que han logrado estos estándares en educación es que la sociedad en general vive con calidad y equidad. Por lo tanto, al igual que en Argentina y sobre todo en la provincia de Buenos Aires, la escuela reproduce, a menor escala y con algunos atenuantes, la realidad en la que está inserta. Es así que, de la escuela se espera lo que la sociedad en general no ha logrado. Un objetivo para las escuelas será entonces protegerse de aquellos aspectos de la sociedad que se intentan revertir, sin dejar de percibir el contexto para el cual los jóvenes deben prepararse. 

El Dr. Jaim Etcheverry (ex rector de la UBA y miembro de la Academia Nacional de Educación) realiza el siguiente planteo: cerca del 50% de los alumnos argentinos no culmina sus estudios de nivel secundario (pese a que la ley 26.206 – Ley de Educación Nacional, expresa que es obligatorio). A su vez, de los alumnos que logran terminar la educación secundaria, sólo el 50% puede comprender un texto y solo un tercio puede resolver problemas básicos de Matemática. Esto es sin duda, y en términos del sociólogo Bernardo Kliksberg, un escándalo ético muy difícil de revertir y que sin duda afecta a la calidad y equidad del sistema educativo. Sin embargo, lamentablemente no se observan manifestaciones de repudio ante esta situación. Entiendo entonces que éstos son los temas por los que la sociedad debería preocuparse para empezar a demostrar un interés genuino por la educación y el progreso de un país. 

Por otro lado, como lo expresa Pasi Sahlberg (docente finlandés) en “El cambio educativo en Finlandia: ¿qué puede aprender el mundo?” “…es más importante asegurarse de que el trabajo de los docentes en las escuelas esté basado en la dignidad profesional y en el respeto social, a fin de que puedan cumplir con su intención de elegir la docencia como una carrera de por vida” y continúa “Los maestros en Finlandia esperan experimentar autonomía profesional, prestigio, respeto y confianza en su trabajo… Las condiciones de trabajo y el ambiente moral y profesional son lo que cuenta para que los jóvenes finlandeses decidan si van a seguir una carrera docente o buscar trabajo en otro campo”. Reconocimiento social, profesionalismo, respeto, autonomía profesional. Sin duda habrá que repensar la formación, las condiciones de trabajo y la mirada de la sociedad hacia la profesión, que debería ser considerada la más importante en un país que pretende ponerse de pie. 

Tal vez el único aspecto en el que nos parecemos a los países que han logrado estos objetivos es en la inversión en educación. Tanto en Finlandia con en la Argentina se invierte el 6% del PBI. Algunos podrán esgrimir que Finlandia es un país mucho más chico y que esto puede resultar una ventaja. Sin embargo, su superficie es algo mayor que la de la Provincia de Buenos Aires y aún con esta característica el estado finlandés decidió darle atribuciones a cada una de las regiones para que estructure una propuesta curricular que se adapte al contexto local, favoreciendo al interés de los alumnos en la educación. Queda claro que los problemas en educación no están directamente vinculados a la inversión. Sin duda, son problemas mucho más profundos y complejos. 

Considero que, para lograr calidad y equidad en la Argentina bajo las condiciones actuales, es necesario, por un lado, otorgarle más autonomía a cada escuela para que pueda diseñar propuestas que se adapten a las realidades locales e institucionales. Y, por otro, y más a largo plazo, un cambio profundo en los valores de la sociedad que desarrolle una mirada de respeto sobre la educación y aliente a que, al igual que en los países que han demostrado grandes logros educativos, los jóvenes elijan la docencia como una profesión para toda la vida y de la que sientan orgullo, tal como conlleva socialmente ser abogado o doctor. 

El idealismo en los términos de la Ley de Educación Nacional tiene que transformarse en acciones concretas para que se cumplan los objetivos planteados.  


Por último y no menos importante, es fundamental que los funcionarios públicos tomen decisiones pensando en el futuro de un país y no en las elecciones cada dos años. El idealismo en los términos de la Ley de Educación Nacional tiene que transformarse en acciones concretas para que se cumplan los objetivos planteados. 

Lograr calidad y equidad es posible… la sociedad, en su totalidad, tiene que creerlo y desearlo. 



(*) Director de la EATA