Sociales

Torkild Rybner

Un vikingo en las pampas

27|10|19 13:29 hs.

Por Horacio Arbasetti


Y finalmente Torkild Rybner pudo concretar un sueño largamente esperado: publicar su libro luego de tres años de investigación y recopilar datos por parte de todos los integrantes de la familia. Además de presentarlo como “un libro hecho por la familia y para la familia” en la última Feria del Libro de la Biblioteca Sarmiento el 11 de este mes. 

Hace un tiempo atrás, hablando con Martín Orsili, compañero de trabajo, le preguntaba por la vida de su abuelo -Torkild Rybner- a quien había conocido en la década de los 80 en el Colegio Argentino Danés y hablando de él surgió el “¿sabés que está terminando de escribir un libro sobre la historia de la familia?”. Eso me quedó registrado y siempre le preguntaba cuándo podíamos verlo hasta que una tarde, hace un tiempo, mates de por medio, Torkild me contó la historia del cómo y porqué del libro. 

“Pero lo que está en el libro no te lo voy a contar porque el que lo quiera que lo lea”, me dijo sonriendo luego de tomar un mate junto a su nieto Martín y Martina, la novia de este último, en la casona de Roca al 800. 

La idea 
Todo surge hace unos ocho años regresando desde Tandil, de una reunión, junto a su hijo Daniel, conversando éste le dice si se había dado cuenta que ese año “se cumplen cien años que tu papá llegó a la Argentina como inmigrante. En realidad deberíamos hacerle un homenaje”, así arrancó la historia del libro. 

“A mí me pareció bueno, y si bien en ese momento no prosperó, más adelante volvió a interesarme. Yo entiendo como homenaje a ‘un reconocimiento de la familia por haber logrado o hecho algo que se entiende como interesante, positivo o significativo de lo cual sienten orgullo, admiración y cariño. Especialmente cuando esto además se agrega a la historia de la familia y así se va forjando la identidad familiar’, esto es lo que yo entiendo”, cuenta Torkild refiriéndose a la historia familiar. 

Desde el año 306 al presente 
Los Rybner tienen una historia de larga data en el tiempo, tal es así que el ancestro más antiguo que tenemos registrado vivió en el año 306 de nuestra era, hace mil setecientos años. A partir de ahí están documentadas sus descendencias hasta hoy, no falta ninguno del eslabón. “Ese tipo se llamaba Fornjót -relata Torkild- pero para hacer el análisis de la familia comenzamos de acá para atrás con mi padre Christian, su padre Johannes y de ahí en adelante el padre del padre… Y allí no hay error y la información existe, la reciente en los registros civiles pero sobre la antigua hay mucha en las iglesias, fundamentalmente las mormonas. Además de las familiares y la de un historiador dinamarqués, Saxus Grammáticus, él ha escrito hace unos mil años atrás dieciséis libros sobre la historia de los reyes nórdicos”. 

Registro impecable 
Todo esto le sirvió para ir recopilando la historia familiar a través del tiempo, volver a recordar el pasado. De todos estos familiares Torkild tiene la lista, de algunos de ellos sólo fecha de nacimiento y fallecimiento pero de otros sí mucha historia, toda registrada. 

“Cuando yo empecé a leer la lista de ancestros me parecían muchos nombres desconocidos hasta que de repente, entre todos esos, hubo uno que me hizo clic… éste lo conozco, dije. Me preguntaba de dónde y no podía acordarme de dónde y recordaba varias cosas del tipo, que se llamaba Sigurd Ragnarsson. Después me cayó la ficha y fue que cuando yo iba al Colegio Danés teníamos un maestro -Ostergaard- y él solía contarnos episodios antiguos de la historia de Dinamarca y los Países Nórdicos. Pero yo no sabía que era pariente mío y después lo volví a encontrar por tercera vez en la serie ‘Vikingos’, ahí estaba otra vez, tal cual como lo contaba Ostergaard. Al final me parecía como un amigo pero hacía 1000 años que se había muerto”, cuenta con emoción y entre risas Torkild. 

La conclusión a la que arriba Torkild es que su familia es descendiente de los vikingos, porque ese tipo fue un importante jefe, “así que vos Martín tenés un poco de sangre vikinga en tus venas”, dice con respecto a uno de sus nietos. 

Coincidencias 
El haber encontrado en una serie televisiva a sus antepasados no sólo le causó impacto sino que hace poco uno de sus nietos se recibió en la universidad y “le hicieron todas las macanas, le cortaron el pelo a los costados pero él les había pedido que la barba no se la tocaran, y se parecía mucho al Ragnar Lodbrok de la serie. Lo único que le faltaba era la coleta de atrás”. 

Todo este trabajo de investigación y racconto de datos les sirvió para homenajear a sus padres que hace más de 100 años llegaron a nuestro país. 

“Para la Argentina en tercera clase” es “Un ejemplo de vida” tal como lo dice su segundo título que demuestran la perseverancia, coraje y previsibilidad que tuvieron los padres de Torkild Rybner, Ane y Christian. 

En el final y hablando sobre lo escrito de sus padres Torkild recuerda “todas cosas positivas. Aún las de cómo sobrevivimos a la crisis del ’30, en las que él hizo de todo para poder subsistir y mantener la empresa familiar. En tanto mi madre fue una fiel compañera que siempre vivía cantando, no importaba el lugar de la casa en el que estuviese”. 


Tenían “mala fama”

Torkild recuerda que a los vikingos les han hecho una mala fama de guerreros sanguinarios y algo de esto había, porque los países generalmente eran manejados por tribus, las que se mataban para imponer su poder. Pero además contaban con “su facilidad para hacer barcos y ser muy buenos navegantes que se aventuraban recorriendo las costas, especialmente las de los ingleses y franceses. Pero una de las cosas más importantes de los vikingos fueron las veces que sitiaron a París, en el año 845, con una flota de 120 barcos y cinco mil hombres que entraron por el Sena. Los franceses negociaron pagando una especie de rescate de más de 2000 kilos de joyas, oro y plata, algo que repitieron unos años más tarde (en el 885). Eso yo lo vi en un museo en Francia bordado en una tela -conocido como el Tapiz de Bayeux- de 70 metros de largo como una gran historieta. Eso es lo que más le ha gustado a Hollywood pero en realidad ellos eran agricultores y ganaderos, además de muy buenos comerciantes y navegantes recorriendo gran parte de Europa y Asia. Yo leí que abrieron el corredor comercial más grande de esos tiempos desde Groenlandia hasta Constantinopla (ahora Estambul, Turquía) teniendo gran influencia en el arte y la cultura europea”.



Hasta América del Norte 
También recuerda las travesías de Erik El Rojo desde Noruega hasta Islandia y Groenlandia, quien con su gente lo colonizó. Tenía dos hijos, uno de ellos -Leif Erikson- se reconoce como el primero en llegar a América, pero del norte, 500 años antes de Colón. Lo hizo a la isla de Terranova, en Canadá, pero no tuvo tanta repercusión por su pasado beligerante donde instaló la primera colonia. Y me muestra una reconstrucción de la misma, declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco. 

Además de contar que Erikson llevó una mujer india a Groenlandia, la que tuvo descendientes allí y se han encontrado componentes genéticos en la población local que pertenecían a dichos indios canadienses, mostrando el vínculo cultural y de raza. 

Todo esto tiene que ver con su pasado y como cultura los daneses siempre tuvieron ese espíritu viajero, fielmente reflejado en el pasado en el Colegio Danés. A través de sus vínculos culturales por la educación y también el mantener directivos o maestros daneses hasta hace unas décadas atrás. 

¿Vikingos en Paraguay? 
Cuenta Torkild Rybner que a él le hicieron “mucho ruido dos cosas leídas en LA VOZ DEL PUEBLO tiempo atrás. La primera fue cuando salió un artículo indicando que en Paraguay habían encontrado piedras con inscripciones o runas y quienes otros que los vikingos pudieron hacer una cosa así. Y otra fue cuando vino uno de los grupos de folclore danés a Tres Arroyos, que antes habían estado bailando en Paraguay. Allá, cuando lo hicieron, los paraguayos los acusaron de plagio porque los bailes que hicieron eran de los locales. Lo concreto de esto es que los vikingos tenían ese espíritu de aventura y viaje, ese mismo que un hombre tuvo hace 100 años atrás, que le hervía la sangre y se llamaba Christian Leonardo Rybner quien con muchos otros vino a colonizar la Pampa argentina. Ese era mi papá. También allí había una mujer con las mismas ansias, que muy joven y sin conocer el idioma se vino para acá a trabajar de cocinera en una estancia. Esa era mi mamá, Ane Gundesen”. 

En 1911 llegó Christian a la Argentina y un año más tarde Ane. Aquí se conocieron y se casaron en 1916 y tuvieron cuatro hijos: Arne, Svend, Gunde y Torkild. 

El resto es un poco la historia que cuenta este incansable descendiente de daneses que hoy, con sus 91 jóvenes años a cuestas, sigue teniendo una actividad constante y hasta se da el tiempo para “tomar una cervecita y jugar con un amigo al ajedrez”, así es la vida de Torkild Rybner. 


Incansable espíritu viajero

Cuando el padre de Torkild, Christian, salió para la Argentina el padre de éste le preguntó por qué se quería ir, si estaba disconforme con su país y la vida allí. Christian le contestó que “cuando uno es joven y fuerte tiene ganas de ver más allá de las grandes montañas… Y él, en el viaje, fue contando todas las vivencias, incluso las de cada uno de los 15 puertos que tocaron en largas cartas que fue mandando a su padre”. Cuando terminó el viaje su padre, Johannes, las reunió y reescribió como un solo texto que lo tituló primeramente como “‘Relato de un viaje de Skanderborg en Dinamarca hasta la Estación El Perdido en Argentina’. Eso mi sobrino Cristian -que vive en Necochea- lo había leído y me comentó que le había parecido muy interesante. Además lamentaba que los hijos y nietos de él no lo pudieran leer porque estaba en danés, entonces lo había traducido y me mandó una copia con la que arrancó este libro”, cuenta sobre el inicio de “Para la Argentina en tercera clase”, como lo tituló Torkild. 



El primer impulso fue sacarle fotocopias y repartirlas en la familia hasta que en una reunión con los suyos decidieron, además de las fotocopias, agregarles recuerdos, fotos, artículos sobre sus padres (uno de ellos de la revista Echando Raíces estaba titulado “Un ejemplo de vida” y el abuelo de Torkild había titulado sus crónicas “Para la Argentina en tercera clase”, lo que dio nombre al libro). Cada uno de los familiares fue incorporando vivencias con los abuelos, así comenzó todo lo que luego Torkild recopiló en este libro. Con todo esto “se pudo hacer el homenaje propuesto por Cristian y la familia a los abuelos”. 

Seis generaciones 
Se refiere a esto contando que el inmigrante describió su viaje, su padre lo convirtió en relato y las diferentes generaciones posteriores aportaron lo suyo. Aún el recuerdo de los abuelos escritos por Sara, Enrique, Ana Lisa (quien corrigió los textos), Ester y también Torkild. Sumado a Cristofer (que hizo las investigaciones sobre ancestros y apellidos), Martina (lo compaginó), Lorena (dibujó el mapa del recorrido de los abuelos) y por último los tataranietos del inmigrante. En total participaron seis generaciones de Rybner-Gundesen en la realización de esto, algo no muy común en estos tiempos. 

El libro consta de una introducción donde se cuenta la historia de la familia, luego sobre Christian y Ane, fotos de sus hijos e hijas políticas, el origen del apellido, una lista de ancestros y la historia de ambas familias: Rybner y Gundesen.